«Putin es idiota, nos han ordenado matar a todo aquel que veamos»

Se desvelan unos audios correspondientes a llamadas de soldados rusos a sus familias poco después de inicarse la invasión a Ucrania

IÑIGO FERNÁNDEZ DE LUCIO

La enorme distancia entre lo que la propaganda rusa cuenta acerca del curso de la guerra y lo que realmente sucede en el campo de batalla ha quedado patente una vez más gracias a las comunicaciones de los militares destinados en el frente con sus allegados en Rusia. El periódico 'The New York Times' desveló este jueves una serie de audios correspondientes a llamadas de soldados a sus familias pocas semanas después de dar comienzo la invasión, cuando las tropas del Kremlin cercaban Kiev. En las conversaciones, las tropas critican abiertamente al presidente, Vladímir Putin, cuestionan la «operación especial» y relatan las pésimas condiciones en las que se encontraban.

«Estamos en Bucha. Nuestra defensa está estancada, estamos perdiendo esta guerra. Nos han dado orden de matar a todas las personas que veamos. Putin es un idiota. Quiere tomar Kiev, pero no hay forma de hacerlo», dice uno de los soldados. «Mamá, esta guerra es la peor decisión que ha tomado nuestro Gobierno. ¿Cuándo va a terminar todo esto, Putin? Joder», se lamentaba otro. Su madre le responde admitiendo que en Rusia los medios contaban que todo iba «de acuerdo con el plan».

Los audios han sido verificados por el rotativo estadounidense cruzando los números de teléfono rusos con aplicaciones de mensajería, un proceso que ha llevado dos meses. Las conversaciones fueron grabadas por los servicios de inteligencia ucranianos, pero hasta este jueves no se habían hecho públicas. No obstante, durante los dos primeros meses de invasión el espionaje local ya reveló otras conversaciones de similar contenido.

Gracias a ellas se puede atisbar además la carnicería que tiene lugar en el frente. Mientras Moscú y Kiev se niegan a ofrecer datos fidedignos de bajas, un soldado ruso del 331º Regimiento Aerotransportado confiesa por ejemplo que un batallón de 660 efectivos fue «aniquilado». Un compañero suyo afirma que un tercio de su regimiento también había perdido la vida.