Georgia Meloni, líder de Hermanos de Italia, agradece a sus votantes su victoria electoral. / REUTERS

Los primeros deberes de Meloni en Italia: Presupuestos, inflación y guerra de Ucrania

A la ganadora de las elecciones le toca negociar con sus socios del bloque conservador la composición del próximo Gobierno, que deberá ser aprobado por el jefe del Estado

DARÍO MENOR Roma

En el día después de la victoria en las elecciones legislativas italianas de la coalición de derechas, que tendrá la mayoría absoluta en el Parlamento, no se le vio el pelo a la ganadora, Giorgia Meloni. Después de una breve y sobria comparecencia en la madrugada para analizar los resultados, la que está llamada a ser la primera mujer que lidera un Gobierno en Roma mandó a hablar con la prensa a tres de los pesos pesados de su partido, el ultraderechista Fratelli d'Italia (FdI, Hermanos de Italia), pero ella optó por encerrarse en su privacidad. Dio una idea de a lo que se dedicó durante el día al publicar en las redes sociales la tarjeta de felicitación que le había escrito su hija de seis años, Ginevra. Ya en la recta final de la campaña había confesado que estaba «un poco cansada».

No va a tener mucho tiempo para reponerse Meloni, pues el calendario aprieta. Ya han comenzado a circular las quinielas sobre quiénes ocuparán los más importantes ministerios en su Gobierno, que tendrán que repartirse FdI y los otras dos fuerzas políticas que forman parte de la coalición, la Liga de Matteo Salvini y Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi. Han obtenido alrededor del 8% de los votos cada uno, por lo que tendrán que conformarse con ser comparsas del partido de Meloni, que alcanzó el 26%. La última palabra sobre la composición del Ejecutivo, no obstante, le corresponde al presidente de la República, Sergio Mattarella, al que la Constitución confiere esa responsabilidad.

Una vez consumado su asalto al poder, es probable que Meloni guarde por un tiempo su tono más duro, que ha alternado durante la campaña con un perfil más moderado, para tratar de tranquilizar a Mattarella y a los observadores internacionales. En el hotel donde FdI celebró la victoria de madrugada dio claras muestras de ello. Reconoció que es la hora «de la responsabilidad» y prometió ejercer el poder no pensando sólo en quienes la habían votado. «Si somos llamados a gobernar lo haremos para todos, para unir al pueblo exaltando lo que nos une y no lo que nos divide, dando a los italianos el orgullo de ondear la bandera nacional», dijo. Más adelante publicó un mensaje en las redes sociales en el que afirmó que su tarea será a partir de ahora «no defraudar» a los italianos y hacer todo lo posible para «devolver dignidad y orgullo a la nación».

Una vez aprobado el nuevo Gobierno, lo que podría tener lugar pocos días después del 13 de octubre, cuando se reúnen por primera vez los nuevos miembros del Senado y de la Cámara de los Diputados, Meloni tendrá que preparar a marchas forzadas los nuevos Presupuestos: tienen que ser presentados a la Unión Europea antes de finales de año. También deberá ofrecer cuanto antes el próximo Ejecutivo una respuesta al disparado precio de la energía y continuar con los próximos plazos del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR), el ambicioso programa de reformas y ayudas europeas que prevé la recepción de 191.500 millones de euros hasta 2026, aportados en buena parte por la Unión Europea.

Equilibrio de poder

«Son varios los desafíos que tendrá que afrontar Meloni en estos primeros meses», afirma Luigi Curini, profesor de Ciencia Política de la Universidad Estatal de Milán. El más inmediato será la negociación con Mattarella para elegir la lista de ministros. Si la líder de FdI opta por perfiles demasiado técnicos para no tener problemas con el jefe del Estado, su gesto podría ser visto «como una señal de debilidad política», sostiene Curini. «Luego está el equilibrio de poder entre los tres partidos de la coalición conservadora y la respuesta a los problemas económicos y de política exterior». Este experto se muestra «razonablemente optimista» y no cree que vaya a producirse un cambio en el apoyo de Italia a Ucrania frente a la guerra con Rusia. Pese a las conexiones de Salvini y de Berlusconi con el líder ruso, Vladímir Putin, la ganadora de los comicios muestra una firme posición a favor de la OTAN. «Es un tema crucial para Meloni, que sabe que va a tener los ojos del mundo sobre ella durante las primeras semanas, por lo que habrá una continuidad».

Una cuestión que pretende afrontar FdI y que significaría un cambio sustantivo en la política interna es la reforma constitucional para establecer un régimen semipresidencialista que facilite la gobernabilidad. Consistiría en la elección directa del presidente de la República, al que se dotaría de poderes ejecutivos, como ocurre en Francia. Francesco Lollobrigida, la mano derecha de Meloni, explicó este lunes que existe una necesidad de «quitar los obstáculos» de la Carta Magna que suponen un «daño» para los ciudadanos. «La nuestra es una Constitución hermosa, pero que tiene 70 años», afirmó Lollobrigida, mostrándose dispuesto a negociar con la oposición esta reforma, de la que no quiere oír hablar la izquierda por el momento.

Otro punto de fricción para el nuevo Gobierno conservador puede venir de su relación con los sindicatos. En un otoño e invierno que se prevén difíciles por la inflación, la crisis energética y la previsible recesión económica, a los sindicatos no les temblará la mano a la hora de convocar protestas teniendo enfrente a un Ejecutivo de derechas. «Las centrales se sentirán con las manos más libres para convocar huelgas ahora que la izquierda ya no está en el poder. Las plazas pueden meterle presión a Meloni tanto por motivos económicos como si se decide a tomar alguna decisión que se perciba como una regresión de los derechos civiles», apunta Curini.