Meloni ha depositado su voto en Roma / AFP

Giorgia Meloni, la derechista que rompió el techo de cristal en Italia

La incontestable ganadora de las elecciones defiende que su partido, Fratelli d'Italia, ha superado la nostalgia del fascismo

DARIO MENOR Corresponsal Roma

Giorgia Meloni nació por los pelos. Su madre, que ya tenía otra hija, había decidido abortarla porque había terminado la relación con su padre, que acabaría abandonando a la familia. La mujer parecía tan convencida que incluso llegó a presentarse en ayunas en la clínica donde iban a provocarle la interrupción del embarazo, pero en el último momento cambió de idea, cruzó la calle y optó por entrar en un bar, donde se tomó un capuchino y un cruasán para desayunar y celebrar así que su segunda hija iba a venir al mundo. Esta anécdota y otras muchas las cuenta la propia Meloni en 'Yo soy Giorgia', el libro en el que la líder del partido de ultraderecha Fratelli d'Italia (FdI, Hermanos de Italia) presenta su lado más humano, tratando así de blanquear el pasado neofascista de su formación política.

La estrategia ha sido un éxito, pues FdI ganó este domingo ampliamente las elecciones legislativa y contará con mayoría absoluta en el Parlamento junto a las otras fuerzas del bloque conservador: la Liga de Matteo Salvini, Forza Italia de Silvio Berlusconi y la pequeña agrupación de centroderecha Noi Moderati. Meloni ya había mostrado los dientes en junio del año pasado, cuando se convirtió en el primer partido del país en intención de voto al superar a la Liga de Salvini, al que le ha comido el terreno entre los votantes de derechas. Su éxito se explica en parte porque ha sido la única voz opositora durante el último año y medio al Gobierno de Mario Draghi, que estaba sostenido por una amplísima coalición de la que formaban parte la Liga y Forza Italia.

Pero, ¿quién es Giorgia Meloni? Lo explicó ella misma a los españoles en octubre del año pasado, cuando participó en un acto político en Madrid de Vox, partido con el que comparte grupo en el Parlamento Europeo. En un titubeante español, bramó mientras se golpeaba el pecho: «¡Yo soy Giorgia, soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana! ¡No me lo pueden quitar!» Meloni tradujo así al español la frase en italiano que más éxito le ha dado hasta ahora en su carrera política. Tras pronunciarlas en un mitin, estas palabras se convirtieron en 2019 en un éxito musical después de que dos jóvenes pinchadiscos milaneses le pusieran una base electrónica. Lejos de escandalizarse por ello, Meloni supo cabalgar la ola de popularidad a su favor.

De 45 años y criada en el barrio romano de Garbatella, la lideresa de FdI lleva en política desde su primera juventud, cuando formó parte del movimiento estudiantil del partido Alianza Nacional, heredero de la formación neofascista MSI. Harta de que le recuerden esas raíces, Meloni defiende una y otra vez la refundación que, según ella, ha completado la extrema derecha italiana. «En el ADN de FdI no hay nostalgias fascistas, racistas ni antisemitas. No hay espacio para nada de todo esto. En nuestro ADN está el rechazo de cualquier régimen pasado, presente y futuro. Y no hay nada en mi vida, como tampoco en la historia de la derecha que represento, de lo que me deba avergonzar o por lo que tenga que pedir perdón», declaró en una entrevista con el 'Corriere della Sera'.

Pese a estas palabras, no faltan las muestras de que en las filas de la derecha italiana todavía hay quienes siguen viendo con buenos ojos el fascismo. Son muy habituales los casos de dirigentes que son descubiertos públicamente realizando el saludo nazi o alabando a Benito Mussolini o a Adolf Hitler. Meloni, además, se niega a quitar del escudo de su partido la 'llama tricolor', símbolo del MSI, la formación de la que deriva FdI.

La que está llamada a convertirse en la primera mujer que lidera un Gobierno en Italia ha preferido pasar de puntillas sobre estas cuestiones, que generan repulsión en el votante moderado, y ha centrado su estrategia estos últimos meses en la crítica al Gobierno de Draghi. Políticamente era la postura más fácil, pues los otros partidos del Parlamento formaban parte de la amplísima coalición liderada por el expresidente del Banco Central Europeo. A Meloni le dejaron así libre todo el terreno de la oposición, lo que supo aprovechar para hacer crecer a su partido también en el norte del país, histórico bastión de la Liga, y no solo en el centro y el sur, donde mejores réditos lograba antes.

«Además de por ser la única fuerza política que no estaba en el Gobierno, lo que le permite seducir a votantes de la Liga o del Movimiento 5 Estrellas descontentos con las decisiones del Ejecutivo, Meloni también tiene éxito por sus capacidades personales. Es una mujer directa y con una posición muy clara: la crítica a la globalización, manifestada en temas como la inmigración y la deslocalización», cuenta Marco Almagisti, profesor de ciencia política en la universidad de Padua.

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