El Belgorod, capaz de lanzar torpedos atómicos Poseidón. / Marina rusa

El arma del Apocalipsis, el supertorpedo ruso capaz de crear un tsunami radiactivo

La OTAN alerta de la movilización del submarino K-329 Bélgorod, cuyo fin podría ser probar el misil Poseidón en el Ártico

MIGUEL PÉREZ

La movilización del submarino ruso K-329 Belgorod, equipado con el misil nuclear Poseidón, ha despertado las alertas de la OTAN, que ha puesto en aviso a los países aliados sobre la actual navegación de este buque bajo las aguas en el Ártico. La principal diferencia militar de este sumergible respecto al resto de la flota naval de Rusia es que porta el denominado arma del Apocalipsis. Se trata de un supertorpedo capaz de viajar hasta 10.000 kilómetros de distancia con total precisión y sin otorgar apenas opciones de ser detectado. Los expertos le atribuyen un alto poder destructor y, sobre todo, la posibilidad de generar tsunamis nucleares si explotan cerca de la costa. No obstante, tanto Rusia como Estados Unidos almacenan desde hace décadas en sus arsenales misiles intercontinentales tan importantes y letales como éste a la hora de causar daños.

La Alianza sospecha que la intención del Kremlin es probar la efectividad del Poseidón y del propio Belgorod, según avanza el diario italiano 'La Repubblica'. Este submarino fue botado el pasado mes de julio y es uno de los dos únicos de la flota que puede llevar a bordo el arma del Apocalipsis. La diferencia es que su homólogo solo puede portar un torpedo. El Belgorod mide 184 metros de eslora y 15 de manga, puede viajar a unos 60 kilómetros por hora bajo el agua y pasar hasta 120 días sin tener que regresar a la superficie. El espionaje occidental insinúa que podría estar implicado en el reciente sabotaje a los dos ramales del gaseoducto Nord Stream en el Báltico, mientras la Inteligencia rusa afirma que la destrucción de estos tubos ha sido obra de la flota estadounidense presente en la zona. Washington avanzó el sábado que averiguar quién provocó estos ataques quizá no se sepa nunca.

La OTAN ha mantenido al Belgorod bajo su radar. Navega por el mar Blanco. Todo apunta a que Rusia experimentaría con el torpedo dentro de los límites del mar de Kara; es decir, en el Ártico y en zonas despobladas. Y, evidentemente, sin carga atómica. La elección puede deberse no solo a su lejanía, sino a comprobar una de las supuestas ventajas de este proyecto: la posibilidad de disparar el misil debajo de una gruesa capa de hielo y disipar cualquier rastro de calor. Por ese motivo, la actual movilización del Belgorod podría tratarse de una demostración a Occidente del arma nuclear submarina más sofisticada de Rusia y no de una amenaza real de guerra, aunque en el escenario actual en Ucrania cualquier ejercicio táctico es muy semejante a un peligro potencial.

Un cambio de reglas

Del Poseidón ya se hablaba en 2015 como un supertorpedo capaz de cambiar las reglas de contravigilancia en el mar. Mide 20 metros de longitud y 2 de diámetro y se alimenta de un motor de propulsión nuclear, clave para desarrollar una velocidad superior a 150 kilómetros por hora y disponer de una autonomía nunca vista en este tipo de artefactos. El Kremlin lo dio a conocer en 2018 y lo calificó de instrumento para lograr la supremacía bélica en el mar. Publicaciones especializadas en la guerra naval advertían este mismo año que el proyectil todavía no había sido desplegado, pero confirmaban la impresión de que cambiará los modelos de disuasión nuclear. De producirse, éste sería ahora el primer ensayo de un artefacto que esas mismas publicaciones consideran «una de las armas más temidas de Rusia».

¿Por qué? Lo primero, el Poseidón, también conocido como Status-6, no es estrictamente un torpedo. Es un dron submarino que puede pilotarse a distancia y guiarlo a un objetivo hasta una distancia de 10.000 kilómetros. Rusia ya experimentó a mediados del pasado siglo con megatorpedos capaces de atacar a corta distancia y hacer estallar una carga nuclear en el interior de un puerto. Pero no dejaban de ser proyectiles al uso con todas sus limitaciones técnicas y de precisión. El arma del Apocalipsis se acerca más al concepto de un aparato autopropulsado y guiado a distancia de alto rendimiento.

Su letalidad también desarrolla otro maquiavélico concepto. La carga nuclear puede explotar bajo el mar, lanzar al aire enormes masas de agua y generar un tsunami que produzca daños añadidos si lo hace cerca de la costa. La fantasía nacida alrededor del proyecto habla de olas gigantescas que arrasarían litorales completos. Pero su mortal secreto parece consistir más bien en crear una lluvia radiactiva debido a la cominación de los componentes atómicos con el agua del mar que sí podría matar a un gran número de personas a corto plazo, además de contaminar amplias superficies de terreno durante décadas. Sirve para entenderlo la catástrofe de Chernóbil en 1986.

Aparte de esto, la gran amenaza del Poseidón para los estándares militares occidentales es que resulta muy difícil de rastrear y resulta prácticamente imposible de detener una vez disparado. Su velocidad es demasiado elevada para un torpedo convencional: sólo está al alcance de determinados misiles intercontinentales, pero siempre que se sepa por dónde navega. El hecho de que pueda hacerlo entre cincuenta y mil metros de profundidad le convierte en indetectable. Y existe otro problema: en su calidad de dron tiene más recursos para esquivar un misil. De ahí que Rusia alardee de su potencial: la industria militar, dicen los expertos, deberá inventar nuevos sistemas de rastreo para identificar al Poseidón en sus desplazamientos submarinos en busca de la destrucción total. Lo cual no es óbice para que EE UU haya desplegado ya su red de satélites en el Ártico para intentar monitorizar las maniobras del Belgorod.

Si después de leer todo esto tiene problemas para conciliar el sueño, aquí tiene un último dato que invita a levantarse a ver una serie o leer una novela. El arma del Apocalipsis está pensada no como un proyectil de uso frecuente. Su complicación técnica, su coste y las dificultades de transporte que entraña lo impiden. Su finalidad consiste en propinar un golpe letal en medio de una cadena de acción-reacción, lo cual transforma la posibilidad de utilizarlo en algo totalmente imprevisible.