Jens Stoltenberg y Pedro Sánchez, en un momento de la sesión plenaria de la tercera jornada de la reunión anual de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN. / Europa Press

La OTAN alerta contra la fatiga de la guerra y reclama mantener el respaldo a Ucrania

«El precio que pagamos como aliados se calcula en dinero, en cambio el de los ucranianos se calcula en sangre», afirma Stoltenberg

Ander Azpiroz
ANDER AZPIROZ Madrid

La OTAN cierra filas con Ucrania en un momento crítico del conflicto. La llegada del invierno avanza un estancamiento de los frentes de guerra -en los que Kiev ha cobrado ventaja con sus ofensivas lanzadas desde el inicio del otoño- y el apoyo militar comienza a ser cada día más costoso e, incluso, contestado dentro de los países de la Alianza.

Jens Stoltenberg, el secretario general de la OTAN, cuyo mandato al frente de la organización caducaba este 2022 y que fue prorrogado de forma excepcional por los aliados tras la invasión rusa, se mostró tajante este lunes en Madrid durante la clausura de la Asamblea General de la Alianza Atlántica, en la que intervinieron también Pedro Sánchez y el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.

«No debemos pensar que las democracias no pueden sostener el esfuerzo en el tiempo de forma temporal. Eso sería una catástrofe para Ucrania y peligroso para nosotros porque la lección aprendida sería que con la fuerza se puede conseguir lo que se quiere», señaló Stoltemberg a modo de advertencia sobre una guerra que, todo apunta, va aún para largo. El noruego fue aún más explícito al asegurar que «Putin no puede ganar». Cueste lo que cueste, vino a decir a modo de resumen.

Stoltenberg tiró de un mantra que la Alianza Atlántica ya esgrimía desde mucho antes de que Vladímir Putin ordenase la invasión de Ucrania y Rusia se confirmase como una amenaza real. Cada uno de los países de la OTAN debe destinar el 2% de su Producto Interior Bruto (PIB) al gasto militar. «El precio que pagamos como aliados -insistió Stoltenberg- se calcula en dinero, en cambio el de los ucranianos se calcula en sangre». En esta misma línea, el secretario general de la Alianza recordó que la organización no existe de recursos ilimitados y se refirió en concreto a la necesidad de mantener el despliegue militar en los países de la OTAN que se pueden ver amenazados por el expansionismo ruso y entre los que se incluyen las tres repúblicas bálticas o Polonia.

Volodímir Zelenski recogió el guante que de forma cómplice le arrojó Stoltenberg. El presidente ucraniano cerró la Asamblea Parlamentaria de la Alianza con un mensaje que ha venido repitiendo en cada una de sus alocuciones internacionales, siempre por videoconferencia, que ha mantenido desde que el pasado 24 de febrero Vladímir Putin ordenó la invasión de su país. «Ucrania necesita armas -especialmente antiaéreas- y financiación para resistir a la amenaza rusa», afirmó el presidente.

Tras insistir en la necesidad de que su país se incorpore por la vía urgente a la OTAN y la Unión Europea, Zelenski aseguró que Kiev no aceptará la más mínima disminución de su territorio, lo que implica la recuperación del Donbás y la península de Crimea, zonas anexionadas mediante referendos no reconocidos internacionalmente a la Federación Rusa. Ni siquiera China, aliada discreta de Moscú, ha dado el paso de reconocer el dominio de Moscú sobre esos territorios. «No nos quitarán una sola brizna de Ucrania», zanjó Zelenski ante la OTAN.

El mandatario ucraniano solicitó a los parlamentos nacionales de los miembros de la Alianza Atlántica que declaren a Rusia como Estado terrorista y, más allá, a crear un tribunal que juzgue los crímenes de guerra cometidos por las fuerzas ocupantes. Se trata de exigencias, tanto las territoriales como las jurídicas, que parecen muy lejanas de alcanzarse sobre el campo de batalla y que, precisamente, podrían inclinar tarde o temprano a la OTAN, con Estados Unidos a la cabeza, a forzar una negociación entre Kiev y el Kremlin.

Kiev niega haber ejecutado a 10 soldados rusos

Frente a las crecientes presiones a Ucrania para que esclarezca si ejecutó este mes a 10 soldados rusos en una granja de la provincia de Lugansk, las autoridades de Kiev volvieron a negar las acusaciones de Moscú. El defensor del pueblo, Dmytro Lubinets, argumentó que los vídeos que han salido a la luz estos días, en los que se ve a efectivos del Kremlin desarmados y tumbados bocabajo con las manos en la cabeza, son en realidad «extractos» de un hecho diferente. Según detalló, se trataba de militares invasores que «hicieron ver que se rendían... Y cometieron un crimen de guerra al disparar contra las fuerzas ucranianas». En cualquier caso, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ha asegurado que investigará lo sucedido.