Una cosechadora trabaja en un campo de cereales de Ucrania. / ROMAN PILIPEY/efe

Rusia y Ucrania prolongan el acuerdo para exportar cereales y fertilizantes por el Mar Negro

Con la llegada del frío, el Kremlin vuelve a castigar por enésima vez la infraestructura energética de Kiev, esta vez el gas

MIKEL AYESTARAN Enviado especial. Odesa

En medio de la crisis generada por el misil caído en Polonia y de una nueva oleada de ataques rusos a la infraestructura energética, Moscú y Kiev demostraron que la diplomacia sigue su propio ritmo y anunciaron la renovación del acuerdo para exportar cereal y fertilizantes. El pacto para mantener abierto el corredor del Mar Negro expiraba este sábado y se extenderá otros 120 días. El secretario general de la ONU, António Guterres, señaló que este acuerdo es esencial «para bajar los precios de alimentos y fertilizantes y evitar una crisis alimentaria global (…) La iniciativa demuestra la importancia de la diplomacia discreta y de encontrar soluciones multilaterales». Una pequeña puerta a la esperanza.

La ONU y Turquía son los garantes de este acuerdo por el que, como recordó Recep Tayyip Erdogan, se han exportado «más de once millones de toneladas de grano y productos alimentarios a personas en situación de necesidad a través de cerca de 500 barcos durante los últimos cuatro meses». El pacto se firmó en julio en Estambul y en esta ciudad se mantiene un Centro Conjunto de Coordinación en el que todas las partes trabajan de forma coordinada. Ucrania intentó extender el acuerdo a más puertos y alargarlo al menos un año, pero no hubo consenso y seguirá exportando desde Chornomorsk, Odesa y Yuzhny/Pivdennyi durante al menos cuatro meses más. Rusia, por su parte, confía en que se desbloquee la situación para poder enviar al exterior sus fertilizantes. El tratado estuvo en suspenso durante unos días por parte de Rusia tras un ataque sufrido por sus barcos, pero finalmente se prolonga.

El acuerdo se extendió en una jornada marcada por el cruce de declaraciones entre Joe Biden y Volodímir Zelenski. El misil que impactó en Polonia ha sido la causa del mayor desencuentro entre Kiev y sus aliados desde el inicio de la guerra. Biden mantuvo que se trata de un proyectil antiaéreo ucraniano y su homónimo en Kiev moderó un tanto su discurso en su intervención en el Bloomberg New Economy Forum de Singapur en la que confesó que «creo que el mundo tampoco sabe al cien por cien qué ocurrió». Sin embargo, antes de concluir su participación dijo estar «seguro» de que no se trata de un proyectil lanzado por Ucrania. Así que Zelenski no dio marcha atrás. La insistencia por parte de Kiev tuvo premio y Polonia autorizó la presencia de sus expertos en la investigación, tal y como demandaron desde el primer momento.

El invierno ha llegado ya a Ucrania con la caída de los primeros copos de nieve, en medio de la estrategia rusa de bombardear infraestructuras energéticas. En la imagen, monumento en Kiev a los caídos en la guerra. / Sergei SUPINSKY / AFP

La guerra del frío

El apoyo exterior es clave para mantener el pulso a unos rusos que pierden terreno en Járkov o Jersón, aunque mantienen a miles de soldados en suelo ucraniano. La diplomacia logra algunos avances, pero de momento parece lejano un posible alto el fuego durante el invierno, posibilidad planteada por distintos analistas militares. El portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov acusó a Kiev de ser «reticente a resolver el conflicto y entablar negociaciones» y Zelenski le respondió que ellos no quieren la paz, solo desean «provocar el mayor dolor y sufrimiento posible». Ucrania está en una dinámica militar favorable tras la liberación de Jersón y piensa que una tregua solo puede servir para que los rusos se rearmen de cara a la primavera.

Ante el empuje enemigo, Rusia recurrió un día más a la guerra del frío para intentar hacer recular a su adversario. Los misiles volvieron a castigar por enésima vez la infraestructura energética, esta vez el gas, y los ataques son cada vez más precisos. «La situación es grave, la más grave de la historia», declaró a los medios locales Volodímir Kudritski, director de Ukrenergo, la empresa eléctrica nacional, quien denunció seis oleadas de ataques contra la infraestructura energética del país desde comienzos de octubre. El balance oficial eleva a un 40% la infraestructura dañada y Zelenski ya advirtió que «si sobrevivimos este invierno, y sobreviviremos, definitivamente ganaremos esta guerra».

Ciudades como Odesa, alejadas del frente y que hasta ahora disfrutaban de una aparente normalidad, han visto cómo se ha cortado el suministro eléctrico y ahora los generadores rugen en las aceras como única solución. Para el ciudadano de a pie la falta de luz y el frío se han convertido en las mayores preocupaciones en estos momentos en los que la nieve empieza a asomar por primera vez en un invierno que promete ser muy largo. La guerra toca ahora también a las puertas de todos los ucranianos alejados de los combates y adquiere forma de apagones y de un frío que traspasa las paredes y se mete hasta los huesos.