Filas de coches en la frontera de Rusia con Georgia, otro de los puntos del éxodo ruso / AFP

Altos cargos rusos temen que los abusos en la movilización provoquen un estallido social

La presidenta de la Cámara Alta del Parlamento exige que no se cometan errores en la llamada a filas

COLPISA

Apenas cinco días después de que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, ordenara la movilización parcial de reservistas para reforzar la invasión de Ucrania, un anuncio que provocó la venta masiva de billetes de avión y largas filas de coches en las fronteras de varios países circundantes, han comenzado a producirse críticas internas por malas prácticas en el procedimiento.

Algunas de las voces que las han emitido, con cargos de responsabilidad en el régimen ruso o integrantes de su primera fila mediática, se hacen eco del miedo que nadie nombra pero todos temen: que el desgaste social provocado por la guerra en Ucrania dispare las protestas y acabe por poner contra las cuerdas al Kremlin.

«Los errores de movilización están provocando reacciones feroces en la sociedad, y con razón», lamentó ayer Valentina Matviyenko, presidenta del Consejo de la Federación (la cámara alta del Parlamento), reprendiendo por su mal hacer a los gobernadores, sobre los que recae la responsabilidad de supervisar la campaña de llamada a filas. «Asegúrense de que la movilización parcial se lleve a cabo respetando plenamente los criterios, y sin un solo error», subrayó Matviyenko.

Pérdida de confianza

No se trató de la única responsable disgustada con la poca diligencia de las autoridades.El presidente del consejo de derechos humanos del Kremlin, Valeriy Fadeev, también pidió al ministro de Defensa, Serguéi Shoigu, «resolver urgentemente los problemas» en el reclutamiento para así no «socavar la confianza del pueblo». Fadeev citó varias aberraciones, como el reclutamiento de setenta padres de familia numerosa en la región de Buriatia, en el extremo oriental de Rusia, y de enfermeras y comadronas sin conocimientos ni práctica militar previa.

Según denunció Fadeev, todos los afectados fueron convocados «bajo amenaza de juicio penal». El presidente del consejo de derechos humanos también señaló a los que «reparten las convocatorias a las dos de la madrugada como si tomaran a todos como desertores». Se trata de métodos que crean «descontento», advirtió.

También dentro de la esfera de poder del Kremlin, la redactora jefe de la cadena RT, Margarita Simonyan, lamentó el sábado las noticias escandalosas y las denuncias que está dejando la llamada a la movilización. «Se ha anunciado que se pueden reclutar soldados rasos de hasta 35 años, pero las convocatorias llegan hasta los de 40 años», criticó Simonyan a través de su canal de Telegram. «Están enfureciendo a la gente como a propósito, como por despecho. Como si hubieran sido enviados por Kiev», añadió.

Esas voces disconformes se alzaban solo un día después de que Putin decidiera el sábado sustituir al viceministro de Defensa, al general Dimitri Bulgákov, encargado de la logística de las Fuerzas Armadas, como informaba Rafael M. Mañueco. Aunque la orden no aclaraba el motivo del cese, varias fuentes apuntaban a que tenía que ver con los serios problemas a la hora de garantizar los suministros de munición y pertrechos a las fuerzas que combaten en Ucrania. Una cadena de errores que ha facilitado el trepidante avance ucraniano de las últimas semanas, en una contraofensiva que ha llevado al Kremlin al límite.

Casos polémicos

Los casos de llamadas a filas escandalosas se han sucedido durante los últimos días. En la región de Volgogrado, en el suroeste de Rusia, un centro de entrenamiento envió de vuelta a su casa a un militar retirado de 63 años, diabético y con problemas familiares. También allí, el director de una pequeña escuela rural, Alexander Faltin, de 58 años, recibió una orden de para unirse a la movilización a pesar de no tener experiencia militar. Su hija publicó un vídeo en las redes que se hizo viral, y, tras la polémica suscitada por su situación, se le permitió volver a casa tras revisar sus documentos, según la agencia RIA Novosti.

El temor a morir en el frente de una guerra para invadir y someter a un país hermano, y el miedo a la represión en caso de no querer participar en una empresa así, ha hecho que las salidas del país se disparen. Como informaba AFP, en un paso fronterizo entre Rusia y Mongolia se observaban ayer largas colas de coches que esperaban cruzar al otro lado. El jefe de un puesto de control en la ciudad de Altanbulag afirmó que, desde el miércoles, más de 3.000 rusos habían entrado en Mongolia a través del cruce, y que la mayoría de ellos eran hombres. También se vieron colas de personas con pasaportes rusos ante el mostrador de inmigración del paso fronterizo, según presenció un periodista de la agencia.