Dmitro Pletenchuk, frente a la devastada sede gubernamental de Mykolaiv. / zigor aldama

«El próximo objetivo de Putin es Moldavia»

Los ucranianos que lideran la ofensiva en el sur del país afirman que las tropas de Moscú están desmoralizadas, pero avanzan con dificultad

ZIGOR ALDAMA

Dmitro Pletenchuk nació en Siberia en 1981. «Mi familia fue represaliada durante la Unión Soviética, pero mis padres lograron regresar a Ucrania cuando era muy pequeño», recuerda. Con la caída de la URSS, quedaron divididos. «Muchos de mis parientes eran militares, así que la mayoría continuó en las filas del Ejército ruso», comenta. Él, sin embargo, lucha por Ucrania desde que la guerra estalló en el Donbás, en 2014, como portavoz de las fuerzas armadas en la ciudad sureña de Mykolaiv.

Desde aquí se gestionan ahora muchas de las operaciones de la contraofensiva para recuperar Jersón, la urbe más importante en manos de los rusos. A pesar de que Pletenchuk asegura que su enemigo está «desmoralizado», los misiles rusos continúan lloviendo sobre la zona y los soldados ucranianos no logran avanzar como en Járkov, donde han protagonizado el vertiginoso contraataque que ha sorprendido al mundo y que ha obligado al repliegue y la movilización del enemigo. «Rusia está lanzando bombas de 500 kilos y ataca con artillería, pero nuestras Fuerzas Armadas mantienen el control», añaden desde su departamento.

Pletenchuk no descarta que, en algún momento, tenga que luchar contra sus propios familiares. «No estamos en contacto desde 2008, porque mis primos participaron en la invasión rusa de Georgia. Ya entonces nos advirtieron de que Ucrania sería la siguiente. Me siento como mi abuelo, que tuvo que defender Mykolaiv durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que ha cambiado es el enemigo», añade.

Ucrania afirma que avanza lentamente, pero Moscú se empecina en tildar la contraofensiva de fracaso. Ambos bandos dicen haber infligido muchas más bajas que el enemigo: Ucrania asegura que ayer mató a 400 soldados rusos –más de 55.000 desde el inicio de la invasión–, y Rusia responde que Ucrania perdió más 1.700 soldados solo en los dos primeros días de la contraofensiva de Jersón.

Mientras ambos bandos hacen lo imposible por sacar pecho, Ucrania es cada vez más un país en ruinas. Muestra de la enorme devastación que sufre es la sede de la Administración Pública de Mykolaiv, frente a cuyo esqueleto ennegrecido Pletenchuk habla con EL CORREO. Desde lo poco que queda del último piso, lleno de escombros, el militar señala con el dedo los astilleros de Mykolaiv y destaca una de las grandes ironías de la guerra: «Aquí se construyó el 'Moskvá' en 1979, el buque insignia de la Marina rusa que hundimos en abril».

A pesar de ello, al militar le preocupa especialmente la fuerza naval rusa. «La mayor amenaza son los buques de guerra en el Mar Negro. Los misiles que lanzan le dan a Rusia una ventaja considerable», comenta. Son la atalaya perfecta para atacar la ciudad y juegan un papel fundamental en el ahogo del comercio ucraniano.

Resucitar la Unión Soviética

«El verdadero objetivo de Vladímir Putin es continuar extendiendo su ansia imperialista y llegar a Trasnistria, donde ya cuenta con cierta presencia militar, y atacar desde allí al resto de Moldavia», avanza. Pletenchuk está convencido de que el presidente ruso quiere resucitar la Unión Soviética, cuya caída Putin considera como «la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX». Por eso, Pletenchuk sostiene que Occidente debe continuar apoyando sin fisuras la resistencia ucraniana. «Si no detenemos a Rusia ahora, continuará su expansión imperialista por Europa, como hicieron Hitler o Stalin», advierte.

Para la consecución de su objetivo, Pletenchuk considera vitales las armas que envían Estados Unidos y Europa. «Desde que lograron el control de Mariúpol es más fácil para los rusos abastecerse, y tienen más armamento que nosotros. Pero Ucrania cuenta con militares profesionales y motivados. Nosotros luchamos por nuestro país, mientras que los rusos no saben por qué lo hacen. Y el dinero no es motivación suficiente para morir», dispara, consciente de que si su ofensiva fracasa, Mykolaiv podría caer y allanar el camino hacia el principal puerto de Ucrania, Odesa.