Vehículos procedentes de Rusia hacen cola para cruzar el puente sobre el río Narva, que establece la frontera con Estonia. / Janis Laizans/REUTERS

El flanco noreste europeo blinda su frontera a los rusos

Estonia, Letonia, Lituania y Polonia han optado por incrementar los filtros, mientras Finlandia lo hará esta semana

JOANA SERRA BERLÍN

Los tres países bálticos -Estonia, Letonia y Lituania-, así como Polonia, ya habían cerrado sus fronteras a los ciudadanos rusos, incluidos los provistos de visado Schengen, tres días antes de que Vladímir Putin llamara a la movilización parcial. Finlandia, hasta ahora reacio a una prohibición general para los ciudadanos rusos, se dispone a adoptar esta regulación en los próximos días, tal como avanzó el viernes del Gobierno de la socialdemócrata Sanna Marin.

Si el viernes pasado se había registrado un incremento del 57 % de viajeros rusos hacia Finlandia, el domingo empezaron a observarse largas colas de vehículos en dirección al país nórdico. La situación no es de caos, según Helsinki. Muchos de esos viajeros regresarán a Rusia tras visitar Finlandia y simplemente aceleraron sus planes de viajar al país vecino a hacer sus compras -como es habitual- ante el inminente cierre.

Los pasos más concurridos son los del sureste, cercanos a San Petersburgo. Hasta la invasión de Ucrania eran ya los que registraban un flujo más continuado de viajeros rusos. Finlandia, con 1.340 kilómetros de frontera con Rusia, era hasta ahora el único país de la Unión Europea (UE) limítrofe con Rusia que seguía aceptando el ingreso de rusos con visado Schengen -es decir, emitido por cualquiera de los consulados o países de ese espacio-.

Los bálticos, como Polonia, asimismo limítrofes con territorio ruso -incluido Kaliningrado- habían optado por blindarse una semana antes. Solo se admite el ingreso de ciudadanos excepcionalmente, sea por razones humanitarias, familiares o de trabajo.

El Gobierno del ultranacionalista partido gubernamental polaco Ley y Justicia (PiS) ha advertido de los riesgos que conlleva brindar asilo a desertores, como defiende la vecina Alemania.

Infiltración de agentes

Para Varsovia, acoger a todo aquel que afirme huir de la movilización ordenada por Putin es un grave riesgo para la seguridad del país. Hay un peligro de infiltración de agentes del Kremlin, así como de que se generen conflictos con los millones de refugiados ucranianos acogidos por el país o con otros ciudadanos de origen ruso establecidos desde antes de esa guerra en Polonia, afirmaron fuentes del Ejecutivo del primer ministro Mateusz Morawiecki.

Estos temores son compartidos por los bálticos, especialmente Estonia, donde desde el inicio de la invasión se han acentuado las tensiones con la población de origen rusa -un 25 % del total en este país de 1,5 millones de habitantes-. Tanto Polonia como los bálticos, socios de la UE y la OTAN, reclamaban un reforzamiento del flanco este de la Alianza Atlántica desde la anexión de Crimea, en 2014.

Finlandia, que aún no ha completado el proceso «express» de ingreso en la OTAN precipitado con el inicio de la invasion rusa, se suma ahora a la línea más restrictiva de esos socios de la UE.

El Gobierno entre socialdemócratas, verdes y liberales alemán, por contra, insiste en que acogerá como asilados a desertores y disidentes rusos. Esta postura es compartida tanto por la ministra de Exteriores, la verde Annalena Baerbock, como por la titular de Interior, la socialdemócrata Nancy Faeser.

Bruselas trata de buscar una línea común en las, de nuevo, disonantes posturas de unos y otros socios. El gabinete de Berlín admite que «respeta» la preocupación de los países con frontera terrestre con Rusia. Pero recuerda que el derecho al asilo asiste a cualquier perseguido, de cualquier país, «incluidos, obviamente, los rusos», en palabras de Baerbock.

La embajada de Ucrania en Berlín, que lleva meses achacando al gobierno de Olaf Scholz una postura blanda ante Moscú, se ha sumado a las alertas de Varsovia y exige blindarse ante un flujo de desertores rusos, ficticios o no. Alemania ha acogido en su territorio a cerca de un millón de ucranianos desde el pasado febrero.