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El primer ministro israelí, Naftali Bennet, acompaña a su madre mientras le aplican la tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus. EFE
Europa e Israel aplicarán la tercera dosis pese a la moratoria de la OMS

Europa e Israel aplicarán la tercera dosis pese a la moratoria de la OMS

El plan para corregir la desigualdad con los países pobres cae en saco roto en Francia y Alemania mientras la UE deja la decisión en manos de cada socio

Miguel Pérez

Jueves, 5 de agosto 2021

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Ni siquiera un día ha aguantado en pie la solicitud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para aplicar una moratoria general a la tercera vacuna de refuerzo contra el coronavirus en beneficio de aumentar el número de dosis disponibles para los países pobres, muchos de ellos en una fase casi testimonial de inmunización. El miércoles, la agencia de la ONU ya perdió a quien podría haber sido uno de sus más poderosos aliados: solo horas después de que su director, Tedros Adhanom Ghebreyesus, lanzara la iniciativa, EE UU respondió con una negativa bajo el argumento de que proteger a los propios y ayudar a terceros países no es excluyente.

Tanto Alemania como Francia anunciaron este jueves que mantienen su objetivo de inyectar la dosis de refuerzo a «los mayores y personas vulnerables» a partir del próximo mes. Israel, donde el viernes pasado entró en vigor esta campaña, con el presidente Isaac Herzog como primer triple vacunado, continuó también la vacunación con normalidad, como si la OMS no se hubiera pronunciado. 262.000 israelíes de 60 años en adelante han recibido una tercera dosis y 381.000 aguardan su turno.

Se supone que en los próximos días otros gobiernos pueden hacer anuncios en el mismo sentido; quizás España, donde cala la sensación de que será necesaria una inyección adicional para blindar a los colectivos vulnerables. Aun así, el Ejecutivo todavía no ha tomado una decisión al respecto.

El presidente Emmanuel Macron está de vacaciones y por eso este jueves usó las redes sociales para difundir los objetivos franceses. «Sí, probablemente se necesitará una tercera dosis, no para todos de inmediato, pero al menos para las personas mayores y más vulnerables», dijo con el horizonte puesto en «otoño». En el país vecino esta medida no significa una novedad extrema, pues ya se prescribe a quienes sufren una inmunodepresión por seguridad.

Alemania fija el mes próximo como el de inicio para inocular otra ampolla de suero a los mayores de edad, particularmente los residentes en geriátricos. El ministro de Sanidad, Jens Spahn, ha ofrecido una clave de lo que parece ser la encrucijada entre la solidaridad y el miedo donde se ubican numerosos gobiernos. «Juntos podemos garantizar un otoño y un invierno seguros», enfatizó, en alusión a la explosiva combinación que para los hospitales representaría la coincidencia de las gripes y los resfriados estacionales con el avance de la variante Delta. «Vacunarse es un acto patriótico», apostilló.

A menos velocidad que el virus

La Unión Europea se mantiene de perfil. Aduce que administrar o no la tercera dosis es una decisión de cada socio comunitario, con lo cual no puede establecer una línea común. El mismo principio de autonomía es el que ha llevado a cada país a adaptar el certificado covid a su situación interna –como exigirlo para entrar en restaurantes o teatros– en claro desacuerdo con Bruselas, partidario de utilizarlo según su espíritu original como una herramienta de movilidad transfronteriza.

La solidaridad no ha sido la actitud más destacada en la UE o Estados Unidos durante la pandemia, aunque para la OMS en el pecado está la penitencia. Si las regiones pobres no son inmunes, la covid-19 seguirá presente y, lo que es peor, mutando en cepas impredecibles que pueden destruir el camino avanzado. Bruselas se defiende de este tipo de insinuaciones y recuerda que la Unión ha aportado 2.470 millones de euros al programa Covax –ayuda a un total de 190 países desfavorecidos– y se ha comprometido a donar 500 millones de antivirales. España entregó este jueves mismo una primera partida de 7,5 millones a Perú, Nicaragua, Paraguay y Guatemala.

El problema es que el Covax fue diseñado cuando la vacuna apareció en el mundo y éste, desde el punto de vista pandémico, ya no es el mismo. Con más de 200 millones de contagios (2.050.000) y 4,2 millones de fallecidos, la vertiginosa expansión de Delta podría estar rompiendo las hechuras del programa de donaciones.

El ritmo al que avanza este plan no es suficiente ante una epidemia que crece a gran velocidad. En Tailandia las morgues han colapsado y el Gobierno chino ha movilizado todos sus departamentos ministeriales para frenar la expansión de un virus que daba por controlado. Los expertos temen que algunas regiones de Asia y África se conviertan en reservorios. Y de todos los países incluidos en el Covax, medio centenar todavía no ha recibido una sola dosis mientras en el resto abundan los ratios bajísimos de inmunización, incluso del 1% de la población.

Mientras, EE UU y Europa acumulan reservas ante un futuro poco claro: la UE cuenta con 4.500 millones de ampollas y el miércoles adquirió 200 millones más a Novavax, la quinta farmacéutica que pasará el filtro del regulador comunitario, cuyo fármaco utiliza una tecnología diferente a Pfizer, Moderna, Jenssen y AstraZeneca. Ghebreyesus asegura que una moratoria de un mes en estas compras y en los planes de los países ricos para la triple vacunación daría la vuelta a las opciones de los pobres para salir de la marginalidad sanitaria.

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