Tres aviones de combate ruedan por una pista en la base aérea de Hsinchu. / AFP

China aísla a Taiwán y viola su soberanía nacional al simular una invasión

Se intensifican los ejercicios militares del régimen de Pekín sobre la isla, cuyo bloqueo amenaza ya la cadena mundial de suministros clave como los chips e imposibilitaría el acceso de EE UU para ofrecer refuerzos

I. UGALDE | M. GALLEGO

China ha vuelto a hacer este sábado alarde de su poderío militar y de su ira tras la visita de la portavoz del Congreso de EE UU, Nancy Pelosi, esta semana a Taiwán. El Ejército del gigante asiático ha dado un paso más en las maniobras que lleva a cabo desde el jueves al violar la soberanía nacional de la isla con unos ejercicios que han simulado una invasión y han dejado bloqueado el territorio, con la consiguiente amenaza de cortar la cadena global de suministros clave como los chips e imposibilitar la llegada de ayuda por parte de Washington.

El Ministerio de Defensa taiwanés ha detallado en un comunicado que sus fuerzas armadas «detectaron múltiples tandas de aviones y barcos comunistas realizando actividades alrededor del Estrecho de Taiwán. Se consideró que realizaban un simulacro de ataque a la isla principal de Taiwán». Pese a ello, el Gobierno se mantuvo desafiante, al insistir que pese a las amenazas, cada vez mayores, no se doblegaría ante su «vecino malvado».

Es la primera vez que las maniobras militares chinas tienen lugar tan cerca de Taiwán (algunas a menos de 20 kilómetros) y que la isla, reclamada por Pekín, está literalmente rodeada, incluyendo su flanco este, una zona crucial porque es de donde podrían venir los potenciales refuerzos estadounidenses. Para dejar constancia de lo mucho que se han aproximado con los ejercicios, el Ejército del gigante asiático ha difundido un vídeo de un piloto de la fuerza aérea que grabó la línea costera y montañas de la isla desde su cabina.

La televisión estatal china CCTV, por su parte, ha informado de que los misiles chinos volaron directamente sobre Taiwán durante las maniobras. Mientras, el Comando Oriental de las Fuerzas Armadas de Pekín señaló que «en las aguas alrededor de la isla de Taiwán, más de 10 destructores y escoltas de la Marina se acercaron desde diferentes direcciones para realizar operaciones de contención».

Expertos como el comentarista militar chino independiente Song Zhongping contaron a la AFP que Pekín «tiene obviamente todas las capacidades para imponer un bloqueo de este tipo», cuyo objetivo sería impedir cualquier entrada o salida de barcos y aviones comerciales o militares. En ese sentido, resulta especialmente inquietante un posible corte en la cadena global de suministros como los chips. Taiwán es precisamente el principal fabricante de semiconductores del mundo, un componente esencial para sectores tecnológicos tan variados como la automoción. Los temores a que la isla se vea totalmente maniatada son ya tangibles. «Podemos ver en los ejercicios actuales que los aviones de combate y los barcos taiwaneses no pueden despegar ni salir de sus puertos», señaló Zhongping.

Entretanto, las dos superpotencias del mundo no se hablan. Y sin eso, «no hay forma de resolver la mayor parte de los acuciantes problemas que enfrenta el mundo», advirtió ayer un portavoz del secretario general de la ONU, Antonio Guterres.

La ira del gigante asiático por la visita de la portavoz del Congreso Nancy Pelosi a Taiwán ha ido en aumento. Empezó por iniciar unas maniobras en torno a la isla que, a estas alturas, se asemejan a un cerco militar. Luego, cortó las importaciones con Taiwán. El viernes cerró todas las comunicaciones con Washington, a lo que añadió unas sanciones, aún sin definir, contra Pelosi y toda su familia.

Ambos países han llamado a consultas al embajador de la otra potencia para amonestarlo por lo que consideran «una irresponsabilidad», contó el portavoz de la Casa Blanca para Seguridad Nacional, John Kirby. «Ni buscamos ni queremos una crisis», añadió. Pero con eso no apaciguaba a China, solo enfurecía a la oposición republicana, que le culpa de dar una imagen de debilidad al no haber respaldado desde el principio el viaje de Pelosi y su delegación del Congreso.

Precisamente por eso ha perdido fuerza el mensaje que EE UU transmitió al embajador chino Qin Gang al convocarle para reprocharle la escalada de la que culpa a su gobierno. También China culpa a Washington de haberlo provocado. La semana antes de que Pelosi aterrizase en Taipéi el presidente, Xi Jinping, llamó a Biden para advertirle de que estaba «jugando con fuego». Ahora le toca hacer valer esas palabras para demostrar que es una gran potencia mundial.

«Es hora de que EE UU actúe también como tal», secundó el exsecretario de Estado Mike Pompeo, que paradójicamente también fue sancionado por China el día en el que Donald Trump dejaba el poder. Pekín le acusaba entonces de haber «violado seriamente» su soberanía, eco de los tiempos actuales. Aquellas sanciones que recayeron sobre 28 altos cargos del Gobierno de Trump le impiden visitar el gigante asiático y hacer negocios con ese país por «haber planeado, promovido y ejecutado una serie de movimientos locos que han interferido gravemente con los asuntos internos de China».

Bajo la política de 'Una sola China' que EE UU aceptó en 1972, el país asiático se comprometía a utilizar medios pacíficos para lograr la reunificación de su territorio histórico, en el que incluye la isla de Taiwán. Ahora que se siente una superpotencia, el presidente Xi Jinping no descarta el uso de la fuerza, porque medio siglo después no parece probable que Taiwán quiera renunciar a su democracia y autogobierno para unirse voluntariamente al país comunista. Es, precisamente, esa creciente amenaza la que ha motivado la visita de Pelosi, que buscaba desalentar a China de una invasión al reiterar desafiante que EE UU defenderá a Taiwán.

Algunos piensan que eso es lo que tenía que haber hecho Biden con Ucrania antes de que se produjera la invasión rusa. Sus palabras entonces de calcular la reacción, dependiendo del tamaño de la incursión y responder con sanciones, no lograron disuadir a Putin. Al contrario, lo interpretó como una luz verde, a juicio de los analistas.

Advertencia de la ONU

Si el retorno de la Guerra Fría sirvió de pausa para la comunicación entre EE UU y Rusia, la ruptura de relaciones con China hace imposible avanzar en la lucha contra el cambio climático, advirtió el portavoz de la ONU, que cruza pasos en Japón con Pelosi. Ambos países son los mayores emisores mundiales de gases invernadero. Su cooperación se considera imprescindible para lograr avances en la cumbre climática que se celebrará en Egipto en noviembre. El mundo está en pausa hasta que las dos potencias sientan que han demostrado su poderío.

Con Biden enfermo de Covid y las elecciones legislativas a la vuelta del otoño, la Casa Blanca prefiere hablar de la bajada del paro y el paquete económico que está a punto de aprobar el Senado. La portavoz Karine Jean-Pierre insistió este viernes en que «no hay razón alguna» para la escalada, porque la política estadounidense hacia China no ha cambiado. Ni siquiera la visita de una portavoz del Congreso a Taiwán es nueva, lo hizo también Newt Gingrich en 1997. «China no decidirá a dónde viajan o no los gobernantes estadounidenses», insistió. «Tienen derecho a ir donde quieran. Igual que nuestros barcos pueden navegar en aguas internacionales por donde quieran».

Pelosi respondió indignada a la sugerencia de que su viaje estaba pensado más para cimentar su legado que para beneficiar a Taiwán, que se encuentra ahora en el ojo del huracán. «Qué pregunta más ridícula», se defendió. «Taiwán es uno de los países más libres del mundo. Su economía es boyante. Esto no se trata de mí, sino de ellos», zanjó.

La portavoz del Congreso cree que las relaciones con China también son más grandes que Taiwán. Ni el mundo ni los dos países pueden permitirse una ruptura permanente. «Seguiré reuniéndome con el embajador chino cada vez que lo solicite, pero también le hablaré con honestidad», advirtió.

Su anfitrión, el primer ministro Fumio Kishida, es uno de los más perturbados por las maniobras militares en torno a sus costas. Cinco misiles balísticos han aterrizado en su zona de comercio económico, por lo que este viernes no dudó en considerar la escalada como «un grave problema que amenaza seriamente la paz y la seguridad regional».