Salvas de ordenanza en el Puente de la Torre de Londres por Felipe de Edimburgo. / AFP

Salvas teñidas de tristeza por Felipe de Edimburgo

El príncipe Enrique viajará desde Estados Unidos a Londres para estar presente en el funeral del duque, al que asistirán treinta personas

IÑIGO GURRUCHAGA Londres

Saludos militares de cañón sonaron este sábado en ciudades británicas, en los eventos deportivos se guardó un minuto de silencio en memoria del duque de Edimburgo, el público se congregó en torno al castillo de Windsor a pesar de la recomendación de que no se quebrasen las regulaciones. Cámaras de televisión rodean el palacio de Buckingham. La rememoración de la vida extraordinaria del marido de la reina Isabel II ocupa numerosas páginas en los periódicos.

La cobertura de la BBC ha causado división de opiniones. El ente público de radiotelevisión alteró toda su programación el viernes en sus canales. Tuvo que abrir un sitio especial en su página de internet para enviar protestas contra la saturación. Según Deadline, una publicación con matriz estadounidense, las audiencias de televisión cayeron con respecto al viernes anterior, a partir de las 19:00 horas.

El fallecimiento del duque es un evento de indudable impacto nacional, pero la cobertura de la BBC ha sido percibida como la instrucción de un espíritu nacional. Pero la respuesta no es uniforme. Algunos documentales, todos realizados antes del fallecimiento del príncipe, ofrecían imágenes y testimonios desconocidos. Eran una réplica a las numerosas ficciones sobre la vida de los miembros de la familia real en la popular serie 'The Crown'.

Los hijos de Isabel y Felipe comparecían con atuendo luctuoso, resaltando las virtudes de su padre en grabaciones anteriores a la muerte, en las que debían expresarse como si hubiese ya fallecido. Todos coincidían en presentarlo como la roca en la que se ha apoyado la reina y la roca también de la familia. Habría sido, según su hija Ana, a quien se considera su predilecta, un hombre que siempre estaba dispuesto a escucharles.

En los medios de comunicación se subraya la paradoja. Tras haber crecido en una familia rota y arruinada, y quedarse solo tras la separación de sus hermanas cuando se asentó en Reino Unido, habría tenido un papel esencial en la gestión de los asuntos familiares de los Windsor. En un banquete oficial, en las bodas de oro de su matrimonio, afirmó el orgullo que sentía por sus hijos, «que han hecho las cosas bastante bien», dijo, «a pesar de las circunstancias tan difíciles y exigentes» de la vida en la realeza.

Buen abuelo

De su relación con el primogénito, Carlos, se ha publicado suficiente material para asegurar que la relación fue difícil. Felipe es citado en los medios afirmando que, en su juicio, «Carlos es un romántico y yo soy pragmático». Lo consideraba demasiado remilgado y extravagante para ser un monarca eficaz. En los últimos meses habrían mantenido largas conversaciones, que remacharon su mutuo afecto, «tras decirse lo que tenían que decirse», según cronistas de la realeza.

«Mi querido papá era una persona muy especial, que se hubiese asombrado por la reacción y las cosas afectuosas que están diciendo sobre él», afirmó el príncipe de Gales en el exterior de su residencia en Highgrove, en el sudoeste de Inglaterra, en la tarde del sábado. Fue un mensaje de gratitud a quienes habían expresado ese afecto, en un momento en el que «mi familia y yo le echamos enormemente de menos».

Se ha recordado un episodio que ilustra las buenas relaciones que habría establecido con sus nietos. Ya mantuvo con la princesa Diana una larga correspondencia durante la crisis de su matrimonio con Carlos. Cansó hasta agotarlos a sus hijos, tras la muerte de la princesa, con largas caminatas y caza de acecho, en la residencia escocesa de Balmoral.

Antes del cortejo fúnebre, un evento que también provocó una saturación informativa pero que tenía un impacto sentimental que no puede equipararse al fallecimiento de un hombre casi centenario, Guillermo se habría negado a caminar tras el féretro en compañía de su padre y del hermano de Diana, Charles Spencer. Habría cedido cuando Felipe de Edimburgo le dijo que caminase junto a él.

Se destaca su afición por los deportes y por las viñetas de los periódicos, sus múltiples saberes prácticos y también sus exabruptos, que se interpretan como intentos torpes de romper el hielo en las conversaciones con bromas. En algunos casos las bromas eran torpes, pero se destaca que tenía facilidad para que la gente se sintiese cómoda con él, y para ahuyentar a los que detestaba; por ejemplo, a casi todos los periodistas.

Funeral discreto

Treinta personas acudirán al funeral de Felipe de Edimburgo, el próximo sábado. Corresponde con los deseos del difunto y cumple las normas dictadas por el Gobierno para restringir las aglomeraciones y evitar la expansión del coronavirus. La ceremonia religiosa será trasmitida por televisión. Será un funeral real y no de estado, versiones del ritual que tienen poca diferencia. El príncipe Enrique acudirá, pero no su esposa, Meghan, duquesa de Sussex, por estar embarazada.

Los funerales tendrán lugar a las 15:00 hora local, en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, a unos 40 kilómetros al oeste de Londres. El funeral tendrá lugar cuatro días antes del cumpleaños de la reina, que cumplirá 95 años el 21 de abril.

Johnson no irá a las exequias

El cuerpo del duque de Edimburgo reposa desde este sábado en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor, donde el próximo sábado se celebrará el funeral. Antes de la ceremonia tendrá lugar un minuto de silencio en todo el país. El primer ministro británico, Boris Johnson, adelantó que no asistirá a las exequias con el fin de dejar el máximo espacio posible a los miembros de la familia real, ya que el acto deberá circunscribirse únicamente a treinta personas según establecen las normas sanitarias contra la pandemia. La ceremonia será retransmitida por televisión. Numerosas cadenas de todo el mundo se han interesado ya por hacerse con una conexión.

La jornada de este sábado fue especialmente emotiva. Los hijos del duque e Isabel II y otros allegados de la familia visitaron a la reina en Windsor. Entre ellos, su hijo menor, el príncipe Eduardo, y su esposa, la condesa de Wessex, que a la salida se acercaron a los ciudadanos reunidos ante el castillo para intercambiar algunas palabras con ellos y agradecerles el homenaje.

Las salvas de honor para rendir tributo al príncipe Felipe se escucharon en numerosas ciudades, entre ellas Londres y Edimburgo. También los destructores en alta mar dispararon sus cañones en homenaje a quien fue miembro de la Marina Real durante la Segunda Guerra Mundial.