El primer ministro británico, Boris Johnson, junto a su residencia oficial en Downing Street. / reuters

Boris Johnson intenta eclipsar el 'partygate' con medidas populistas

Hace guiños al ala derechista de su partido con la congelación de la tasa que deben pagar los británicos para financiar la BBC y el uso de militares para impedir la llegada de refugiados desde las costas francesas

IÑIGO GURRUCHAGA Londres

El primer ministro británico, Boris Johnson, intenta llenar con anuncios de medidas populares entre la facción derechista de su partido el vacío creado entre la cadena de revelaciones en la última semana sobre fiestas en Downing Street y la publicación de los resultados de la investigación. Por el contrario, la oposición quiere mantener vivo en los titulares el desprestigio del líder conservador.

Entre esas decisiones del 'premier' figuran la congelación durante dos años de la tasa de 190 euros que financia a la BBC y que tienen que pagar todos los hogares en los que hay un aparato para ver televisión. En 2027 se creará un nuevo sistema de financiación del ente público de radiotelevisión. Lo diseñará la ministra Nadine Dorris. Muy partidaria del 'brexit', se quejó en 2018 de que la negociación del Gobierno con la Unión Europea dejaba al Reino Unido sin diputados europeos o sin derecho a tener asiento en la Comisión Europea.

La segunda medida es el uso de militares para impedir que botes de refugiados procedentes de la costa francesa lleguen a la inglesa. Se añade que la ministra de Asuntos Exteriores, Liz Truss, estaría negociando con Rwanda y Ghana que acojan a solicitantes de asilo para su «procesamiento». Es una medida que la ministra de Interior, Priti Patel, ya ha promovido en el pasado.

Ya interrogado

Mientras, no hay certeza sobre la fecha en la que la funcionaria Sue Gray presentará su informe sobre las diferentes reuniones sociales y fiestas aireadas en las últimas semanas. Según varios medios, habría ya interrogado a Johnson sobre su conocimiento o participación en los incidentes, pero a ella no le corresponde decidir si el primer ministro ha quebrado el código de conducta ministerial.

Tampoco puede identificar a funcionarios que merezcan sanción disciplinaria, porque son cuestiones que se resuelven con criterios de confidencialidad en el marco de las relaciones laborales. El líder de la oposición, Keir Starmer, abogado de profesión, ya ha advertido de que el informe de Gray simplemente narrará los hechos investigados. Por eso insiste en los últimos días en que el público ya ha juzgado a Johnson y en que debe dimitir.

La prensa conservadora reclama a Starmer que pida a su vez disculpas, tras emerger una foto en la que está bebiendo una cerveza en una reunión de miembros del Partido Laborista. Pero se permitían las reuniones de trabajo y ninguna regla prohíbe beber en una oficina.