Lula celebra su victoria junto a su esposa, Rosangela da Silva. / EFE / REUTERS

La prórroga del duelo entre Bolsonaro y Lula incrementa la polarización de Brasil

Las cuatro semanas hasta la segunda vuelta amenazan con desarrollarse en un ambiente hostil y de creciente violencia electoral y social

DAGOBERTO ESCORCIA

El drama (o comedia) de la política de Brasil tiene garantizados veintiséis capítulos más, hasta el próximo día 30. La prórroga quedó confirmada en la noche del domingo, cuando las urnas postergaron la decisión sobre quién gobernará el país más poblado de Sudamérica durante los próximos cuatro años. Los electores dibujaron un escenario que retrata a la perfección la gran fractura nacional.

Lula da Silva (76 años), el hombre que se alojó en el Palacio de Planalto entre 2003 y 2010, era el gran favorito para la prensa y las empresas demoscópicas. Se impuso por más de seis millones de votos, pero no obtuvo la mayoría que esperaba. Su rival, el actual mandatario Jair Bolsonaro (67 años), se vino arriba cuando casi todos daban por finalizado su tiempo. El líder de la derecha brasileña sobrevivió a los pronósticos y, por tanto, tendrá una segunda oportunidad. El bolsonarismo no se rinde. Ha ganado tiempo para volver a cargar las armas hasta que las urnas electrónicas vuelvan a abrirse. Será un tiempo extra duro, violento, incluso con mayor crudeza que la que se ha mostrado durante la campaña electoral en la primera vuelta. Pero a los brasileños parece que les gusta el morbo.

«Adoro hacer campaña. Y tenemos otras cuatro semanas. Nunca gané unas elecciones en primera vuelta», declaró Lula, que no tuvo más remedio que conformarse con esta victoria insuficiente. «Parece que al destino le gusta hacerme trabajar un poco más. Vamos a ganar otra vez –enfatizó–. Es cuestión de tiempo, de esperar unos pocos días más. Será la primera oportunidad de tener un debate cara a cara con el actual presidente. Para que podamos hacer comparaciones entre el Brasil que él construyó y el Brasil que construimos nosotros».

Lula recordó que cumplirá 77 años tres días antes de la segunda cita electoral. «Ese será mi presente», dijo, antes de advertir que volverá a las calles para intentar ganar la presidencia. «No descansamos; vamos a conversar con nuestros adversarios, con nuestros amigos –avanzó–. Nosotros somos la mejor solución para resolver la vida del pueblo brasileño».

Bolsonaro, protagonista de una derrota con sabor a triunfo por haber recibido menos golpes de los que habían imaginado muchos analistas, también mostró optimismo y anunció que aprovechará la segunda vuelta para dar valor a la política del Gobierno federal durante la pandemia –numerosos organismos lo señalan como culpable de más de la mitad de los 658.000 fallecimientos registrados oficialmente–, alardear de la situación económica y, en especial, para descalificar por mentirosas todas las proyecciones que le daban por derrotado con un margen superior a los catorce puntos.

Tebet se dispone a tomar asiento antes de un debate televisivo electoral, junto al exmandatario Lula. / MAURO PIMENTEL / AFP

De 52 años, Tebet es abogada y senadora desde 2018. Hasta ahora, el único cargo ejecutivo que ha ocupado es el de alcaldesa de Tres Lagoas, municipio del que es originaria, en Mato Grosso do Sul. El poderoso sector agropecuario tiene un gran arraigo en este estado. Bolsonaro se ha alineado durante su mandato con los intereses de este sector, con gran influencia en el país junto al armamentístico y la Iglesia evangélica. Intereses, por otro lado, contrarios en muchas ocasiones a los de grupos ecologistas en cuestiones como la deforestación del Amazonas, que ha experimentado un impulso con el actual presidente. La candidata, no obstante, ha mostrado durante la campaña preocupación y sensibilidad hacia temas medioambientales.

El MDB es una formación fundada en 1980, cuando el país todavía estaba bajo la dictadura militar. Ha gobernado en dos ocasiones. La primera en 1989, en las primeras elecciones democráticas, con Itamar Franco. La segunda, en 2016, cuando Michel Temer sucedió a Dilma Rousseff después de que esta fuera destituida por el Parlamento.

Gomes, exministro de Lula

En cuanto a Ciro Gomes, ha cosechado el 3,08% de los votos, algo más de tres millones y medio de papeletas. Al contrario que Tebet, es un veterano de la política. Fue gobernador del estado de Ceará a mediados de la década de 1990 y ha sido candidato a la Presidencia en tres ocasiones; la última, en 2018 ante Bolsonaro. En aquella ocasión, después de ser apeado en primera vuelta, como ahora, no pidió el voto para el Partido de los Trabajadores.

Gomes, a su llegada al colegio electoral, este domingo. / Jarbas Oliveira / EFE

«Ahora hay confianza total», manifestó el candidato, que sembró dudas sobre la neutralidad del sistema electoral y del que se temía –y se teme– que, de perder, pueda actuar como hizo el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, intentando perpetuar su mandato a toda costa.

Bolsonaro, en realidad, tiene razones para estar satisfecho. Su partido (PL, Partido Liberal) ha obtenido un notable triunfo en la Cámara de Diputados –268 escaños de 513– y podría igualmente hacer valer su peso en el Senado, con 39 de las 81 actas en juego. Esta situación haría muy difícil un posible Gobierno de Lula en caso de ganar la segunda vuelta y sí, en cambio, dejaría el país en manos del bolsonarismo si el actual presidente vence el próximo 30 de octubre.

La gran sorpresa la dio Simone Tebet, senadora del Movimiento Democrático Brasileño (MDB). Escritora, profesora, abogada de origen libanés e hija de Ramez Tebet, quien fuera senador y presidente del Congreso Nacional, esta mujer de 52 años que ha desempeñado más cargos que ninguna otra brasileña ya apareció en los debates como una política con muchas ideas. La candidata superó al también izquierdista Ciro Gomes y sacó casi cinco millones de votos para colocarse en el tercer lugar del podio. «No esperen de mí omisión. Tomen ustedes una decisión. Yo ya la tengo», lanzó nada más hacerse públicos los resultados.

De ella puede depender la suerte final. Considerada representante de los terratenientes agrarios, lo lógico es que pida el voto para Bolsonaro, pero en un país tan complejo como Brasil es arriesgado realizar pronósticos. Será vital la postura que adopte en los próximos días: si decide reclamar el apoyo para alguno de los dos candidatos finales o dará libertad a sus electores.