El presidente, Jair Bolsonaro, durante un debate de candidatos presidenciales en Sao Paolo. / EFE

Las ofensas sobresalen en el último día de campaña de Bolsonaro y Lula

El presidente insinúa que una victoria de su rival supondría «volver a un país de ladrones» y el candidato del PT le exige que «mienta menos»

DAGOBERTO ESCORCIA

Brasil centró el final de su campaña electoral en un debate televisivo entre siete de los once candidatos que participarán el domingo en los comicios a la Presidencia. Sin embargo, no resultó un debate de ideas ni arrojó un alud de propuestas brillantes. Prevaleció la agresividad, los ataques personales y las acusaciones. Fue un partido bronco en el que nadie hizo de Neymar ni de Vinicius. Tampoco se trató de un festival de cultura. Ninguno de ellos escribe como Paulo Coelho ni compone como Caetano Veloso. Pareció más un combate de boxeo.

En las últimas horas previas a una votación a la que están convocados los brasileños, los dos grandes candidatos, Jair Bolsonaro (Partido Liberal), que aspira a la reelección, y Lula da Silva (Partido de los Trabajadores), expresidente entre 2003-2010, demostraron que no estaban para florituras. Se encontraban ahí, en el plató principal de O'Globo, para ganar los votos de los indecisos, y lo intentaron hacer a base de ofensas. La prensa brasileña cree que no hubo ningún candidato que besara la lona. Y dan una ligera ventaja a los puntos de Lula sobre Bolsonaro. Los otros candidatos, Ciro Gomes, Luiz Felipe d'Avila, Simone Tebet, Soraya Thronicke y el Padre Kelmon, apenas cuentan. Brasil votará a dos viejos conocidos, que se alinean en polos totalmente opuestos.

«El Padre no es padre, el Messías no es messías y el Novo no es novo», tuiteó la diputada del Partido Socialismo y Libertad (PSOL) Samia Bomfim nada más acabar el debate. Con ello hacía una referencia clara a Bolsonaro, cuyo segundo nombre es Messías; lo de Novo a D'Avila. Y lo de padre iba por Kelmon, que apoyó claramente a Bolsonaro, y al que Lula llamó impostor y dijo que iba disfrazado, y con el que tuvo el mayor altercado hasta el punto que el moderador del debate tuvo que apagar los micrófonos de ambos.

También la candidata Thronicke (Unión Brasil) se refirió a Kelmon como un padre de festival del mes de junio. Kelmon no tenía por qué estar en el debate, pero ocupó la plaza de Roberto Jefferson, cuya candidatura fue rechazada, y la legislación obliga a los canales de televisión a invitar a partidos que tengan cinco diputados federales, como es el caso del PTB. Kelmon es sacerdote de una congregación peruana no reconocida por la iglesia ortodoxa en Brasil. Durante un tiempo perteneció al Partido de los Trabajadores.

El futuro de la nación

El debate comenzó a las 22.30 y finalizó a la 1.50 horas (casi las siete de la mañana en España). Bolsonaro siempre se refirió a Lula como el «exconvicto», lo intentó irritar con el tema de la corrupción, una acusación que mandó a prisión al expresidente durante 580 días, pero de la que luego fue declarado inocente. También lanzó dardos a Lula sobre temas morales, religiosos, el comunismo y el desarme. «Está en juego el futuro de la nación. No podemos seguir en un país de ladrones. El Gobierno que nos precedió no tuvo ningún compromiso ni respeto por la familia brasileña. Es un Gobierno que quiso imponer la ideología de género», señaló Bolsonaro que, según varios analistas, estuvo más certero en el primer bloque del debate, en el que también insinuó que Lula había tenido algo que ver con el asesinato del alcalde del PT Celso Daniel en 2002.

«Cuando aparezca por aquí, presidente, mienta menos». Fue una de las respuestas de Lula a los ataques de su máximo rival. «Sea responsable, que tiene una hija de 10 años que está viendo el programa que estás haciendo», le aconsejó. Lula fundamentó los ataques a Bolsonaro en el desprecio que hizo de la pandemia, en la que fallecieron 685.000 brasileños y el Senado responsabilizó al presidente de la mitad de esas muertes. El candidato aprovechó para repetir sus mensajes de campaña, la promesa de combatir el hambre, reducir la desigualdad y relanzar el desarrollo del país.

La pregunta más dura que tuvo que afrontar Lula fue realizada por Ciro Gomes, en principio el tercero en las encuestas con un 6% de votos, muy por detrás de Lula (50%) y de Bolsonaro (36%). «¿Cómo explica que, después de 14 años de gobiernos del PT, los cinco brasileños más ricos acumulasen, como acumulan todavía hoy, lo que poseen los 100 millones de brasileños más pobres? ¿Es eso lo que desea repetir?», preguntó Gomes. La respuesta fue una oportunidad para ver al Lula estadista: «Ciro, me tendrías que preguntar cómo es que en el Gobierno del PT los más pobres tuvieron un 80% de aumento real en sus ingresos, mientras los ricos tuvieron solo un 20%. Podrías preguntar cómo es que creamos 22 millones de empleos. Podrías preguntar cómo es que aumentamos el salario mínimo un 77%».

Los brasileños prefieren gobernadores de centro-derecha

Lula da Silva despidió este viernes la campaña electoral con un mensaje pleno de optimismo al asegurar que «toda Sudamérica» y la mayoría de los países europeos confían en su victoria en las urnas. El candidato del PT llegó a anunciar que ocho gobernantes de la UE le han comunicado ya su interés en conversar el lunes por teléfono si recupera la Presidencia del país.

El apoyo mayoritario que los brasileños parecen otorgarle a Lula da Silva en las presidenciales no tiene, sin embargo, el mismo reflejo en las elecciones a gobernador regional. Los sondeos apuntan a que, de los 27 Estados del país, 11 se decantan a favor de tener un gobernador afín a Bolsonaro y 10 se muestran más cercanos al líder del Partido de los Trabajadores. No obstante, la mayoría de los candidatos preferidos por los ciudadanos pertenecen al espectro de centro-derecha. Eso sí, el PT podría imponerse por primera vez en Sao Paulo.