Los equipos de rescate continúan con sus labores. /EFE

Los equipos de rescate continúan con sus labores. / EFE

La frustrante búsqueda de los diez mineros atrapados en México

Las familias de los trabajadores mantienen la esperanza una semana después del accidente y temen que se materialice la hipótesis de los expertos, que consideran muy bajas sus posibilidades de supervivencia

DIANA MARTÍNEZ

La desesperación aumenta cada vez más para los familiares de los mineros atrapados desde hace ya una semana en una mina de carbón en México. «Entras en el pozo pero nunca sabes si vas a salir. Es más oscuro que la noche», expresa con tristeza Josué Rodríguez, que espera en la región norteña de Coahuila recibir buenas noticias sobre su padre, Margarito, de 39 años, quien junto a otros nueve compañeros lleva desde el pasado día 3 sin contacto bajo tierra, sin agua ni comida y, en el mejor de los casos, dependiendo de las reservas de aire de alguna bolsa subterránea. Sus allegados, con el corazón en un puño, temen que se materialice la hipótesis de los expertos, que a estas alturas consideran muy bajas sus posibilidades de supervivencia.

Justo antes del accidente, mientras los operarios excababan a una profundidad de 34 metros, un río subterráneo provocó una inundación en el yacimiento, bloqueando las salidas. Tras ocho jornadas de frustrante espera sin noticias positivas sobre el suceso, las esperanzas se reactivaron este martes, cuando los rescatistas estaban «a horas» de entrar en la mina, tal y como especificó Laura Velázquez, coordinadora nacional de Protección Civil. Pero los equipos de rescate se enfrentan a condiciones adversas y, sumado al peligro de empeorar la situación para los mineros o incluso de quedar atrapados ellos mismos durante las labores, las últimas misiones han fracasado.

En la última operación, un grupo de buzos que había entrado en la mina inundada se vio obligada a abortar ayer ante el riesgo de desplomes y los abundantes restos de madera y otros obstáculos que impedían su avance. No obstante, los esfuerzos no han finalizado. «Jamás se suspenden labores, se trabajan las 24 horas del día; nuestro trabajo lo pueden testificar los familiares de nuestros mineros», afirmó ayer Velázquez, y avanzó que esperaba que para este viernes los mineros ya pudieran ser rescatados. En ese sentido subrayó que ya se han extraído 148.460 metros cúbicos de agua, el volumen suficiente para que el nivel haya descendido parcialmente, por lo que en uno de los tres pozos están llegando «a niveles donde pueden entrar los rescatistas». «Entendemos la urgencia, pero tenemos que ser muy cuidadosos para no exponer a nadie», enfatizó. El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, por su parte, añadió que «se va a seguir con estas actividades, los buzos van a seguir haciendo intentos» para acceder.

A pesar de las arduas tareas de rescate en condiciones adversas, las familias han vivido durante estos días en una tortura continua. «El minero siempre va a ser así, siempre va a estar arriesgando su vida día a día, no saben si hoy o mañana van a regresar. Ese es el riesgo que toman, pero es el sustento de cada casa, toda la vida se han dedicado a ser mineros». Estas son las palabras de Sendy Jazmin Torres, acompañada durante días de angustia y desesperación, que espera entre lágrimas que su hermano, Ramiro, salga del yacimiento sano y salvo. El minero, a sus 24 años, es padre de una pequeña de seis años y bebé de escasos días. Los varones de la familia se dedican al mismo oficio. «Mi otro hermano y mi padre están de rescatistas voluntarios», afirma Sendy.

Familias desesperadas

Sergio Gabriel Cruz (41) es otro de los rostros que han protagonizado los medios de comunicación aztecas en la última semana. Entró a trabajar a la mina de carbón en Villa de Agüita, Sabinas, hace dos meses, aunque se dedica a la extracción de minerales desde hace 23 años. Su mujer y sus dos niñas lo esperan en casa. En la misma situación se encuentra Mario Alberto Cabriales (45), con dos hijos, José Luis Mireles Argüijo (46 años), con un niño. Hugo Tijerina Amaya (29 años) no corrió la suerte de su hermano Raymundo, que logró salir del pozo antes del derrumbe.

José Rogelio Moreno Leija, de 42 años, y su hijo José Rogelio Moreno Morales, de 23, trabajaban juntos en el yacimiento y ninguno de los dos logró salir. Permanecen junto a Jorge Luis Martínez (34), que a pesar de la reducida paga –los mineros reciben un salario que va desde los mil hasta los cinco mil pesos por semana (de 45 a 240 euros)– se dedicó a este oficio por ser su única fuente de empleo, asegura su familia.

El héroe de la historia

Y en toda historia hay un héroe. En este caso bien podría ser Jaime Montelongo Pérez. A sus 61 años, ayudó a dos trabajadores a salir del pozo minutos antes del colapso. Aunque el agua ya le llegara por la cintura, y a pesar de que sus compañeros le pidieran que se pusiera a salvo, éste se armó de valor y decidió ir en busca de los demás operarios. Por desgracia, no logró salir del yacimiento, que es del tipo denominado 'pocito', muy común para extraer carbón en Coahuila. Se trata de infraestructuras artesanales que plantean un importante peligro para quienes trabajan en ellas ya que carecen de una estructura de concreto que les proteja de derrumbes como una mina industrial, explicó el ingeniero metalúrgico Guillermo Iglesias.

La lentitud e ineficacia del personal que trabaja en el operativo ha provocado duras críticas contra el Gobierno de López Obrador, quien fue recibido hace unos días con abucheos en su visita al lugar, ya que numerosos allegados consideraron que «ha venido solo a hacerse la foto». A pesar de la dificultad de la situación, los familiares mantienen la esperanza de abrazar cuanto antes a sus seres queridos, sanos y salvos, mientras continúan las labores de rescate.

No es la primera vez que ocurre una desgracia como esta. El derrumbe recuerda lo ocurrido en febrero de 2006 en la mina de Pasta de Conchos, también en Coahuila, donde 65 trabajadores murieron en un siniestro y solo dos cuerpos fueron recuperados. El pasado junio, otra inundación en un yacimiento de carbón de la misma región rompió el techo y las paredes de la mina y dejó atrapados en su interior a siete mineros. Nadie salió vivo. Según la Familia Pasta de Conchos, que agrupa a los allegados de mineros fallecidos en 2006, desde entonces se han registrado más de cien muertes en el sector.