El escenario de las mil y una aguadas

¿Por qué se ha declarado Bien de Interés Cultural (BIC) el Oasis y la Charca de Maspalomas? La respuesta está al margen de la disputa política, empresarial y judicial abierta estos días. CANARIAS7 disecciona los informes que avalaron ese BIC.

F.S.A.

Entendemos que hay que considerar el Oasis de Maspalomas y su entorno como un lugar que reúne todos los requisitos -naturales, geográficos, históricos, etnográficos- para ser considerado como tal Sitio Histórico, de acuerdo con los preceptos establecidos en la Ley 4/1999 de 15 de marzo de Patrimonio Histórico y la Ley de Patrimonio Histórico Español de 25 de junio de 1985». Quien así se manifiesta no es José Miguel Bravo de Laguna, presidente del Cabildo, envuelto estos días en una intensa polémica a cuenta de su actuación en la tramitación del expediente del BIC, sino el catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Manuel Lobo, en su informe fechado el 31 de agosto de 2013 y que forma parte del voluminoso expediente del BIC sobre el que ahora tiene que resolver el Gobierno canario. A lo largo de doce páginas, Manuel Lobo señala que el «valor histórico» del Oasis y su entorno ha sido «reconocido como indiscutido a lo largo de los siglos». Un protagonismo que, según subraya el catedrático, va mucho más allá del paso de Cristóbal Colón por la zona: «Desde que Gran Canaria tuvo contacto con los europeos, que se acercaban a sus costas a realizar razias de rapiña, la costa de Maspalomas fue conocida como lugar de aguada, y así figura en antiguos portulanos [planos de uso marítimo] y mapas». Manuel Lobo explica que «los lugares en tierra donde se podía hacer aguada eran de un valor incalculable para poder continuar las navegaciones. Ese papel lo cumplió Maspalomas con creces (...) pues en su entorno no solo había agua sino leña, ganado y pescado, así como aves que anidaban a su alrededor». Y ¿por qué tenía tanto valor el agua que se recogía en Maspalomas? Porque se trataba de agua salobre, lo que facilita su conservación como apta para el consumo durante largas travesías, como era el caso. En su informe, Manuel Lobo concluye que el Oasis era, «desde los primeros viajes de los europeos a Canarias, «un lugar de referencia».

DISPUTAS VECINALES QUE LLEGARON A LA AUDIENCIA.

Maspalomas tiene muchos encantos paisajísticos y como lugar de avituallamiento de marinos y también de animales, pero por eso mismo se convierte en fuente de conflictos. En su informe para el BIC, el catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria Manuel Lobo señala que por la zona pasan no solo exploradores rumbo al Nuevo Mundo, como Colón, sino «piratas ingleses y holandeses, incluso berberiscos, pues según distintos textos era lugar preferido por moros y piratas para hacer sus aguadas, y si la ocasión lo propiciaba llevar como cautivos a los pastores que encontraban en los alrededores del Oasis. Quizá por ello, Carlos II concedía en 1677 licencia para construir en la zona el Castillo del Romeral». El autor del informe histórico explica que la presencia de la Charca se convierte también en fuente de conflictos, pleitos que acaban en muchos casos judicializados, en la Audiencia. Relata así cómo uno de los primeros propietarios de Maspalomas se quejaba de que «algunos pastores entran en dichas tierras a pastar sus ganados y beber las aguas perturbando al suplicante en su posesión y poniendo en diferentes lances a las personas y criados que tiene para custodia de dichas tierras. Algunas abejeras salvajes que se crían en el dicho término son propias suyas por hacer mansión en él y se meten a castrarlas...». El párrafo corresponde a un documento en el que, en 1598, tres vecinos de Gran Canaria dieron poderes a un procurador de la Audiencia para pleitear contra dos residentes en Agüimes. Siglo y medio después, el primer conde de la Vega Grande de Guadalupe «se quejaba en terminos parecidos». En 1757, Fernando del Castillo Ruiz de Vergara, casado con Luisa Antonia de Amoreto, propietaria del cortijo de Maspalomas, acudía también a la Audiencia «contra vecinos de Tirajana y de Agüimes por contravenir la propiedad privada».

CUATRO PREGUNTAS SOBRE LA HISTORIA.

1. ¿Por qué se llama Maspalomas? R. En el dictamen incorporado al expediente del Bien de Interés Cultural, Manuel Lobo señala dos teorías predominantes. Una primera, que considera «poco verosímil», es la de Néstor Álamo y otros autores, que señalan que Maspalomas es la conjunción de dos apellidos, uno catalán, Mas, y otro genovés, Palomar. «Ambos apellidos nunca emparentaron», asevera Lobo, que agrega: «Lo más cercano a la realidad es que fuera un nombre indígena castellanizado, puesto que a comienzos del siglo XVI hallamos un indígena que lleva como apellido Maspalomas, aunque también hay un conquistador que lleva tal apellido». Otros, concluye el catedrático, cree que, como el lugar era zona de aguada y de descanso de aves migratorias, «su nombre derivara de la presencia en el lugar de más palomas».

2. ¿Menciona Colón la parada en Maspalomas? R. En la Historia del almirante, escrita por Hernando, hijo de Cristóbal Colón, «figura ya el topónimo como en la actualidad. Es aquí donde aparece por primera vez Maspalomas como lugar de aguada, ya que es el último lugar en el que fondean las embarcaciones antes de ir al Nuevo Mundo», escribe Manuel Lobo. Se refiere al viaje de Colón realizado en 1502.

3. ¿Cómo fue esa escala de Colón? R. A partir del relato del hijo de Colón, Manuel Lobo detalla que la escala en Maspalomas obedecía a que encontrar agua y leña era más fácil que en la capital grancanaria, «donde ya habían repuesto la despensa de otros mantenimientos. A aquella costa llegaron dos carabelas y dos navíos, los cuales cargarían los elementos necesarios en proporción a la tripulación de cada uno. Para realizar dicho avituallamiento solo necesitaron de un día, pues el 25 de mayo las naves partieron rumbo a las costas del Caribe». 4. ¿Era lugar de comercio entre los vecinos y los marinos? R. Sí. Manuel Lobo explica que, «al quedar la zona como territorio realizengo, fue utilizada por los vecinos de Tirajana y Agüimes para llevar a pastar sus ganados, en especial por la presencia del charco en su territorio. Allí los vecinos pastoreaban sus ganados tanto menores como mayores. Estos animales así como los quesos obtenidos de los mismos se truecan con las tripulaciones de los navíos que recalaban en las cercanías del charco para proveerse de agua y leña».