"Aquí hay poca transparencia política en la cultura"

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

El curador internacional y crítico está en Gran Canaria con motivo de la apertura de la exposición de Yinka Shonibare que comisaria para el CAAM. Para este experto canario, residente en Nueva York , el Archipiélago presenta los mismos problemas para el artista isleño que cuando se fue de Canarias en 1978.

Se dice que Shonibare es uno de los artistas africanos más importantes. No se puede hablar de artista africano sino internacional. El arte es universal. No puede clasificarse en función de una nacionalidad. Eso se da pocas veces y normalmente en regímenes totalitarios. No hay ningún artista, sobre todo, después de la modernidad, que se asuma en función de su nacionalidad.

Pero usted es experto en arte latinoamericano y africano. ¿Le perjudica que el arte fluya sin denominación de origen? Al mercado sí le sigue interesando compartimentar estos aspectos por motivos meramente económicos. Al mercado le interesa calificar algo como lo nuevo del arte americano, lo nuevo de la poesía rusa... Pero cuando nos interesamos por un producto cultural, en realidad, se mide por los mismos baremos en todos sitios. Nosotros no planteamos el arte en función de la nacionalidad. Obviamente cada artista se expresa en función de su contexto y la comunidad en la que está, pero el arte siempre trata de trascender a las cuestiones locales para abrirse a una lectura universal. Es decir, al artista le interesa que su obra se pueda asumir tanto aquí como en Pekín. No obstante, cada artista responde a su realidad. Sería ridículo pensar que el arte es una entelequia autónoma en la que todo el mundo se expresa del mismo modo.

De lo que no hay duda es de la importancia de Yinka Shonibare. Tiene una gran repercusión internacional precisamente por tratar de aspectos que se refieren a la problemática de cómo se plantea la identidad y cómo se construye la historia y la cultura en general. A través de su obra, él intenta cuestionar lo que llamamos autenticidad, lo propio, hasta tal punto que nos llegamos a plantear que el arte no es una identidad autónoma sino que pertenece también a un campo de las humanidades que depende de la realidad que la circunda. En ese sentido, la obra de Shonibare tiene gran impacto porque plantea cuestiones que nos seducen y nos involucran a todos. Todo lo que plantea tiene una actualidad importante, particularmente en la obra que se muestra en el CAAM. Su trabajo reciente trata de comentar de forma alegórica, a partir de planteamientos históricos y de obras literarias y plásticas de otras épocas, los problemas actuales que está suscitando la crisis.

¿Cómo dio con él? Lo conocí cuando era prácticamente un artista desconocido a todos los niveles. Acababa de terminar su carrera de Bellas Artes y empezaba a participar en exposiciones colectivas en Gran Bretaña. Coincidimos en el Festival África 95. Me lo presentaron y desde ese momento me interesó su trabajo, particularmente, porque escribía y yo lo consideraba, más que un artista, un intelectual interesado en la problemática identitaria, que estaba en pleno auge a principios de los 90. Yo estaba vinculado a esas cuestiones a través de Atlántica, que fue una de las primeras revistas junto a Third Text, de Inglaterra, que abordó el discurso postcolonial y donde por primera vez se mostraban artistas africanos y latinoamericanos contemporáneos. Desde ese momento estaba interesado en él. Pueden rastrear en números antiguos de Atlántica. Creo que en el 96 ya hablaba de Shonibare, que nos ofreció un proyecto con cinco fotos vestido como un aristócrata inglés, con grandes pelucas. Luego, lo invitamos Okwui Enwezor y yo a la Bienal de Johannesburgo, de la que fuimos directores, donde lo invité a participar en una gran exposición con 84 artistas. Desde entonces se mantuvo una buena relación, pero nadie puede predecir qué artistas serán estrellas internacionales. Lo mismo me pasó con Shirin Neshat. Fui el primero que escribió sobre ella en el 94 en la revista Flash Art. Luego traje su obra al CAAM y el Musac. He mantenido esa relación. He tenido la suerte de haberme relacionado con artistas que luego han sido estrellas.

¿Cómo se ve el panorama cultural canario desde el exterior? Mi impresión, desde la distancia, es que se mantienen las mismas dificultades para un creador que se planteaban cuando me fui. No se han resuelto los problemas causados por estar fuera de la metróplis. No hay facilidades para los artistas, ni para producir, ni exportar, ni importar...El artista canario no tiene ni acceso ni relación directa con lo que sucede en el resto del Estado por la distancia y por cuestiones políticas y económicas. Me parece trágico que el gobierno recorte en un 65% el presupuesto de Cultura. Es demencial. Se debería esclarecer cuál es el recorte real que el Gobierno central impone al canario en relación con la cultura. Aquí hay poca transparencia política en relación a la cultura. Me parece descabellado que una entidad cultural dedique tanto dinero a los proyectos mascota de cada consejero de forma arbitraria: un día la Bienal, otro día a Septenio... Que son derroches increíbles que no han sido ni contrastados con intelectuales, ni con artistas, ni con emprendedores de la cultura, sino que se han escogido desde arriba, desde una identidad que no tiene relación directa con la cultura, que responde mejor a los intereses personales y políticos que a los de la población. Para hacer estos proyectos maleables ni siquiera se apoyan en instituciones establecidas, ni buscan su razón de ser en un marco conceptual sólido para ofrecer la cultura que realmente necesita la gente.