Donald Trump. / foto: AFP | Vídeo: EP

Trump da el primer paso de la derrota

Aunque se aviene a abrir el proceso de traspaso del poder, mantiene su enroque para no desincentivar la pugna electoral de enero por el Senado

MERCEDES GALLEGO Nueva York

«'Maíz', mediante la presente te concedo el perdón», recitó con solemnidad el presidente, mirando fijamente al pavo que había pasado sus últimas horas en la habitación de un lujoso hotel de Washington. «A 'Mazorca' no se le encuentra por ninguna parte», aclaró el mandatario con ínfulas monárquicas, que según todas las fuentes disfruta más que nada de ejercer el perdón presidencial.

La ridícula escena de lo absurdo simbolizaba este martes no solo la tradición del Día de Acción de Gracias, sino la metáfora perfecta para un presidente que se niega a aceptar la realidad y vive en un mundo paralelo. La tarde anterior, al ver que su directora de Servicios Generales de la Administración había aceptado traspasar al «aparente ganador de las elecciones» los fondos para iniciar la transición, Trump decidió apuntarse el tanto con un tuit. «Le he recomendado a Emily y a su equipo que hagan lo que sea necesario para iniciar los protocolos», mintió. La funcionaria, otra de sus leales, había dejado claro en su carta, inusualmente personal, que nunca había recibido «ni directa ni indirectamente» ninguna indicación del poder ejecutivo, «incluyendo a aquellos que trabajan en la Casa Blanca», para firmar la carta con la que autorizó el martes a las distintas oficinas de gobierno a compartir información con el nuevo presidente electo. «He llegado a esa conclusión de forma independiente, basándome en la ley y en los hechos disponibles», zanjó.

Los hechos seguían apilándose abrumadoramente en contra del republicano. «¡NO CONCEDO NADA!», retuiteó, parafraseándose a sí mismo. Pensilvania y Míchigan certificaron este martes los resultados que dan la victoria a Biden. Se cerraban así dos puertas más, y cada vez resulta más difícil imaginar cuál será la vía por la que puede proclamarse ganador, de no ser por la fuerza de las turbas en las calles. Solo el 3% de sus votantes cree que de verdad ha perdido las elecciones, según una encuesta de CNBC.

En otra menor de Reuters, apenas el 20% de sus votantes estaría dispuesto a aceptar al demócrata como presidente, pero únicamente «si se demuestra que ha ganado limpiamente», lo que aparentemente resulta imposible ante la negativa a aceptar los resultados oficiales. Y lo que es peor, un número cada vez mayor dice estar dispuesto a tomar las armas para evitar que a su líder le roben las elecciones, como demuestra la creación de nuevos grupo de «patriotas», como los South Plain Patriots en Texas, donde cientos de hombres blancos se entrenan para esa batalla.

El 20 de enero se ve aún muy lejos. Ese será el día en el que Trump tenga que abandonar la mansión presidencial. Los servicios secretos se reagrupan ya en torno a su residencia de Mar-a-Lago en Palm Beach (Florida); Nueva York retira los destacamentos policiales a las afueras de la Torre Trump y se prepara para recuperar el tráfico de la Quinta Avenida. Mientras, la 'socialité' de Manhattan, dispersa por el Covid-19 entre las mansiones de Long Island y las montañas de los Catskills, saborea el momento de darle la espalda a Ivanka Trump y Jared Kushner cuando vuelvan a la escena neoyorquina. Solo Donald Trump sigue en sus trece.

La Bolsa, por las nubes

Ni una palabra en la escena del pavo sobre la presentación del equipo de Gobierno que Biden llevaba a cabo paralelamente en Wilmington (Delaware). Solo unas para atribuirse el mérito de la Bolsa, que ha superado la barrera de los 30.000 puntos, reconfortada por la estabilidad que anticipan los nombramientos gubernamentales de viejas caras conocidas. «Creo que la gente me lo está reconociendo», dijo Trump.

El mundo corporativo y político apela al líder republicano del Senado, Mitch McConnell, para hacer aterrizar al presidente en la realidad de la derrota, pero el senador tiene otras preocupaciones. El resultado del 3-N ha dejado la Cámara Alta casi empatada, con una ligera ventaja para su partido que podría perder en la segunda vuelta de dos escaños pendientes en Georgia, a celebrarse el 5 de enero. Hasta entonces, McConnell tiene que hilar muy fino con el mandatario saliente. Trump ha obtenido diez millones de votos más que en 2016. No son ya los electores republicanos los que le han aceptado como su líder, sino trumpistas de nuevo cuño que se irán con él si les da la orden.

El presidente ha tomado como rehén de su delirio a los votantes de Georgia y, hasta que se pronuncien, los legisladores de su partido no podrán reconocer que el emperador está desnudo. La credibilidad del sistema democrático del país está en juego. La mayoría del Senado, también. «Georgia in my mind», cantaba Ray Charles.

Wisconsin, Arizona y Nevada, pendientes aún del recuento de votos

Después de la confirmación de Pensilvania, tan solo quedan tres Estados por comunicar sus resultados definitivos: Nevada, Arizona y Wisconsin. La decisión de Nevada es inminente, mientras que para el caso de Arizona habrá que esperar al 30 de noviembre y en Wisconsin, al 1 de diciembre, después de los recuentos solicitados por Trump. Antes de Pensilvania, otros Estados clave ya suscribieron sus correspondientes certificaciones de los resultados de las elecciones celebradas el pasado 3 de noviembre. Georgia lo hizo la semana pasada y Michigan, el lunes. En cualquier caso, estos resultados no van a alterar el triunfo de Joe Biden, ya que Nevada aporta 6 votos electorales; Arizona, 11, y Wisconsin, 10. Un total de 27 votos, que se restasen a los 306 adjudicados a Biden le seguirían dejando 9 por encima de los 270 necesarios para obtener la mayoría.