Joe Biden, en su despedida como senador por Delaware horas antes de asumir la presidencia. / AFP

Biden, de la tragedia a la Casa Blanca

El presidente demócrata perdió a su mujer y dos hijos. Hoy es la ilusión del cambio de un país que le criticó en el pasado

CAROLINE CONEJERO Nueva York

Entre sus colegas en el Congreso era conocido como 'Joe Amtrack' (en España, se traduciría como 'Joe Renfe'). Y es un apodo perfecto para ilustrar el carácter de Joe Biden, el senador demócrata que durante 37 años hizo el viaje en tren diario, ida y vuelta, desde la residencia familiar en Wilmington (Delaware) hasta el Capitolio en Washington DC para pasar más tiempo con sus hijos.

Muchos en la capital pensaban que aquel joven congresista, siempre directo a la estación de tren después de la última sesión de votación, no tenía la ambición de ser una figura nacional porque no frecuentaba lo bastante los círculos políticos de Washington. Sin embargo, Biden, que ganó su primer escaño al Congreso en 1972, siempre mantuvo, desde que lideraba la clase en el instituto, su aspiración de llegar a ser presidente del país. Fue la vida la que dictó de otra manera el destino de este católico irlandés cuando la fatalidad le golpeó en lo más íntimo, su familia, a las puertas de la oportunidad política.

Joe Biden fue el primero de cuatro hijos de un empresario venido a menos en Scranton (Pensilvania). Nació en 1942 y creció entre las dificultades económicas de aquellos tiempos, que obligaron a la familia a mudarse a Delaware, y, en ocasiones, a vivir con otros allegados para costearse los gastos. En 1966, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Siracusa, se casó con Neilia Hunter, una compañera de segundo año. Antes, venció la resistencia de los padres de ella a casarse con un católico. Biden le planteó su objetivo de convertirse en senador a los 30 años y luego, presidente.

La pareja tuvo dos hijos, Joe Beau y Hunter, y una hija, Naomi. En 1972, el líder demócrata hizo su apuesta al Senado en un distrito densamente republicano. Con una pequeña operación de campaña dirigida por su esposa y un compacto círculo familiar, Biden arrebató por un estrecho margen el escaño del republicano J. Caleb Boggs. Así, a los 29 años, se convirtió en uno de los senadores más jóvenes.

La primera tragedia

Apenas unas semanas después, el 18 de diciembre, su esposa y sus hijos realizaban las compras navideñas en Hockessin cuando su coche fue arrollado en un cruce por un camión. Neilia y su hija Naomi, de 13 meses, murieron en el accidente. Beau y Hunter resultaron gravemente heridos. Biden entrevistaba al personal para su nueva oficina en Washington DC cuando recibió la llamada telefónica que cambiaría su vida para siempre.

El senador, que más tarde ha admitido haber considerado el «suicidio» por aquella tragedia, pensó en renunciar a su escaño para cuidar de sus hijos. Sin embargo, el líder de la mayoría del Senado, Mike Mansfield, le convenció para que no lo hiciera. Años después, el vicepresidente señaló que, « mirando hacia atrás, la verdadera razón por la que iba a casa todas las noches era porque necesitaba a mis hijos más de lo que ellos me necesitaban a mí».

La muerte de Neilia y Naomi marcaron la dirección de la carrera posterior de Biden. Su juramento al Senado se llevó a cabo junto a la cama de sus hijos en el hospital y ahí empezaron los viajes diarios, primero en coche, y después en el tren. Cinco años después, contrajo matrimonio con Jill Jacobs, una profesora de literatura con la que tuvo a su hija Ashley Blazer en 1980.

Tras cuatro décadas de estabilidad en el Congreso, Biden es seleccionado en 2008 por el entonces candidato Barak Obama como compañero de equipo para vicepresidente. La era de Obama, de gran simbolismo, se inauguró en medio de una formidable depresión económica, acometió el titánico proyecto del Obamacare, pero también acabo defraudando a numerosos electores.

Un nuevo golpe

Una vez más, la familia Biden vuelve a ser golpeada duramente por la tragedia. El 30 de mayo de 2015, Beau, excombatiente condecorado en la guerra de Irak, sucumbe a los 46 años a un difícil cáncer cerebral. El hijo mayor y orgullo de Joe Biden, fiscal general de Delaware, había seguido los pasos de su padre y era visto ya como favorito en la nominación demócrata para gobernador.

El vicepresidente, que durante la enfermedad de Beau redujo discretamente su horario público para pasar más tiempo con él, convirtió la lucha contra el cáncer en la misión de su vida. Tras anunciar que no buscaría la presidencia, en enero de 2016 Biden cogió por última vez el Amtrack de Washington; esta vez, con billete de vuelta a casa definitiva hacia la jubilación.

Sin embargo, llegó otro extraño giro de la vida. El senador republicano John McCain, su amigo durante más de tres décadas, murió en 2018 a los 81 años a causa del mismo tipo de cáncer agresivo del que falleció Beau. Biden fue el encargado de pronunciar el discurso de despedida en el funeral. Y pronto, la dirección demócrata le convenció, como político muy del agrado de los republicanos tradicionales, para liderar el tándem electoral destinado a competir con Trump el próximo 3 de noviembre.

El entonces candidato, entrenado en emergencias, dio el sí y a sus 78 años se convirtió en el hombre del momento, al frente de una campaña concebida para salvar al país del autoritarismo y el colapso económico. En la recta final de las elecciones más importantes en muchas décadas, el tren de Joe Biden marchó a paso firme a la presidencia que, paradójicamente, le brinda una rara oportunidad histórica para elevarse sobre el momento político que atraviesa el país, conducirlo hacia las reformas democráticas que marcan los tiempos y redimirse de algunas de las decisiones tomadas durante su vicepresidencia.