La ministra española de Economía y Empresa, Nadia Calviño, conversa con el comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, en una reunión de ministros de Economía y Finanzas de la eurozona en Bruselas. / EFE

El segundo pinchazo de España tras el fiasco del popular De Guindos

El hoy vicepresidente del BCE se presentó formalmente en 2015 pero el puesto recayó en el holandés Jeroen Dijsselbloem

SALVADOR ARROYO Corresponsal. Bruselas

Nadia Calviño ha estado más cerca que nunca de conseguir que España asuma el control del Eurogrupo, uno de los altos cargos más codiciados. Pero no lo ha logrado, lo que eleva el balance final a dos pinchazos (tres si se computa un amago con retirada a tiempo) en los últimos cinco años. Ese amago se produjo en 2017, cuando el nombre del entonces ministro de Economía, Industria y Competitividad del Gobierno de Mariano Rajoy, Luis de Guindos, volvía a ser incluido en las quinielas como uno de los 'posibles' para competir por el control de este órgano colegiado de los ministros de Finanzas de los Diecinueve países del euro.

De Guindos renunció a presentarse el 30 de noviembre de aquel año. No llegó a cursar si quiera formalmente la solicitud porque pareció tener claro que no tenía ninguna posibilidad de conseguirlo. Así que aquella disputa se cerró entre Mario Centeno, el eslovaco Peter Kazimir y la letona Dana Reizniece-Ozla, con el resultado ya conocido. El portugués se impuso a sus rivales.

De Guindos ya lo había intentado dos años antes (en 2015). Y esa vez sí, de manera efectiva. Incluso La Moncloa defendió que su candidato contaba con el aval de Alemania. Pero finalmente el puesto recayó en el holandés Jeroen Dijsselbloem, que presidiría este órgano colegiado durante cinco años. Antes que él tuvo esa responsabilidad el luxemburgués Jean-Claude Juncker (2005-2013).

A De Guindos le pesó en aquella ocasión el modo en el que el Gobierno administró la quiebra y el posterior rescate de Bankia y, según se insistía entonces, también la forma en la que el hoy vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE) definió aquel movimiento. Habló de una especie de «préstamo en condiciones ventajosas». Berlín termino manteniendo su alianza con el entonces núcleo duro de países que renegaban de salvar la cuentas públicas de quienes habían sido poco celosos con el gasto con inyecciones de fondos europeos. Berlín dio el empujón definitivo a su socio natural, a Holanda.