Nadia Calviño. / Efe

Calviño pierde la votación y el irlandés Donohoe será el presidente del Eurogrupo

Países Bajos, Austria y el club de los bálticos empujan a Donohoe a la presidencia del Eurogrupo y agravan la brecha norte-sur

SALVADOR ARROYO Corresponsal. Bruselas

Aquel «pequeños con poco peso» con el que Nadia Calviño se refirió en noviembre de 2018 a los países del norte más ortodoxo, ha terminado por condenarla. Una rebelión en toda regla de esos Estados, aliados en lo que se conoce como Nueva Liga Hanseática (con Países Bajos a la cabeza, varios nórdicos y todos los bálticos) arrasó este jueves con la aspiración de España de situar a su vicepresidenta económica a los mandos del Eurogrupo. La coalición que de forma perenne entorpece la integración europea se queda con el control al empujar al irlandés Paschal Donohoe a la jefatura del órgano que coordina las agendas económicas de los diecinueve países que comparten el euro.

Y lo hace en un momento clave para la UE, en plena disputa norte-sur por las condiciones de un plan de recuperación vital para los países más cruelmente golpeados por la pandemia del coronavirus; para España, Italia y Francia. Así que el fracaso es tan rotundo como inquietante. Y con gran onda expansiva.

Porque el golpe de mano de los intransigentes o austeros, parte de ellos reagrupados bajo la etiqueta de 'frugales' (Paises Bajos, Austria, Dinamarca y Suecia) llega a una semana de la cumbre en la que se negociará ese plan -750.000 millones de euros de los que medio billón serían no reembolsables-. Porque no se trata solo de una humillación para España que sale muy debilitada, también lo es para el resto de grandes potencias del euro que dieron su cobertura pública a Calviño en esta elección (la todopoderosa Alemania, Francia e Italia).

Porque supone además un vuelco político en el propio Eurogrupo. Mario Centeno, socialista, solo había completado la mitad de la teórica alternancia ideológica cada cinco años. Las inercias progresistas se diluyen. Los populares europeos habían empujado por Donohoe. El equilibrio se ha resquebrajado. E incluso la derrota de la vicepresidenta da para una lectura en clave doméstica: merma su autoridad ante el socio de coalición; ante un Pablo Iglesias, con el que ha tenido más de un desencuentro público.

«Espero trabajar con todos mis colegas para garantizar una recuperación justa e inclusiva para todos e ir superando todos los retos que tenemos por delante con determinación», destacaba Donohoe nada más conocerse el veredicto. A las 19.24 horas, después de más de cuatro de una reunión telemática que dejó la votación para el final de la agenda.

Proceso opaco

La discusión sobre las previsiones económicas de verano que dio a conocer la Comisión Europea el martes y el debate sobre los planes presupuestarios y las recomendaciones para la eurozona de cara a 2021 precedieron al escrutinio. Los tres candidatos (el luxemburgués Pierre Gramegna completaba la terna) hacían una breve presentación a eso de las 17.45 siguiendo un orden alfabético.

Media hora después se inició la primera ronda de votación. Ninguno consiguió la mayoría simple necesaria (diez de los diecinueve votos). El procedimiento preveía que dos funcionarios del Consejo a cargo del proceso fuesen los únicos con conocimiento de los resultados y se encargaran de informar personalmente a los tres de los apoyos que habían logrado. En ese momento trascendía una combinación 9-5-5. El gran número, para Calviño.

Dada la opacidad del proceso se especuló con que los tres continuarán para la segunda ronda, pero el luxemburgués acabó retirando su candidatura. Y claro, supuesto trasvase de sus votos (tenía cantados en público los de Luxemburgo, Países Bajos, Bélgica e incluso Malta) al candidato de los conservadores. Para La Haya y acólitos, Gramegna y Donohoe parecían piezas intercambiables. Y así terminó siendo. Esa falta de transparencia no permite descartar posibles deserciones en las filas de Calviño. Pero el presidente del Gobierno Pedro Sánchez se refirió a que «desgraciadamente nos hemos quedado a un voto de poder lograr la mayoría y tener a una mujer socialista de España al frente de la presidencia del Eurogrupo». Un voto sacó fuera a España y metió de lleno a Irlanda, considerado paraíso fiscal europeo.

Calviño felicitó a su contrincante. «Esperamos trabajar juntos para asegurar una recuperación robusta que no deje a nadie atrás». Luego agradeció el apoyo recibido de «las fuerzas políticas y los agentes sociales. De tantos amigos y también de ciudadanos anónimos». Y, por supuesto, a Sánchez «por su plena implicación y respaldo». ¿Qué más podría salir mal?