Protestas de un grupo de pensionistas a las puertas del Congreso. / efe

Pensiones y empleo: las reformas que exige Bruselas para el nuevo curso

El Gobierno tendrá que pisar el acelerador en septiembre para llegar a tiempo a los límites de la Comisión Europea para obtener los fondos

Edurne Martínez
EDURNE MARTÍNEZ Madrid

No hay mucho tiempo. El Gobierno es consciente de que a partir de septiembre tiene que pisar el acelerador si quiere llegar a tiempo a los márgenes exigidos por la Comisión Europea para ir desembolsando la lluvia de millones del Plan de Recuperación. Aunque algunas medidas ya se han llevado a cabo, aún quedan otras muchas a realizar en solo cuatro meses de curso.

El Gobierno ha recibido el visto bueno de Bruselas hasta ahora y ha ingresado esta misma semana los primeros 9.000 millones de financiación y, casi con toda seguridad, pasará el filtro para que la Comisión le apruebe los otros 10.000 millones en diciembre.

Eso sí, el siguiente pago ya dependerá de que se cumplan algunas de las reformas pactadas, siendo las más importantes la laboral y la de pensiones. Respecto a la primera, la vicepresidenta Nadia Calviño asegura que el objetivo es conseguir ese nuevo marco de normas laborales «a finales de 2021» puesto que es la reforma «más urgente desde un punto de vista estructural».

Pero la negociación con los agentes sociales no está en su mejor momento y aunque Calviño confía en que antes de que termine el año se consiga un acuerdo, la realidad es que las conversaciones están bastante encalladas.

Las reuniones empezaron formalmente en enero de 2020, pero la pandemia las aparcó y se retomaron el pasado mes de marzo. Tras el parón veraniego, las conversaciones continuarán en septiembre y, aunque no hay muchas filtraciones, en una de las últimas reuniones la patronal de empresarios ( CEOE) reconoció que la propuesta del Ministerio de Trabajo era «inaceptable».

Sin embargo, la reforma laboral tiene que aprobarse este año sea como sea y el Gobierno le ha recordado en varias ocasiones a los empresarios que es mejor una solución consensuada, por lo que se prevé que a partir de septiembre las conversaciones se tensen cada vez más.

El gabinete de Yolanda Díaz ya ha desgranado sus intenciones para la reforma laboral aunque al estar sujetas al diálogo con patronal y sindicatos están abiertas a cambios. La idea principal es desmontar determinados elementos de la legislación laboral del PP de 2012 y abordar retos que Bruselas considera urgentes, como la reducción de la temporalidad, las altas tasas de paro juvenil o dar flexibilidad para evitar los despidos a través de mecanismos como los ERTE que tan bien han funcionado en la pandemia.

Desde Bruselas destacan ciertas partidas que España se compromete a asignar: 2.400 millones para abordar la reducción del uso de contratos temporales y un mejor apoyo a los solicitantes de empleo, formación e incentivos a la contratación. También valora los 765 millones del plan contra el desempleo juvenil o los 2.000 millones para formación profesional (reciclaje de la población activa mediante la creación de 135.000 nuevas plazas).

Nuevo sistema de pensiones

La otra gran reforma que exige Bruselas es la de las pensiones con el objetivo de «preservar su sostenibilidad a medio y largo plazo apoyando vidas laborales más largas», explica la Comisión.

Hasta el momento, el Gobierno ha aprobado un anteproyecto de ley para introducir modificaciones en el actual sistema de jubilaciones con el que pretende sobre todo mantener el poder adquisitivo de los pensionistas y penalizar los retiros anticipados. Así, la primera fase de la reforma ya está en marcha y el Gobierno la comenzará a tramitar en septiembre en el Congreso para que entre en vigor en enero de 2022.

Entre las medidas más importantes de esta primera fase está el mecanismo de revalorización para garantizar el poder adquisitivo de los pensionistas, de forma que el 1 de enero de cada año la nómina subirá de acuerdo con la inflación media anual registrada el año anterior, ligando así las pensiones al IPC.

El segundo punto es solucionar uno de los problemas del sistema actual. Y es que la edad efectiva de jubilación, es decir, a la que los españoles realmente se retiran del trabajo, está actualmente en los 64 años y 6 meses, de acuerdo con los datos del Banco de España, mientras que la edad legal se sitúa en 65 años para los que hayan cotizado a partir de 37 años y 3 meses, y en 66 años para los que hayan trabajado menos tiempo. El objetivo del anteproyecto es ir acercando la edad efectiva a la legal a través de mecanismos de revisión, penalización de las anticipadas y fomento del retraso voluntario de la jubilación.

Además, esta primera fase de la reforma incluye otros puntos importantes como el traspaso de los gastos impropios del sistema a través de una transferencia del Estado a la Seguridad Social para financiar las pensiones. Es una transferencia que ya se ha incluido en los Presupuestos de 2021.

Asimismo, la cotización por ingresos reales de los autónomos, que se articulará gradualmente a partir del año que viene para buscar un mayor equilibrio en sus cuentas. El acuerdo incluye otras recomendaciones realizadas por el Pacto de Toledo como la creación de la Agencia de la Seguridad Social, la cotización de becarios o la equiparación de las pensiones de viudedad para parejas de hecho.

Cómo aliviar la factura de la luz

Más allá de la reforma laboral y de pensiones que exige Bruselas, el Gobierno tiene una piedra en el camino que le puede obstaculizar la tarea lo que queda de año: la factura de la luz. La electricidad lleva todo el verano en máximos históricos y consumidores y empresas reclaman al Ejecutivo acciones concretas que permitan abaratar el recibo en momentos como este.

Sin embargo, hasta ahora el Gobierno se ha limitado a rebajar el IVA del 21% al 10%. Y de forma temporal hasta diciembre. Ante las críticas, ha abierto la puerta a tocar la tarifa regulada, única entre los países europeos, aunque implique incorporar un tramo fijo más elevado durante un tiempo. A más largo plazo, ha planteado crear una empresa pública para gestionar las hidroeléctricas que terminen sus concesiones, aunque la vicepresidenta Nadia Calviño duda de ello. «Tenemos que centrarnos en medidas eficaces y centrar nuestros esfuerzos en aquellos ámbitos que pueden tener un impacto real y no otras ideas que no pueden llevarnos al objetivo de un sistema con la energía más limpia y barata posible», dijo esta misma semana. Se prevé un septiembre de tensiones internas por la factura eléctrica.