Mel logra en seis días lo que la UD en seis meses

11/03/2019

En su sexto día como entrenador de la UD, Pepe Mel logró lo que el equipo no hacía desde hace seis meses.

Tremenda su carta de presentación ganando fuera de casa (hay que remontarse a septiembre para la última alegría lejos del Gran Canaria, que ya es decir), un golpe de efecto formidable, agua bendita para los tiempos que corren y una vitamina superlativa al mirar al futuro. El caso es que Mel fue amuleto y, de momento, regala unos días serenos y optimistas. Ha llegado con un pan debajo del brazo el entrenador madrileño, al que únicamente los resultados van a dar razones. Ya lo había advertido desde su llegada: ganar, ganar y ganar, todo lo demás está de sobra. El caso es que la UD se marcó un partido ortodoxo, con orden y concierto, futbolistas metidos en la faena y toneladas de sacrificio y concentración. Tampoco se necesita mucho más en esta categoría. Ajustar tuercas atrás y dar vuelo arriba a los artistas. Así lo interpretó Mel, sin tiempo para decisiones estrafalarias. Un 4-4-2 tradicional, con dos de la vieja guardia en el cierre (David García y Aythami), medular de transición, con bandas abiertas, Araujo flotando en los tres cuartos y Rubén suelto arriba.

Con esta receta neutralizó la UD todos los peligros en Riazor y se manejó con soltura y prestancia. El gol llegó muy al final, pero ya antes merecía mejor suerte. A decir verdad, hacía mucho tiempo que no se le veía una función tan redonda al equipo y más en un escenario áspero en el que, no se engañen, semanas atrás este grupo sería carne de cañón. Por supuesto que hay que atribuirle al entrenador sus méritos. Menos de una semana para meterse a todos en el bolsillo y que crean en lo que les dice, sin dudas, sin interrogantes. Con arrojo y determinación.

La UD regresa de Galicia inflada, con aspecto saludable, sabiéndose que está a tiempo de todo aunque sea únicamente un primer paso, de momento insuficiente pero, también, indispensable a largo plazo. Va a ser necesaria una montaña de finales como la de anoche, incluso con el punto de fortuna que tuvo Aythami para meterla desde fuera del área y pegadita al palo. Aythami merece capítulo aparte en ese lunes de insurgencia.

Se han dicho mil y un disparates de Aythami a propósito de su regreso en enero desde el Córdoba. Encima, estaba inédito hasta la llegada a Riazor, sin un minuto que echarse a las piernas al menos para coger rodaje. Mel lo sacó de la cueva, le dio galones (como a David García) y el de Arguineguín se marcó un partidazo, adornado, además, por el don de la oportunidad. Se lanzó arriba oliendo la sangre y, llegado el momento, miró a puerta y la clavó. De momento, por aportaciones como la de esta jornada, rentabiliza al máximo su fichaje. Queda mucho por delante, pero ahí lo tienen, brazos al cielo y el escudo latiéndole en el corazón. Que aprendan todos.

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