Pimienta, durante una sesión de entrenamiento. / ud las palmas

La UD, ante el partido de la temporada

Convencimiento en el equipo de que ganar en Alcorcón tiene la llave para no depender de terceros en la lucha por la promoción de ascenso

IGNACIO S. ACEDO Las Palmas de Gran Canaria

Superando el eco de los derbis y sin comparación con ningún otro de esta temporada. El encuentro que aguarda el domingo ante el Alcorcón en la capital madrileña es catalogado dentro de la UD como «el más importante de la temporada» dada la altura del calendario, con tres jornadas para la conclusión del campeonato regular, y la configuración de la tabla con el panorama de los rivales directos, en principio Oviedo y Ponferradina por proximidad si bien el Girona, como los asturianos con tres puntos más, tiene el gol-average particular ganado, lo que le confiere un pequeño margen de error en este tramo. Tendría que pinchar dos veces y no es algo que se contemple en estos momentos.

Benito, portavoz esta semana de la plantilla en sala de prensa, admitió públicamente que no hay más mañana que el Alcorcón en el pensamiento de todos. Y, de puertas para adentro, no se maneja otro supuesto que el de hacer los deberes como premisa básica para seguir soñando.

Tal y como está todo, la UD depende de sí misma para superar el Oviedo, le vale con hacer pleno de puntos y, con el empate de la primera vuelta en el Tartiere (1-1), en ocho días se pondría por encima cuando llegue su visita al Gran Canaria, y el foco está puesto en el compromiso lleno de espinas que tiene mañana la Ponferradina en Pucela y ante un Valladolid que se está jugando el ascenso directo. Todo lo que no sea ganar dejaría al conjunto leonés al alcance. Y, a diferencia del Girona, con los de Bolo sí acompaña la suerte en el doble emparejamiento de este curso, por lo que en caso de empate final, la UD quedaría por arriba tras ganar tanto en la isla (2-1) como en El Toralín (1-2).

En suma, que ganar en Alcorcón, si se cumple la lógica y el Valladolid no cede, tendría el premio doble de encarar el cierre del curso con todo por ganar y señalada en rojo la comparecencia en casa con el Oviedo en la que, de no alterarse la hoja de ruta, y dando por hecho que llegue con la renta de ahora, se podría acometer el abordaje definitivo a las plazas de privilegio. Es lo que tienen visualizado en el vestuario que encabeza García Pimienta, siempre esforzado en no distraer la atención en lo ajeno aunque, por las circunstancias, ya obligado a mirar a la periferia que es vinculante.

Pimienta contempla con moderado optimismo lo que está por venir ( «van a pasar muchas cosas hasta el final», suele repetir en las últimas semanas a modo de predicción esperanzadora, porque es eso lo que necesita la UD) y ha aleccionado a sus hombres para que no bajen el pistón (seis victorias y dos empates en las últimas ocho jornadas) dado el efecto intimidatorio que han generado y el mensaje a los oponentes, que saben que, hablando de fiabilidad, pocos hay ahora como la UD. Y eso, a finales de mayo, puede ser la garantía de un desenlace feliz.