Nadal celebra un punto en su semifinal ante Berrettini. / Martin Keep (Afp)

Final

Nadal y el peso de la historia

Medvedev es el último obstáculo que debe superar el balear para convertirse en el mejor tenista de todos los tiempos

ENRIC GARDINER MADRID

Daniil Medvedev ya sabe el lugar que le ha dado la historia. Interponerse a ella. Él fue el encargado de romper el sueño de Novak Djokovic de completar el Grand Slam, algo que no se logra desde 1969, cuando le derrotó en el pasado Abierto de los Estados Unidos. Él es el último eslabón entre Rafa Nadal y el vigésimo primer Grand Slam, el hito que servirá para definir al español como el mejor de la historia.

Es el encuentro más complicado que ha enfrentado Nadal desde las semifinales de Roland Garros contra Djokovic hace más de medio año. No es favorito, pero la presión está puesta sobre él. Como cuando Djokovic rompió a llorar en el último juego de la final de Nueva York de 2021, cuando ya se sabía perdedor. Llega el peso del 21 y lo hace ante el mejor tenista del momento, el jugador que podría salir como número uno de Melbourne, virtual, eso sí, ya que los puntos del torneo del año pasado no se descuentan hasta febrero.

Medvedev es el mejor en cemento, su superficie predilecta, pero en la que Nadal ya le ha batido en dos ocasiones, en dos finales. Una en el Masters 1.000 de Canadá 2019 y otra en la final del US Open 2019, en la que se fueron hasta cinco sets. Aquella temporada, Nadal inclinó en tres ocasiones al ruso, que se desquitó en las Finales ATP de 2020, remontando un partido perdido y consiguiendo su primera victoria ante el balear.

Pero una final de Grand Slam es otra historia. Medvedev ya perdió la del año pasado en Melbourne y se estrenó en Nueva York. Su tensión no está al nivel de la de Andy Murray, por ejemplo, que en su día perdió sus cuatro primeras finales de un grande. Por eso sabe que, aunque muchos le pongan como el favorito, la presión va por otro lado. «Es la segunda vez que juego una final contra alguien que puede llegar a los 21. Estoy seguro de que Rafa vio mi final con Djokovic y estoy seguro de que Novak verá el partido del domingo», dijo el ruso, consciente de todas las aristas que tiene el encuentro.

Maldición

Tampoco perderá ojo de la pantalla el lesionado Roger Federer, que está en la sombra esperando la oportunidad para dar sus últimos coletazos y que ha pasado de ser el primero en llegar a 20, a ser el que más difícil lo tiene para conseguir el 21. Un triunfo de Nadal este domingo dejaría atrás al suizo y al serbio, y se reabriría el debate de quién es el mejor, que desde la temporada pasada tenía encauzado el de Belgrado.

Sus registros en el número uno, donde suma más semanas que nadie con 357, su versatilidad en las superficies, el número de Masters 1.000 que tiene, las Copas de Maestros que atesora y, sobre todo, el cara a cara ganado con Federer y Nadal, le impulsaban por encima del resto. Pero los Grand Slams son otra cosa. Uno arriba o uno abajo será un poderoso argumento para señalar al mejor.

Nadal tiene además la oportunidad de desquitarse de una maldición que le persigue desde 2014. Podrá convertirse en el segundo jugador de la Era Abierta en conquistar todos los Grand Slams al menos dos veces. El balear ha tenido tres opciones de conseguirlo, en las finales de Australia de 2014, 2017 y 2019, pero le terminó superando Djokovic, que lo logró en Roland Garros la temporada pasada. Se quitaría una espina que lleva clavada muchos años en Australia y evitaría igualar las cinco finales perdidas por Murray. Es solo un partido lo de este domingo en la Rod Laver Arena, pero es el gran partido en el que el mejor de la historia puede quedar definido. Solo queda por delante Medvedev.