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Dominic Conde y David Vega, en una imagen reciente. mediapress global
Dominic Conde-David Vega, una historia de fe y éxito
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Dominic Conde-David Vega, una historia de fe y éxito

tenis ·

El entrenador y promotor conoció al actual campeón de España de dobles cuando era un niño y ha cimentado su carrera con mimo

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San Bartolomé de Tirajana

Miércoles, 7 de diciembre 2022, 13:32

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¿Qué hace que, de entre dos niños que comienzan a jugar a tenis a la misma edad, mismas características y mismo entrenamiento uno llegue a lo más alto mientras el otro abandona? Hay campeones de España de 14 y 16 años que meses o años después dejan el tenis y no vuelven a coger una raqueta. La presión, las lesiones, el agotamiento, a veces incluso el aburrimiento o la falta de motivación truncan carreras que parecían prometedoras.

Dominic Conde, actual miembro de la directiva de la Federación Española de Tenis, promotor de torneos, y sobre todo entrenador y profesor, tiene la clave: los niños tienen que disfrutar. Sus padres tienen que disfrutar. Y el tenis tiene que ser un juego hasta que el niño tenga una edad donde lo sienta como una pasión, y sepa que es aquello a lo que quiere dedicarse. Así hay más posibilidades de que pueda llegar lejos de una forma sana.

Dominic fue entrenador de su hermano Marcos, campeón de España Junior de dobles, de Anahí Navarro dos veces campeona de España de dobles alevín e infantil, entrenó a David Marrero, número 5 del mundo, durante sus años de más éxito en dobles. Y a David Vega, campeón de España de dobles que actualmente ocupa el número 31. «Siempre he tenido una relación muy especial con el dobles», dice.

Días atrás, con motivo de la celebración del ATP eó Hotels Maspalomas Challenger 2022, el último Challenger del año del que Dominic es promotor, alumno y profesor han podido reencontrarse y repasar recuerdos, como una foto en la que un David Vega de apenas 8 años sostiene su primer trofeo junto a Dominic. «Ese trofeo me lo inventé», confiesa Dominic, «en un campeonato en La Pardilla, le di el premio al jugador más joven, para que se motivase». «Yo no tenía ninguno y aquello me encantó, todavía lo conservo, los conservo todos, eso es algo que aprendí de Dominic y de su hermano Marcos que guardaba todos sus trofeos en una habitación», dice Vega. David tenía tres años cuando su madre, que no sabía qué hacer con aquel niño hiperactivo y con déficit de atención, fue al club. «Le dije que era mejor esperar a los cuatro años. De repente vi a David subiendo a un árbol, saltando… No me lo pensé y le dije a su madre, tráelo mañana», recuerda.

Es importante que los jugadores comiencen a edades tempranas, siempre desde la base del juego, alternando con otros deportes, no es bueno especializarse pronto. Para Dominic, un error muy común es crear expectativas a las familias de que «su hijo va a llegar lejos y que hay que entrenar muchas horas». Para este profesor de tenis vocacional se trata de ir etapa a etapa y de acumular experiencias para formarles como tenistas y como personas. Un viejo álbum de fotos lo atestigua: primer viaje a Adeje con 11 años y mucha ilusión, un grupo de niños de 12 años, entre ellos David, jugando delante del Guggenheim, instantáneas en el aeropuerto de Sevilla «con aquel raquetero que me encantaba», excursiones a Sioux City, visitas culturales, parques de atracciones… Había tiempo para todo.

Vivencias

Otro factor importante es no crearles presión por los resultados. «Si con 16 años están cansados del tenis quizás sea porque entrenan demasiado, les hayan creado falsas expectativas, no les dejen disfrutar de otras cosas o porque el entrenador aísle al niño de los demás», dice. Ambos rememoran un campeonato de Canarias en La Palma en el que David partía como favorito y perdió en cuartos, «y no pasó nada, el otro jugador lo hizo mejor. Pero no me preocupó, David lo intentó hasta el final y su actitud fue excelente, se aprende y se sigue. Y así ha sido». Hoy en día esas enseñanzas le siguen sirviendo como tenista profesional, «no vivo las derrotas como un drama y eso me viene de entonces». Y no es lo único. La técnica, los golpes, los saques, su derecha… «siguen siendo igual a lo que Dominic me enseñó, he pasado por varios entrenadores y nadie nunca me ha tocado nada. Aquí fue donde aprendí a jugar», insiste el jugador.

Otro punto muy importante es el respeto. «A los árbitros, a los jugadores, dentro y fuera de la pista, al deporte, no haciendo trampas A David nunca le vi quitar una bola porque las dudosas las seguía. Y también fundamental el entorno, en el caso de David, sus padres entendieron perfectamente cuál era su papel, de padres que tienen un hijo al que querer, no un tenista. Al final se trata de que tengan una infancia feliz, disciplinada, eso sí, pero tranquila. Y reforzarles mucho su autoestima», dice. Dominic recuerda un día en el que David se acercó a él cuando hablaba con una familia y, antes de decirle que se iba a entrenar los saludó a todos uno a uno. «Le llamé y le dije que me emocionó más que cualquier torneo ganado»,

«¡Pero no todo era tan bonito!», ríe David. «¿Te acuerdas de cuando me dejaste sin el sponsor de aquella marca de ropa? Yo estaba como loco por fichar con ellos y se lo dio a otra niña porque yo lancé al suelo una raqueta durante un entrenamiento». Dominic Conde trabajó con David hasta que cumplió casi los 18 años y se fue a la Academia de Juan Carlos Ferrero. 15 años en los que aquel niño al que siempre sacaban de clase y que no se concentraba comenzó a convertirse en uno de los jugadores más prometedores, «aunque sigo siendo el mismo niño de ocho años de la foto con su trofeo en la mano».

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