Marc Márquez celebra la pole conseguida en tierras niponas. / Reuters

GP de Japón

Márquez: «La luz al final de túnel cada vez brilla un poquito más»

El rendimiento del catalán en Japón demuestra que su recuperación total cada vez está más cerca y que la decisión de operarse el brazo por cuarta vez fue acertada

JESÚS GUTIÉRREZ Motegi

No ha pasado ni un mes desde que Marc Márquez recibió la autorización de su equipo médico para volver a subirse en una moto. La rehabilitación después de su cuarta operación en el brazo derecho iba cumpliendo con los plazos más optimistas, pero necesitaba comprobarlo encima de su Honda. Solo así sabría si su brazo estaba recuperado para hacer una vida normal como la de cualquier ser humano; o si además podría volver hacer vida de extraterrestre sobre una MotoGP. Visto lo visto en Japón, ya se puede decir que Marc Márquez está de vuelta.

Y es que aún más importante que la pole que logró el sábado en el circuito de Motegi es cómo se siente encima de la moto. En sus anteriores retornos a la competición, su brazo no le dejaba pilotar en una posición natural. No había dolor, pero no era capaz de explotar las virtudes que le han llevado a ser el mejor piloto de los últimos años. Luego supo que tenía el húmero rotado 34 grados y ahí estaba el problema. Con la compleja intervención quirúrgica a la que se sometió el pasado mes de junio en Estados Unidos le corrigieron esta desviación y ahora ya puede moverse encima de su Honda como lo hacía antes.

«Japón ha sido la confirmación de que puedo pilotar como quiero, al menos con la posición que deseo y puedo levantar la moto en las curvas de derechas, que antes no podía. Eso me da mucha tranquilidad. Luego ya veremos cuál es el cien por cien del brazo, pero siento que ya he ganado con la decisión de operarme otra vez», comentaba Marc Márquez, más sonriente de lo habitual.

Es pronto para exigir que Marc Márquez vuelva a ser el piloto enorme de 2019. Físicamente su brazo todavía está muy lejos de estar en plena forma. Por eso es más competitivo en condiciones de mojado que en seco, cuando la exigencia física sobre una MotoGP aumenta considerablemente. Y por eso también, para él es más fácil hacer una vuelta rápida para lograr una pole que mantener la constancia durante una carrera a 24 vueltas, porque cuando llega la fatiga en el brazo necesita compensar con otras partes del cuerpo y es ahí donde cambia su posición natural encima de la moto.

Un mensaje para Honda

La travesía en el desierto que ha vivido Márquez en los últimos dos años es extrapolable a la que ha vivido Honda, su casa desde que aterrizó en la categoría reina del motociclismo en 2013. El gigante de las dos ruedas atraviesa su peor momento en el mundial, con una moto crítica que este año ha estado muy lejos en prestaciones de las motos europeas, principalmente de Ducati y de Aprilia.

Honda es última en el campeonato de constructores y solo ha logrado un podio en 2022. Han sido muchas más las decepciones que las celebraciones para esta firma japonesa en estos dos años, por esos estas pequeñas alegrías también son muy importantes para ellos. «Tanto el equipo, como Honda y como yo necesitábamos tener este tipo de estímulos, este tipo de sensaciones. Volver a celebrar cosas y seguir trabajando para darle la vuelta a esta situación», explicaba el piloto de Cervera.

Marc Márquez conduce su Honda en Motegi. / AFP

No podía haber elegido un escenario mejor que el circuito Motegi, propiedad de Honda y que tantas alegrías le ha reportado en el pasado, ya que aquí ha celebrado tres de sus ocho títulos mundiales. Junto al trazado se encuentra el museo de la marca, que guarda todos sus tesoros tecnológicos y que es el reflejo de una compañía orgullosa de su legado. A este gran premio acude cada año la plana mayor de la corporación, que ahora respira aliviada al ver que su principal activo vuelve a brillar. Aunque es precisamente eso lo que más teme el propio piloto español. La relajación por parte de Honda. El no ver que a veces el árbol tapa al bosque.

«Tenemos que seguir trabajando porque esta no es la realidad en la que estamos», reclamaba a Honda un siempre exigente Márc Márquez.

Pese a no estar en la batalla por el título, estas últimas carreras de la temporada son tan importantes para él como cuando se jugaba los campeonato. Las poles, los podios o las victorias son esos «estímulos» tan necesarios, pero nada es tan importante ahora como acumular kilómetros de calidad. Ese aprendizaje que solo puede hacerse en un gran premio y con el que pretende volver a la cima en el año 2023. Está en el proceso, porque como apuntaba el propio Márquez el sábado: «La luz al final de túnel cada vez brilla un poquito más».