Carlos Sainz celebra su victoria en Silverstone. / EP

Análisis

Cómo Carlos Sainz ha iniciado una revolución

La victoria del español en Silverstone ha puesto de manifiesto que está dispuesto a revertir el orden establecido y quizá a aspirar a mucho más

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO MADRID

El Gran Premio de Gran Bretaña de Fórmula 1 ha sido un antes y un después para Ferrari. Ganaron pese a que estuvieron muy cerca de regalar la victoria por ese absurdo y ya previsible caos que ellos mismos son capaces de generar cuando tienen que tomar decisiones. Parafraseando al Joker de Heath Ledger: son como un perro persiguiendo a un coche, que si lo cogen no saben qué hacer después.

La frase más comentada del domingo en el que Carlos Sainz se convirtió en el 112º piloto que ganaba una carrera de Fórmula 1 fue toda una declaración de intenciones: «Stop inventing», o «dejad de inventar». Sainz, en un acto de rebeldía que sirvió para desatarse de esa 'barrichellización' o 'massisación' a la que se había visto condenado, desobedeció una orden directa de su equipo, que le pidió sacrificar sus opciones para primar a Charles Leclerc.

La acción tiene su enjundia. Leclerc, obligado por las circunstancias, no había podido parar en boxes a montar unos neumáticos nuevos blandos, como sí hicieron su compañero Sainz y Lewis Hamilton. Al español le cayó la suerte de que el coche de seguridad provocado por el abandono de Esteban Ocon le pilló justo en el momento óptimo, por lo que en Ferrari actuaron rápidamente con él. El problema es que Hamilton, en el que posiblemente haya sido su mejor fin de semana por ritmo puro, hizo lo propio. El piloto español salió segundo tras Leclerc, con el heptacampeón detrás y el coche de seguridad aún en pista.

Iñaki Rueda, máximo responsable de estrategia de Ferrari (bautizado de manera no muy amable como 'estratego'), tuvo que tomar una decisión. «Deja diez coches de ventaja con Leclerc», le pidieron a Sainz. Le estaban ordenando que renunciara a una posible primera victoria en Fórmula 1 por defender las opciones de su compañero, que ante los problemas mecánicos de Verstappen se veía ante un escenario perfecto para recortar puntos. Lo incomprensible es que Rueda, con la connivencia de los responsables de Ferrari, no vieran que eso era pegarse un tiro en el pie.

Leclerc iba con unos neumáticos duros que ya de por sí son mucho menos competitivos que los blandos, máxime cuando la pista no estaba en una temperatura lo suficientemente alta como para que el desgaste de las gomas rojas fuera un peligro. Esta lectura era evidente para todos, menos para los responsables del muro de Ferrari, por lo que Sainz tuvo que elegir: agachar la cabeza y obedecer, a sabiendas de que tenía pocas posibilidades de defenderse de Hamilton y que probablemente también acabara dejando vendido al propio Leclerc, o bien rebelarse y confiar en lograr una victoria que podría calmar las previsiblemente turbulentas aguas que pudiera provocar esa decisión. La respuesta fue la segunda, Leclerc se vio obligado a ceder y acabó fuera del podio.

Por mucho que el monegasco se quejara de que no le primaron en la estrategia y que Sainz no obedeció las órdenes de equipo, la realidad es que si el español no hubiera tomado las riendas de la situación saltándose la disciplina, posiblemente las campanas de Maranello no hubieran repicado.

Dato mata relato

«Tienes que calmarte», le dijo Mattia Binotto a un enfurecido Leclerc nada más bajarse del coche. El líder (que aún lo es) de Ferrari acabó mordiéndose la lengua y cuando le bajaron las pulsaciones se alegró por su compañero de equipo. El buen ambiente que hay entre los dos pilotos de Ferrari se mantiene, al menos por el momento, si bien la situación puede cambiar a partir de ahora.

Si Sainz empieza a convertirse en un rival digno para Leclerc y pasa de pelear por podios a hacerlo por victorias, con permiso de un Max Verstappen al que no acompañó la suerte (ya es mal fario que sea un trozo de un AlphaTauri, el equipo B de Red Bull, el que se cuele en el fondo plano de su coche y le lastre durante toda la carrera), será un serio contratiempo para la paz en el seno del equipo italiano.

Las consecuencias se verán en los próximos días hasta el Gran Premio de Austria, que llega inmediatamente. Charles Leclerc ya pidió públicamente que le dieran una «visión global» de la estrategia para que le expliquen por qué no se le benefició a él. Mientras tanto, Sainz, ya sin el lastre de la presión de lograr su primera victoria, está a solo 11 puntos de él. Ojo al cambio de ritmo que puede haber en la pista de baile de Maranello.