Carlos Sainz sujeta el trofeo que le acredita como ganador en Silverstone. /Andrew Boyers (Reuters)

Carlos Sainz sujeta el trofeo que le acredita como ganador en Silverstone. / Andrew Boyers (Reuters)

Mundial

Imperial victoria de Sainz en un GP de Gran Bretaña inolvidable

El estreno en el palmarés del madrileño se produjo en una carrera que comenzó con un accidente temible y en la que Alonso acabó quinto, su mejor resultado del año

DAVID SÁNCHEZ DE CASTRO Madrid

Desde este domingo, España tiene ya dos ganadores de gran premio de Fórmula 1. Carlos Sainz logró, por fin, su primera victoria en el gran circo tras culminar una carrera en Silverstone en la que luchó contra todos los elementos, incluidos fallos propios y la presión dentro de su propio equipo. El madrileño pasó por todos los estados posibles en una carrera para la historia.

En la salida inicial, vio cómo Max Verstappen, que partía como el gran favorito, le arrebataba el primer puesto antes de llegar a la primera curva, donde se produjo la escena que hizo contener el aliento a todos los presentes. George Russell cerró a Pierre Gasly antes de la frenada, el de AlphaTauri perdió el control de su monoplaza y por el camino se llevó por delante a Guanyu Zhou, cuyo Alfa Romeo acabó volcando. Sin control ninguno y a una gran velocidad, el monoplaza del piloto chino se estrelló con violencia contra las protecciones y acabó estampado contra las vallas.

La imagen hizo temer lo peor, especialmente porque los comisarios tardaron en poder sacar al corredor afectado. Mientras, aprovechando el caos, se colaron unos manifestantes ecologistas que ya habían advertido de sus intenciones días antes, aunque la seguridad les evacuó rápidamente. Zhou fue trasladado inmediatamente a un hospital donde, milagrosamente, se confirmó que no tenía ningún tipo de lesión grave. La carrera quedó detenida un buen rato hasta que repararon la zona.

Se abrió una nueva oportunidad para todos, empezando por Sainz, ya que al no llegar a completarse la primera vuelta completa antes del accidente se volvió a la parrilla inicial. En la reanudación, Sainz no se dejó comer la tostada por Verstappen, al menos inicialmente. En los primeros metros se defendió con los codos por fuera, como un futbolista leñero de los años 80, y sostuvo la ventaja hasta que le pudo la presión. Pocos más intimidantes que el vigente campeón del mundo, por lo que el madrileño acabó saliéndose de pista para dejar, al menos durante unos instantes, al que fuera su primer compañero en F1 con el liderato.

Parecía que iba a quedarse con la miel en los labios, pero un golpe de fortuna le devolvió el primer puesto: el coche de Verstappen empezó a fallar. Al principio parecía un pinchazo, luego se desveló que era una avería algo más profunda pero no lo suficiente como para hacerle abandonar. En cualquier caso, le descartó de la pelea por ganar y eso, a la postre, fue clave. Un rival, posiblemente el más duro posible, menos para Sainz y para Leclerc.

«Dejad de inventar»

Y es que el compañero del español se convirtió en su principal enemigo. Las radios empezaron a arder, con el monegasco exigiendo que hubiera órdenes para que le dejaran pasar. En el muro de la Scuderia se lavaron las manos y les permitieron pelear, lo que a su vez beneficiaba a un Lewis Hamilton que veía una oportunidad de oro para ganar. A regañadientes, y viendo que Leclerc tenía mejor ritmo, aceptó dejarle pasar. Pero, de nuevo, le esperaba un golpe de fortuna. Estaba escrito que iba a tener su oportunidad.

De una carrera que parecía escrita por algún guionista cruel solo se podía esperar algo previsible de un fallo de fiabilidad de Alpine. Ni una carrera sin su correspondiente avería, aunque esta vez no tuvo a Fernando Alonso como protagonista, que por una vez tuvo un domingo razonablemente apacible en este aspecto, sino a Esteban Ocon. El francés se quedó tirado en medio de la recta, por lo que tuvo que salir el coche de seguridad.

El 'timing' fue perfecto. A Sainz le pilló este incidente justo antes de boxes, lo que le permitió entrar a montar neumáticos blandos para la recta final de la carrera. Tras él, Hamilton hizo lo propio. pero no Leclerc. Al líder de la Scuderia este año le tocaba tragar quina, y se vio con unos neumáticos duros ya muy gastados obligado a defenderse con uñas y dientes para la recta final del día.

Las radios actuaron de nuevo y ahí Sainz sacó los redaños. Le pidieron que dejara 10 coches de distancia con Leclerc para que, una vez retirado el de seguridad, pudiera tener ventaja de sobra para sostener el primer puesto. El español se rebeló al grito de «dejad de inventar». Esta carrera se iba a resolver al ritmo que marcara Sainz.

Batalla a cuatro

La pelea por el segundo y el tercer puesto fueron el contexto perfecto para culminar el relato de una carrera que, al menos para el automovilismo español, ya es historia. Sergio Pérez, Lewis Hamilton, Charles Leclerc y hasta Fernando Alonso protagonizaron una batalla épica a cuatro por los puestos del podio. El español pronto se vio fuera, consciente de que más valía un quinto puesto atado que ya iba a ser su mejor resultado del año, pero no así el mexicano, el británico y un enrabietado monegasco que acabó claudicando.

El que no se vio envuelto en esas refriegas fue Sainz, que se encaminó casi sin creérselo hasta el primer puesto del podio. Pérez, que como siempre cumple en estas condiciones, acabó segundo y Hamilton hizo lo propio repitiendo un tercero que fue muy aplaudido por sus incondicionales.

Será una carrera que se recordará durante mucho tiempo, con muchos enfoques que dar y muchas derivadas que leer, como la eventual brecha que se puede abrir a partir de ahora en la Scuderia, pero lo fundamental es que Carlos Sainz se ha convertido en el 112º ganador de un gran premio de Fórmula 1. Lo demás, contexto.

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