Viera saluda a sus aficionados. / cober

El idilio con la afición, el éxtasis de Moleiro y el liderazgo de Viera

La UD Las Palmas cierra un curso en el que consiguió el objetivo de jugar el playoff con varias notas positivas y con el cambio de Mel a Pimienta a mitad de temporada

Kevin Fontecha
KEVIN FONTECHA Las Palmas de Gran Canaria

Despedida amarga tras coger vuelo y casi acariciar el cielo. La UD Las Palmas cierra un curso en el que se cumplió el objetivo trazado por el club y entró en la promoción de ascenso a Primera División. Se mordió el polvo contra el eterno rival, el CD Tenerife, que se llevó los dos partidos de la eliminatoria, pero eso no debe nublar la vista a las cosas positivas que ha regalado la temporada.

No fue una campaña plácida, ni mucho menos. Costó un mundo colarse entre los seis primeros clasificados de la tabla. De hecho, la ansiedad por estar arriba se llevó a Pepe Mel por delante, destituido el 23 de enero de 2022 cuando tenía a la UD a tres puntos de los playoffs de ascenso. El madrileño había sentado unas bases y sacado a futbolistas adelante a tener en cuenta. Olvidarse hoy de su figura sería un insulto hacia el fútbol.

Llegó García Pimientay, tras comenzar con resultados contradictorios, acarreó una racha imperial hacia la promoción, sumando nueve victorias y dos empates en los últimos once encuentros de la competición doméstica. Lo que catapultó a los amarillos hacia el cuarto puesto.

Es imposible encontrar un fracaso en lo sucedido en el derbi canario y el adiós de Las Palmas al playoff, ya que esta campaña saca muchas notas positivas. La primera, y tal vez la más importante, ha sido el idilio entre el equipo y sus aficionados. También la explosión de Moleiro, que terminó de romper el cascarón, y los galones de un Jonathan Viera que prometió volver a intentarlo el año que viene.

La afición volvió, aunque realmente nunca se fue, para llevar en volandas a la Unión Deportiva hacia la promoción. Contra el Real Oviedo se superó la barrera de los 30.000 espectadores y ante el Tenerife el Gran Canaria se tiñó de amarillo con 31.502 personas abarrotando el recinto de Siete Palmas.

La imagen fue celestial pese al desenlace fatal. Cada recibimiento a la guagua por Fondos de Segura fue un triunfo y ahora el club debe aprovechar el tirón para que la próxima campaña de abonados sea un éxito. La comunión entre jugadores, técnico e hinchada invita y siembra semillas de esperanza.

Otro punto a favor fue el éxtasis de Alberto Moleiro. El canterano cogió galones y rompió definitivamente. Además, lanzó un mensaje de aliento en sus redes sociales: «Volveremos». El canterano, sobre su continuidad, también dijo que «espera» seguir de amarillo. Ante el Oviedo anotó el golazo que igualaba la contienda y contra el Tenerife fue el mejor sobre el césped, rompiendo cinturas y tirando del carro.

Por último, y no menos importante, este tramo final de competición ha puesto en valor el liderazgo de Jonathan Viera, no solo dentro del campo, también fuera de él. Su discurso en el Rodríguez López tras perder la ida fue una inyección de moral para la vuelta. Luego se rompió y soltó lágrimas de frustración.

Pero cogió el micrófono y volvió a hacer de líder, admitiendo la superioridad del rival y prometiendo batalla la campaña que viene. No se escondió nunca pese a que sería objeto de burla en Tenerife si pasaba lo que pasó. Viera y 10 más.