Análisis

La fe inquebrantable en el estilo desnuda la fragilidad defensiva de España

Kosovo detectó la línea de zagueros muy alta de la Roja y a través de los pases en largo generó muchos apuros a Iñigo Martínez y Laporte

José Manuel Andrés
JOSÉ MANUEL ANDRÉS Madrid

Ya lo advertía Luis Enrique en el vídeo con el que desde los canales oficiales de la Federación Española de Fútbol (FEF) se anunció la última convocatoria de la selección. No se fiaba un pelo el asturiano de esta siempre complicada ventana FIFA de septiembre, marcada por la falta de ritmo en el inicio de la temporada y concebida en muchos casos como un asunto engorroso más que con ilusión.

También avisaba el seleccionador en la previa del duelo ante Kosovo en Pristina sobre la dificultad de un compromiso que era una final para España. Sus temores se confirmaron en una noche que dejó un balance inmejorable, con tres puntos en el zurrón y la derrota de Suecia frente a Grecia en Atenas que hace que sus pupilos vuelvan a depender solo de sí mismos para lograr el primer puesto de grupo y la clasificación para el Mundial de Catar. Sin embargo, minutos después del final de ambos partidos, el miedo seguía en el cuerpo del aficionado español.

Cada pérdida de balón de la Roja, cada mal pase, demasiados a tenor de la calidad del equipo, fueron un suplicio para una defensa adelantada, que porfiaba de manera estéril ante el poderío físico del delantero de la Lazio Muriqi. Fueron varias las situaciones de mano a mano ante Unai Simón, resueltas favorablemente con fuera de juego, parada de mérito del portero del Athletic o la falta de puntería de la vanguardia kosovar. Hasta siete remates del joven conjunto balcánico, tres de ellos a puerta. Demasiadas concesiones a una selección que ha mejorado pero todavía ocupa el puesto 115 en la última actualización del ranking FIFA, correspondiente al mes de agosto.

Acabó ganando, no sin sufrimiento, y dejó su puerta a cero, pero España jugó con fuego durante gran parte del partido. Iñigo Martínez y Laporte, dos centrales zurdos, padecieron de lo lindo y lo hicieron fruto de la fe inquebrantable en el estilo propugnado por Luis Enrique, basado en la salida aseada de balón y en una presión alta que lleva a la línea defensiva hacia posiciones muy avanzadas. Kosovo detectó esta característica y aunque también mantuvo su habitual presión alta, esta vez optó por el desplazamiento en largo tras la recuperación de balón, un arma simple pero que fruto del despliegue físico de sus delanteros, pilló desprevenida a la zaga española una y otra vez.

«Ha sido como un parto lleno de complicaciones. Este tipo de partidos cuestan siempre, septiembre es un mes siempre complicado porque no hay ritmo de competición», reconoció Luis Enrique de la forma más gráfica posible. «El balón no votaba en las mejores condiciones y te tienes que adaptar. Entre que no estás muy fino y el rival defiende bien cuesta. Son partidos complicados», añadió el seleccionador español, para el que los principios de juego son innegociables, a pesar de que el escenario y el rival quizás invitaban a un planteamiento más pragmático, menos arriesgado.

Problemas en el repliegue

El gusto por la salida de balón mediante el toque, incluyendo al portero en la ecuación, aporta a España como primera fase del juego ofensivo, pero también supone un problema para el propio Unai Simón, como ya se vio ante Kosovo en Sevilla o en la Eurocopa, y también exige lo mejor de la defensa y del mediocentro específico, que sufren en el repliegue, con muchos metros por detrás hasta su propia portería, cuando sus piernas no están al 100 %, como es el caso de este comienzo de curso.

Esto lo sabía Luis Enrique, por eso se curó en salud antes de una ventana de septiembre que le preocupaba y mucho, pero de la que aunque con dudas, su equipo sale vivo y con el objetivo en sus manos. «Espero que en octubre y noviembre estemos mejor», deseó el asturiano. Los retos que esperan -la final a cuatro de la Liga de Naciones y los duelos decisivos de clasificación para el Mundial en Grecia y ante Suecia en casa- obligan a una versión superior de España.