Otro milagro de Zidane

Análisis

Otro milagro de Zidane

El marsellés rehabilita a un equipo depauperado hace un año y deja atrás la larga depresión del Real Madrid pos-Cristiano apelando a su vena italiana para ganar la Liga más singular de la historia

Óscar Bellot
ÓSCAR BELLOT Madrid

Aplicando las enseñanzas que interiorizó en la Juventus, de la mano de Marcello Lippi principalmente pero también de Carlo Ancelotti, Zinedine Zidane ha sacado al Real Madrid de la larga depresión en la que se sumió tras la espantada hace dos años de Cristiano Ronaldo y la marcha del propio técnico tras la final de Kiev y le ha catapultado al trigésimo cuarto título de Liga de su historia.

Desdeñando la revolución que buena parte del madridismo demandaba tras un curso para olvidar que vio desfilar por el banquillo a Julen Lopetegui y Santiago Solari sin que dieran con la tecla adecuada antes del segundo advenimiento del francés, y agarrándose por el contrario a esa vieja guardia con la que tiranizó el continente, el que fuera mito blanco sobre el césped antes de convertirse también en leyenda desde la banda ha reinventado a un equipo que zozobró sin su diestra gestión del vestuario y le ha devuelto el orgullo del campeón. Otro milagro del marsellés.

Sobrevivir sin los cincuenta goles por temporada que aportaba el mayor artillero de su historia era el cubo de Rubik que tenían que resolver en la 'casa blanca'. Probaron a hacerlo con la publicitada fórmula de ese Madrid coral que naufragó sin flotador ofensivo. Admirable la valentía de Julen Lopetegui al asumir la conducción de una diligencia que había perdido a sus dos principales caballos de tiro. Caer por el precipicio sin semejantes purasangres era inevitable. Y qué decir de Santiago Solari, que se ganó el recelo de los veteranos con su apuesta por la savia nueva para terminar hundiéndose también en el abismo. Su mensaje no caló en ningún momento.

Hacía falta que retornara el tótem para reflotar a un conjunto cuyo principal hándicap era la ausencia de brújula. El Real Madrid sigue teniendo carencias evidentes si se le compara con el que ganó tres Champions consecutivas y cuatro en cinco años, empezando por ese escaso colmillo que tantas veces le ha obligado a caminar sobre el alambre este curso. Pero Zidane las ha amortiguado virando el foco hacia la solidez defensiva y logrando el compromiso de un plantel más sacrificado y solidario que nunca que ha recompensado la confianza del preparador en figuras a las que muchos dieron por amortizadas antes de tiempo.

Triunfo de autor

La sobriedad de Courtois, el liderazgo de Sergio Ramos en ambas áreas, el equilibrio de Casemiro, la segunda juventud de Modric, la precisión de Kroos, las genialidades de Benzema o la pujanza juvenil de Vinicius han resultado determinantes en el éxito de los blancos. Pero esta ha sido, por encima de cualquier otra consideración y excepción hecha del maldito coronavirus, la Liga de Zidane, que la situó como principal objetivo antes de soltar amarras y ha capeado diversos temporales en su victorioso trayecto a puerto.

Porque el del Real Madrid es un triunfo de autor. Ni Hazard ni Jovic, puntales de la elevadísima inversión del pasado verano (303 millones en fichajes), han ofrecido el rendimiento esperado. Lastrado el belga por su maltrecho tobillo derecho, el serbio se ha visto envuelto en una serie de problemas extradeportivos que sumados a su poca fortuna de cara a portería han colocado una enorme interrogante sobre su futuro. Mejores sensaciones ha dejado Mendy, apuesta personal del técnico y de su inseparable David Bettoni, en quien el Real Madrid ha encontrado un competidor y sucesor de garantías para Marcelo.

Pero han sido los pretorianos de la anterior etapa de Zidane los que han cargado con la responsabilidad de devolver al Real Madrid a la cima. Sergio Ramos, Casemiro y Benzema han conformado la espina dorsal junto a Courtois, cuyas paradas han sido decisivas para que los blancos presuman de la mejor retaguardia del continente. El belga atravesó días oscuros en noviembre, cuando el Santiago Bernabéu le pitaba y aplaudía a Areola. Sus detractores ocultan ahora la cabeza como avestruces.

Menos suerte corre el preparador, entre la espada y la pared en octubre. Quienes se la tienen jurada jamás le retirarán la etiqueta de 'alineador' y seguirán apelando a su 'flor' o al VAR. Cerril actitud que no cambiará por mucho que engrose su palmarés quien ya cuenta once títulos como timonel merengue y no ha perdido una sola final o haga gala de una flexibilidad táctica que para sí quisieran técnicos de mayor verbo y cacareada filosofía. El fútbol inflama pasiones para lo bueno y lo malo, levantando árboles que impiden ver el bosque.

No ha enamorado el fútbol del Real Madrid, pero ha sido una máquina bien engrasada desde la reanudación de la competición. Imposible saber qué hubiera ocurrido de no haberse producido el parón en marzo. Sólo cabe hacer análisis sobre realidades y estas dan cuenta de un campeón con pleno merecimiento, por más que algunos traten de emborronar el logro con teorías de la conspiración.