Los futbolistas del Barça, hundidos tras la debacle ante el Bayern. / Rafael Marchante (Reuters)

Análisis

El fin de ciclo obliga al Barça a afrontar la gran revolución

Tras la humillación sufrida ante el Bayern (2-8) comienza un proceso de cambio de dimensiones incalculables: nuevo presidente, otro entrenador y una plantilla transformada

P. RÍOS BARCELONA

El fin de ciclo ya ha llegado al Barça. Ahora sí. Y no ha sido por sorpresa. De hecho, comenzó a anunciarse en la temporada 2011-12, cuando el Real Madrid de José Mourinho logró ganar la Liga al Barça de Pep Guardiola. Con altibajos, con alguna temporada más pobre, como la de 2013-14 con el Tata Martino, y otras extraordinarias, como la 2014-15 con Luis Enrique, la generación más laureada de la historia del Barça siguió compitiendo con calidad y orgullo pese a que se fueron marchando jugadores clave como Víctor Valdés, Dani Alves, Xavi Hernández y Andrés Iniesta. Incluso conquistó Ligas que compensaron debacles europeas como las de Roma y Liverpool. Pero como proclamó Gerard Piqué, uno de los tres supervivientes junto a Leo Messi y Sergio Busquets del triplete 2008-09 y de los seis títulos de 2009: « Ahora sí que hemos tocado fondo, vergüenza es la palabra, es inaceptable... Ya no competimos en Europa y para la Liga nos daba, pero ya no nos da».

En realidad, aunque se agradeció su sinceridad y que marcara el discurso a seguir a los despistados Quique Setién y Josep Maria Bartomeu, tampoco hacían falta sus palabras para darle magnitud a la tragedia. Un vistazo al marcador del Estádio da Luz de Lisboa bastaba: 2-8 contra el Bayern en los cuartos de final de la Liga de Campeones a partido único.

Desde la temporada 2007-08, cuando el Barça acabó la 'era Rijkaard' en blanco, el Barça siempre había ganado algún título hasta esta triste campaña 2019-20. Entonces se hizo una revolución que tuvo un éxito inmediato, con el ascenso de Pep Guardiola desde el banquillo del filial, el adiós de Ronaldinho y Deco (entre otros), la apuesta por jóvenes como Busquets y Pedro y una fe en una forma de jugar maravillosa que precisó de trabajo concienzudo y repetitivo en los entrenamientos. En la presidencia siguió Joan Laporta pese a los ataques de sus rivales y logró un cambio efectivo con mano dura. Ahora toca otra revolución, pero no se intuye una reacción tan cercana.

Decisiones radicales

No existe un Pep Guardiola en quien creer. Xavi Hernández, que sigue entrenando al Al Sadd de Catar, podría ser esa persona, pero no cogerá las riendas del equipo si no ve clara la reestructuración de la plantilla y de la directiva. No lo dirá, pero prefiere comenzar de cero que intentar corregir vicios del pasado a jugadores que son amigos y excompañeros suyos.

Las palabras de Piqué fueron sinceras y dignas, ofreciéndose a irse «si tiene que llegar sangre nueva porque el Barça es lo más importante». Pero con la Liga en juego, dos días antes del KO ante Osasuna, se fue a hacer surf a un pantano y antes del derbi ante el Espanyol se presentó en el Camp Nou en bicicleta eléctrica a toda pastilla y sin casco. Tiene un 'status' y hace lo que quiere. Xavi no quiere hacer de policía con Piqué ni pelearse con Messi, con calidad de sobra para seguir impresionando cada día, pero con pocas ganas de trabajar cuestiones tácticas y físicas en los entrenamientos, algo imprescindible si se acomete un proceso de cambio en serio. Tampoco quiere ser él quien siente a Busquets, quien ya parece habérselo dado todo al Barça y al fútbol.

Y con Bartomeu al frente difícilmente aceptará Xavi. Este lunes se producirá una junta directiva de urgencia con decisiones radicales que deben ir más allá del adiós de Quique Setién, quien llegó como profeta del 'cruyffismo' y se irá con una 'selfie' de recuerdo del Estádio da Luz, como hacen los equipos de Segunda B cuando visitan el Camp Nou en la Copa. Le vino grande la misión de relevar a media temporada a Ernesto Valverde.

Por su amistad con Ramón Planes, adjunto a la dirección deportiva, suena Mauricio Pochettino, pero, pese a su calidad como entrenador, se liará gorda si es el elegido por su pasado en el Espanyol, llegando a decir en su día, ya en el Tottenham: «Antes me voy a mi granja que a entrenar al Barça». Recientemente matizó esas palabras, señal de que algo hay, pero para el barcelonista sería un chiste, especialmente porque en esta misma Champions encajó un 2-7 ante el Bayern con los 'spurs' antes de ser despedido.

Bartomeu, contra las cuerdas

Se espera que se anuncie una fecha para las elecciones a la presidencia, pero es un tema complejo a nivel de estatutos en un año económicamente complicado. Bartomeu no quiere abandonar el cargo «por responsabilidad» porque el agujero en la caja es grande, pero deportivamente se le va a forzar a ello y otros candidatos como Víctor Font (seguro) o Joan Laporta (posible) ya le han pedido que no tome ninguna decisión deportiva más. Y a todo esto, la Liga 2020-21 ya está a la vuelta de la esquina. La revolución necesita más tiempo para no ser un estropicio.

Los aficionados, que hubieran dado por bueno un adiós digno, 1-2 o 1-3, de tan resignados como estaban, piden la transformación en las redes sociales. Unos pocos se presentaron a la llegada de los jugadores este viernes a la Ciudad Deportiva tras regresar de Lisboa. Gritos de peseteros, mercenarios, vergüenza... Los futbolistas recogieron sus coches y los esquivaron saliendo por otra puerta. Y por la tarde varios de ellos ya estaban en el aeropuerto iniciando sus vacaciones.

A ver cuántos vuelven. Ni Messi, tentado por el Inter, es seguro. Aunque ahora mismo tiene contrato hasta 2021, el futuro siempre estará en su mano. Él también quiere el cambio que exige Piqué. El problema es si luego pondrán palos en las ruedas del elegido o le dejarán trabajar de verdad.