Impotencia. Mikel Oyarzabal, que anoche fue titular, lamenta una de las ocasiones falladas.

Perdonar a Italia se paga con la vida

España fue mejor, hizo un gran fútbol, propuso y dominó, llegó y remató, ilusionó con su juventud y desparpajo, pero desaprovechar ocasiones claras ante la 'azzurra' es sinónimo de lamento

ROBERT BASIC
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Esta vez los penaltis fueron la pena máxima para La Roja

Al igual que contra Suiza, España hizo más que suficiente para resolver el partido a su favor sin necesidad de ir a la prórroga y los penaltis. Jugó con criterio y desparpajo, ilusionó con su juventud, enseñó una generación de talentos que promete emociones fuertes, desplegó un fútbol vistoso y alegre, pero no supo rematar a Italia cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Y cuando uno no acaba con la 'azzurra' termina pagándolo con su propia vida. Hasta anoche, el combinado nacional había derrotado a los transalpinos desde el punto de cal dos veces: en la Eurocopa de 2008 y en la Copa Confederaciones de 2013. Pleno. Pero en Wembley perdió y dijo adiós a la final.

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Demasiadas ocasiones falladas ante un gran rival

España fue mejor que Italia. De hecho, hizo que desapareciera su versión más atacante y atrevida para volver a meterla en la cueva, donde vivió la mar de tranquila durante décadas. La pelota fue de La Roja (65%), un grupo de amigos que dio más pases (877-384), sacó más córners (1-6) y por supuesto remató infinitamente más que su rival (16-7). Pero no supo traducir en ventaja numérica su superioridad futbolística. Tuvo ocasiones suficientes como para rematar a un gran rival, expedirle el certificado de defunción, pero le perdonó la vida. Pudieron batir a Donnarumma un magnífico Dani Olmo (dos veces), Busquets, Oyarzabal (contó con varias)... pero la pelota no entró. Y cuando no se castiga a la 'azzurra' esta aprovecha para soltar el veneno en cualquier momento y coyuntura. Lo hizo desde los 11 metros, demasiado castigo para una España que despertó de su sueño

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Morata vuelve a ser el héroe y el villano con un gol y un penalti errado

Por primera vez en lo que va de Eurocopa, Álvaro Morata comenzó en el banquillo. Lo hizo porque Luis Enrique decidió salir con un falso nueve y despistar así a los italianos. Pero en la segunda parte activó al delantero, quien resultó clave para llevar el partido a la prórroga. Una magnífica acción entre el juventino y Dani Olmo culminó con el tercer gol del madrileño en la Euro, 22 en total con la absoluta. Una asociación perfecta en los metros de la verdad dejó al punta solo ante Donnarumma, y no perdonó. Su tanto, en el minuto 80, resucitó al equipo. Fue el hombre del momento. Pero no pudo culminar su gran noche. En la tanda de penaltis, en el cuarto lanzamiento de La Roja, su tiro lo detuvo el portero italiano. Solo pudo cerrar los ojos. Jorginho no falló y metió a la 'azzurra' en la final.

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Dani Olmo, un falso nueve para desajustar a Italia

Dani Olmo fue un dolor de muelas para la defensa de Italia. Luis Enrique le puso de falso nueve y el catalán, indetectable en el radar de su rival, creó muchísimas dudas en el centro de la zaga 'azzurra'. No sabían qué hacer con él porque bajaba al centro del campo para recibir, entregaba y volvía a meterse entre líneas. Bonucci le acompañaba unas veces y otras no, dubitativo a la hora de asentar los conceptos. Fue un gran movimiento del técnico asturiano, quien sacrificó a Morata, un delantero centro clásico, para sembrar confusión en el muro de contención transalpino. Más allá de sus cabalgadas inesperadas, el futbolista del Leipzig también dispuso de una gran oportunidad en el minuto 25, pero su remate lo despejó Donnarumma. También la tuvo en el 67, fruto de una gran dejada de Oyarzabal, pero su disparo se marchó fuera. Al igual que su penalti, que fue a la nubes. Aun así, Dani Olmo hizo anoche un partidazo.

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Un equipo joven, con personalidad, futuro e ideas claras

Si alguien pensaba que España iba a modificar su propuesta porque enfrente estaba Italia se equivocó de cabo a rabo. Un grupo de futbolistas jóvenes, valientes y decididos se adueñó de la pelota y fue fiel a su estilo de juego. Presionaba alto, tocaba, combinaba sin miedo a equivocarse, vivía pegado al balón y trataba de abrir huecos en el muro italiano. Pedri puso magia y temple, un adolescente al mando de la nave roja, mientras que arriba atacaban tres chavales que entre todos sumaban 65 años: Oyarzabal (21), Ferrán (21) y Dani Olmo (23). Bonucci y Chiellini totalizaban 70. Y gracias a la fe en su fútbol y en su propuesta, definida y clara en manos de Luis Enrique, la selección consiguió que la 'nueva Italia' se pareciera bastante a la de toda la vida. La Roja perdió en los penaltis, pero ganó el futuro. Es de los chavales que ayer bailaron en la hierba de Wembley.

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Pedri, la piedra angular de un fútbol que enamora

Pedri debería jugar con frac y pajarita. Es lo que corresponde a los directores de orquesta. La sencillez hecha perfección. El centrocampista, un adolescente de 18 años, dio una lección de fútbol en Wembley. Lo hizo todo bien ante una Italia que mordía. Cerró el tiempo reglamentario y la primera parte de la prórroga con 59 pases, ¡todos buenos! No falló ninguno. Además, dio sentido al juego de la selección, atacó y defendió, distribuyó y facilitó la vida a sus compañeros. Es admirable la sobriedad y la clarividencia que tiene el canario, la piedra angular que explica el modelo de La Roja. Junto con Simón, Olmo, Ferrán, Éric, Laporte y Marcos Llorente integra una generación llamada a hacer cosas importantes.