España cae a lo grande en Wembley

Italia-España | Eurocopa 2020-2021 Semifinales España cae a lo grande en Wembley

La Roja, irreprochable en su juego y su propuesta, domina y desfigura a Italia, pero acaba perdiendo en la tanda de penaltis

JON AGIRIANO

La tanda de penaltis condenó esta vez a España, que a pesar de la derrota salió de Wembley no sólo por la puerta grande sino confirmada como una selección de postín a la que se le adivina un futuro espléndido. Perdió La Roja ante Italia, pero ganó muchas otras cosas, entre ellas un aplauso general de los aficionados al fútbol. Fue superior a su viejo rival al que obligó a desterrar todos los nuevos conceptos que tanto le han hecho brillar en esta Eurocopa. La azzurra alcanzó la final, pero lo hizo a la vieja usanza, sin ninguna belleza, tirando de la solvencia de su retaguardia, metida atrás en amplias fases del choque, asumiendo la superioridad de España en el juego y, eso sí, estando más acertada desde los once metros.

Que fallaran Olmo y Morata, dos de los protagonistas del partido, dejó casi un guiño macabro del fútbol para una selección de la que sólo pueden esperarse grandes cosas. Por su calidad, su personalidad y su carácter competitivo. El Mundial 2022 ya es un objetivo para un equipo al que esta Euro todavía le ha llegado sin el debido punto de maduración, con algunos defectos que sólo podrán corregirse con el tiempo. Aún así, el equipo de Luis Enrique, que apostó y acertó al jugar ayer con un falso nueve, como en la histórica final de Kiev de 2012, hizo bastante más méritos que los italianos. A la hora de la verdad los de Mancini decepcionaron. Entre el cálculo y el atrevimiento, se decantaron sin duda por el primero.

1 Italia

Donnarumma, Di Lorenzo, Bonucci, Chiellini, Emerson (Toloi, 73'), Jorginho, Barella (Locatelli, 85'), Verratti (Pessina, 73'), Chiesa (Bernardeschi, 106'), Immobile (Berardi, 60') e Insigne (Belotti, 85')

1 España

Unai Simón, Azpilicueta (Marcos Llorente, 80'), Eric Garcia (Pau Torres, 108'), Laporte, Jordi Alba, Busquets (Thiago, 105'), Koke (Rodri, 69'), Pedri, Ferran Torres (Morata, 60'), Oyarzabal (Gerard Moreno, 69') y Olmo

  • GOLES 1-0, Chiesa (59'); 1-1, Morata (80') Penaltis (4-2): Unai para a Locatelli; Olmo dispara alto; 1-0, Belotti; 1-1, Gerard Moreno; 2-1, Bonucci; 2-2, Thiago; 3-2, Bernardeschi; Donnarumma para a Morata; 4-2, Jorginho

  • ÁRBITRO: Felix Brych (alemán). TA: Toloi (97'), Bonucci (117') / Busquets (50')

  • Incidencias: Wembley, 65.000 espectadores

Se sabía que el partido iba a ser una larga guerra, pero había una batalla que se iba a resolver en los compases iniciales: la del dominio de la pelota. Tras ver el juego de Italia en esta Eurocopa se suponía que ese duelo sería encarnizado, pero lo cierto es que España lo resolvió a su favor de inmediato. Lo hizo gracias a su talento indiscutible en la circulación, a los perfectos movimientos de apoyo de Olmo generando superioridad por el centro y también a la renuncia rápida del equipo de Mancini, que prefirió no discutirle a la Roja en una faceta del juego en la que probablemente le pareció indiscutible. En estas circunstancias, el partido entró en un escenario inesperado. Fue como un viaje al pasado, a los viejos tiempos, a España intentando buscar resquicios en la defensa azurra y a Italia fiando su suerte a sorprender al contragolpe aprovechando las pérdidas de su rival.

Como tantas otras veces en estos clásicos, ambos equipos se anularon y se impuso en el campo un cierto equilibrio inestable. El equipo de Luis Enrique dominaba, pero tenía muchos problemas para profundizar. Los últimos pases resultaban muy complicados y se fallaron en exceso. Crear ocasiones obligaba a rizar el rizo. España sólo creó dos dignas de tal nombre, sobre todo una Olmo que obligó a lucirse a Donnarumma. E Italia, algo similar. Salvo el susto de una mala salida de Unai Simón, los transalpinos sólo estuvieron cerca del gol en un disparo de Emerson entrando a la cocina en el minuto 45 que arañó el poste.

Al descanso, con las espadas en alto, casi había que dar por descontado que el juego continuaría por los mismos derroteros. Ninguno de los dos equipos estaba en condiciones de cambiar de idea. España apretó y tuvo cerca el gol en un disparo de Busquets. Una vez más, le faltaba contundencia, algo peligrosísimo ante una selección como Italia. Se demostró justo a la hora de juego. Fue uno de esos momentos en los que la fortuna parece elegir un vencedor. Una magnífica jugada de España terminó con un mal pase de Jordi Alba a las manos de Donnarumma, que sacó rápido lanzando el contragolpe. Desajustada, la defensa española reculó como pudo y un cruce de Laporte acabó en las botas de Chiesa. El jugador de la Juventus, que ya había obligado a lucirse a Unai Simón unos minutos antes, esta vez no perdonó. Su derechazo cruzado fue impecable. El golpe fue durísimo, pero España lo encajó con entereza. Siguió a lo suyo, firme en sus principios hasta el final y afilada con la entrada de Morata, al que se unieron Rodri y Gerard Moreno. Las dificultades, sin embargo, eran máximas. Cuando Oyarzabal desperdició una clarísima ocasión para firmar el empate fue inevitable pensar que no era el día de la Roja, que los astros se habían alineado en su contra.

Olmo y Morata

En el minuto 80, la semifinal parecía sentenciada. O casi. Pese a la entereza y capacidad de reacción que ha mostrado la Roja a lo largo del torneo, el escenario se antojaba perfecto para los italianos, maestros históricos en eso que se llama dormir los partidos, en conseguir que los minutos pasen sin que nada pase más que eso, el tiempo. A España, además, comenzaba a faltarle frescura. Sin embargo, sucedió lo imprevisto, un giro de guión más en esta Eurocopa imprevisible. Un desajuste en la medular italiana permitió que Morata saliera en carrera hacia la portería italiana, directo hacia el centro. La jugada fue perfecta. El madrileño se apoyó en Olmo, que le hizo una pared soberbia, y firmó el 1-1.

La prórroga tuvo unos primeros minutos de claro dominio español. Si un equipo salió dispuesto a marcar fue el de Luis Enrique, aunque se iría apagando. Era ya su tercera prórroga consecutiva. Lo nunca visto. El de Mancini no dejó de ser precavido. Pese a acumular varios jugadores de refresco en ataque, sólo Berardi creó peligro. La semifinal desembocó en los penaltis y esta vez la suerte no acompañó a una España irreprochable.