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Abel Cárdenes y Alfredo Martín, El Palmero, en 1954. c7
Abel Cárdenes, un grande entre los grandes

Abel Cárdenes, un grande entre los grandes

lucha canaria ·

Conocido como el Pollo de Vegueta, ganó títulos y respeto por su calidad humana y deportiva

PEDRO REYES

Las Palmas de Gran Canaria

Sábado, 12 de marzo 2022

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Uno de los grandes puntales del vernáculo deporte en las islas, especialmente durante la década de los cincuenta y principio de los sesenta del pasado siglo, fue Abel Cárdenes, un auténtico coloso de los terreros, a quien tras su retirada jamás se le reconocieron públicamente y como se debiera los tremendos méritos que atesoró durante las temporadas en las que estuvo en activo.

Su biografía deportiva la expresa Santiago Henríquez en su libro 'Tarhas de la lucha canaria', en la que desgrana su figura.

«Nació en la Solana, término municipal de Telde y fue bautizado en la pila de San Juan, para años más tarde, residir en Tejeda por rama familiar paterna, para años después, por motivos de realizar estudios superiores, se trasladó a Las Palmas.

El Pollo de Vegueta, como se le conoció más tarde, llegó ya rebasado los 20 años a la escuela de lucha canaria del Adargoma, pasando a formar pronto del pódium de los puntales ya que era fuerte de constitución física y de una posición incómoda para el rival.

Cuando se cruzaba a la izquierda era invencible, una posición que se le enseñó en el club para enfrentarse al temido Leoncio de la Rosa, Carampín, que venía haciendo estragos por la selección de Tenerife. Cuando pisaba los terreros la elección de sus luchas a la izquierda resultaban muy efectivas, no solo para él sino también para los demás adversarios.

Abel Cárdenes fue el símbolo característico del caballero fuerte y noble dentro y fuera de los terreros, a pesar del concepto que la mayoría de los aficionados tuvieran de él. Cuando en una entrevista que le hizo un periodista de la vecina isla de Tenerife se le preguntó si cuando él se sonreía en el terrero era porque se sentía superior al contrario por ser campeón del Archipiélago canario, contestó con una respuesta muy oportuna: 'Me río porque tengo buen sentido del humor. Soy una persona modesta y sencilla y nunca desprecio a nadie'.

Tuvo una época gloriosa en la lucha canaria, estuvo 4 años imbatido sin que lo tiraran y él permanecía domingos y festivos tirando a 8 y 9 luchadores por encuentro, llegando al límite que los espectadores lo querían ver caer en ciertos momentos, convirtiéndose en una fiesta cuando esto sucedía.

El gran campeón era un deportista culto, unido al buen sentido del humor, admirable para las masas de aficionados que más de una vez le llegaron a poner a prueba, como contaba el presidente del Rumbo, Juan Quesada fallecido recientemente.

El Pollo de Vegueta conquistó varios títulos. En 1955 el trofeo de máximo tumbador de la prensa y en 1958 el campeonato regional, eliminando al campeón de Tenerife Gregorio Dorta y en Las Palmas al Palmero, que lo ostentaba. Como luchador , pasó del Adargoma al Rumbo en la temporada 1956 hasta principios de 1958.

Lo hace luego por el Maninidra. El Chiquero se las veía y se las deseaba para albergar a tantos espectadores. Llegado el final de temporada todos los clubes se lo disputaban, volviendo a repetir hazañas con igual merito que los anteriores. Otra vez pasó al Rumbo durante dos temporadas para después pasar al Vencedor en 1967, en que abandonó la práctica activa por consejo médico al notarle una pequeña lesión cardiaca.

Retirado involuntariamente ya que su obsesión era el deporte siguió como única distracción en la colombofilia en la que gano varias condecoraciones. La muerte le ganó el día que bautizaba a su nieto por un paro cardiaco».

Una de las personas que mejor le conoció bien, fue el periodista Antonio Ayala, que en su libro 'La lucha canaria' en 1977, reflejaba el carácter de este gran campeón teldense.

«Abel Cárdenes fue un hombre que llegó tarde a la lucha pero que lo hizo todo en ella. Barridas, desafíos, títulos... Para dar una idea de la influencia de Abel Cárdenes en los terreros, hay que decir que perteneció a los equipos del Adargoma, Rumbo, Maninidra, Kruger y Vencedor y en todos los equipos en los que estuvo fue campeón, porque él se encargó siempre al final de cada luchada, con todos los que estuvieran enfrente. Para hablar de la deportividad de Abel Cárdenes, basta decir que jamás faltó a una luchada de su equipo sin tener en cuenta el día, la hora ni el lugar. Para él lo importante era luchar y como hombre responsable, cumplir.

Dada su condición física tendente a la obesidad, tenía que someterse a unos trabajos de entrenamientos que causaban admiración ver con que asiduidad los hacía y con cuanta continuidad. Cuando estaba en el Rumbo solía dedicar dos horas diaria a correr con una pelota de baloncesto haciendo intentos de encestar. Acababa chorreando de arriba abajo, se iba a la ducha, se ponía la ropa de luchador y comenzaba sus entrenos de lucha. Pero lo que quizás tenga más valor en la historia deportiva de Abel Cárdenes fuera su gran dedicación a buscar la contra para Carampín.

Y la perfeccionó de tal forma que logró luchar de igual forma en la posición izquierda que derecha. Aquellos duelos de Abel Cárdenes con Carampín si que estaban signados con la incógnita por la incertidumbre y por el supersuspense. Nunca se sabía quien iba a ganar pero para ver caer a uno u otro, se daban cita los mismos tanto en Las Palmas como en Tenerife, igual que en Lanzarote o en La Palma, la mayor cantidad de público, que presenciaba el espectáculo vibrando de entusiasmo; abandonaban el local relamiéndose de gusto.

Abel Cárdenes fue sin duda el último coloso de la lucha canaria. Un coloso cuando enfrente tenía siempre a una plana mayor o fila india que lo sometía en cada ocasión al esfuerzo y el sacrificio más enorme. Era luchar contra el Palmero, contra Orlando el Estudiante, contra el Pollo de Arrecife, contra Carampín, contra Pollo de las Canteras, contra Pollo de Máguez, contra Tino Dieppa, Florencio Méndez, contra Manolín, Felipe del Castillo, Gregorio Dorta, la Viejita... Era luchar contra todo esos y salir airoso. Era mantener una rivalidad y ser el mejor, era volver a los tiempos de Matías Jiménez el invencible, aunque Abel Cárdenes en cuanto a su dilatada y dominical actuación superó a los mejores de todos los tiempos. Cuando Santiago Ojeda empezó a salir ya Abel Cárdenes estaba cogiendo la chaqueta, retirada que se anticipó por recomendación médica».

El presidente del Rumbo, Juan Quesada sobre Cárdenes, en el mismo libro, opinaba de su puntal. «Era una bella persona, mucha gente pensaba que era un poco fanfarrón porque era bromista pero era todo lo contrario. Cuando salía a luchar ponía todo lo que tenía para que el equipo que él defendía ganara».

Una de las cosas que le quedó al presidente del Rumbo fue el hecho de no poder hacerle un homenaje , el que se merecía. Aunque fuera un homenaje póstumo. «A mí no me importó pedir lo del homenaje porque este hombre se merece eso y mucho más. Estuve hablando con mucha gente y me dijeron que sí, que colaboraban conmigo en el homenaje y que estaban dispuestos a lo que hiciera falta y a la hora de la verdad, se han retirado todos y me han dejado a mí solo y claro yo solo no puedo hacer tanto, porque una luchada no se organiza como si fuera una silla, quitarla de un sitio y ponerla en otro. Hay que trabajar, tirar de lápiz y estar buscando a fulano o ciclano y hacer muchas cosas para organizarlo y poder hacerla bien».

Abel Cárdenes fue uno de los personajes que revitalizaron la lucha canaria a partir del año 1958, como quedó patente en el reportaje de CANARIAS7 del pasado 29 de septiembre. Llegó a retar a cualquier equipo de las islas con una bolsa de 30.000 pesetas en juego, reto que no se aceptó en las condiciones propuestas, pero después dicha propuesta quedó en medirse el Rumbo a una selección del resto de Gran Canaria. La luchada fue patrocinada por el ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Estos espectáculos, sirvieron para que la lucha volviera poco a poco a coger nuevamente impulso.

CANARIAS7 también se hacía eco el 22 de enero de 1983 de su fallecimiento y lo catalogaba como uno de los grandes campeones de las últimas décadas, aclarando que luchó en Adargoma Rumbo, Ajódar, Maninidra y Vencedor.

No sería mala idea que en 2022 los equipos descendienteS de los que dejó campeón, el Adargoma y el Maninidra, a los que se puede unir el Guanarteme, que fue el que cogió el testigo del Rumbo, pensaran honrar la memoria del que fue gran luchador y que hasta la fecha no se ha producido.

Sería la mejor manera de cumplir con la deuda sentimental que quedó pendiente para honrar su memoria.

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