Apuesta clara

«Sería un fraude programar lo que ya está en el mercado»

03/04/2018

El director del Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria defiende que el sentido de esta iniciativa está en proyectar lo que el usuario difícilmente encuentra en las salas o en internet.

. ¿Esta 18ª edición es una isla dentro de una isla?

R. ¿En qué sentido? No le veo mucha diferencia con respecto a la edición del año pasado.

P. ¿La propuesta no es algo más radical, tiende más hacia un cierto aislamiento?

R. Me cuesta pensar en esos términos, porque el festival está en contacto con un mundo exterior lleno de movimiento. Si es una isla, es una isla súper conectada, incluso con las personas que hacen cine aquí. Si acaso, veo ciertos síntomas de aislamiento en el papel que tiene el cine dentro de la cultura contemporánea. Me refiero al cine como forma de expresión artística. Hay un momento raro, del que no se suele hablar.

P.¿A qué se refiere?

R. El cine ahora mismo no tiene la preponderancia cultural de antaño. Desde hace tiempo sucede. Hay una brecha con respecto al cine que se produce con ambición artística y que va destinado a los festivales. De una forma voluntaria o involuntaria se ha ido generando una esfera poco comunicada, que moviliza a su público potencial en menor medida de lo que lo hacía hace diez años. Supongo que se debe a que el producto audiovisual hoy en día es muy diverso y está sobre todo en las casas, en las plataformas digitales. Lo que me preocupa es el desarrollo de la cultura fílmica y su papel en la vida cultural de la sociedad. Me temo que no es muy relevante, más allá de los fenómenos de masas. Desde esa perspectiva, el festival es consecuente. Programa lo que creemos que se tiene que programar.

P. ¿Qué es lo que se tiene que programar?

R. Eso lo dice el instinto. Ya el año pasado subrayábamos que el cine que no tiene aspiración comercial, pero sí un nicho en el circuito de festivales, tiene síntomas de un academicismo fragante por todas partes. Hacer la selección de la Sección Oficial te obliga a ver un adocenamiento de ciertas fórmulas brutal. Se repite el cine sobre minorías, en el que se rompen las fronteras entre la ficción y la no ficción...

P. Historias de anacoretas...

R. Sí, básicamente. Este año notamos un mayor peso de la narrativa, con relatos más o menos novelescos. Se trata de fenómenos sin mayor masa crítica, sin miradas extremadamente originales, pero sí honestas, eficaces e inspiradas. Por eso creo que contamos con una Sección Oficial estupenda. Pero antes hemos tenido que cardar mucho para llegar a algo que represente el estado del arte. Todo se ha acelerado mucho. Los festivales ahora también competimos con una velocidad de mercado que coge desprevenidos hasta a los distribuidores, por la presencia de las pequeñas pantallas. Ahora, para determinadas películas tenemos que tener en cuenta si negocian o lo han hecho con Netflix. Hay más actores en el mercado. Ahora nos podemos nutrir, fundamentalmente, de Berlín y Rotterdam. Nos resulta casi imposible traer películas de Locarno o Cannes del año anterior. Sería un fraude si programáramos lo que está en el mercado. Traemos cosas que están en los márgenes y que influyen en lo que está dentro del mercado.

«Sería un fraude programar lo que ya está en el mercado»

P. Hablaba antes de una isla dentro de una isla porque parece que todo va por la misma línea. No aparecen este año pequeños acontecimientos como el estreno, el año pasado, de la última película de Aki Kaurismäki que llenó todo los pases o hace años el ciclo dedicado a Atom Egoyan.

R. Para eso hace falta que Aki Kaurismäki haga películas todos los años...[risas] De lo que podíamos traer no había nada así. La película de Aki la trajimos porque el tren pasaba y estuvimos atentos y la pudimos coger. Este año no pasaban trenes así.

P. Pero tampoco en los ciclos...

R. Desde hace más de un año teníamos comprometido a un cineasta independiente espectacular. Este era su año. Cuatro meses antes, resultó que hubo un retraso en el proceso de transfer de sus primeras películas a DCP [Digital Cinema Package], que impedía que vinieran en las condiciones que tanto él como nosotros queríamos. Es un cineasta tan indie que sus primeras películas no las tiene ni siquiera en formato cinematográfico, ni en 35 milímetros. Por eso lo aplazamos. Radu Jude es un cineasta muy potente. Pero es cierto que muchos nos preguntarán: ¿quién es? Aunque es el director de Aferim!, nada menos. Es de los que ya está marcando época, aunque sea soterradamente. En otras ocasiones, hemos apostado por cineastas así y se han convertido en poco tiempo en una referencia. Veremos si Radu Jude lo consigue. Es una apuesta del festival. Este año hemos apostado por mayo del 68, porque así ponemos el foco en cuestiones que tienen mucho que ver con el estado del cine contemporáneo. Se condensaron cosas que estaban en los nuevos cines y se llegó a una nueva vanguardia, con un gran punto crítico, con un poso teórico muy fuerte. Es uno de los puntos de referencia. No es el único modelo que inspira todo lo que mostramos ahora, pero sí que planteaba cosas que quedaron interiorizados en el cine contemporáneo. De todas formas, los ciclos son un complemento. Lo importante es la Sección Oficial. Panorama, también, ya que muestra cómo han ido los últimos meses.

P. ¿Cómo cataloga la Sección Oficial de esta 18ª edición?

R. En lo básico, sigue las mismas pautas. Películas muy diversas, con presupuestos y estrategias muy variadas. Contrastan entre ellas. Predominan las cinematografías ignotas. Creo que da una imagen sensata del estado de la creación.

P. España está al margen, ya que de nuevo no hay ni una película en esa Sección Oficial.

R. A escala global pasa lo mismo. Hay países donde los festivales tienen más peso y ayudan a que salgan propuestas así. Creo también que los distribuidores están arriesgando algo más. Compran películas que antes solo ponían festivales como el nuestro. Aki Kaurismäki lo cazamos porque el estreno previsto coincidió con nuestro festival. Si lo hubiesen tenido planificado para el siguiente mes, no hubiésemos tenido nada que hacer. Teníamos varias películas previstas para este año, pero finalmente se han estrenado poco antes del festival o se retrasan hasta después del verano. También hemos perdido algunas películas porque se han decantado por otros festivales, cuyos premios son más cuantiosos. Los premios, hace años, estaban bastante equilibrados entre los festivales, pero hay algunos que sí han podido aumentarlos notablemente. Nosotros seguimos con lo que tenemos. No creo que haya un festival que exige estreno nacional, como el nuestro, y que muestro tanto, tan bueno y con tan poco. Lo logramos por una cuestión de experiencia.

P. ¿No se plantea cambiar esos condicionantes?

R. No. Eso funciona en una ciudad como Barcelona. Tenemos que mantener ese estímulo y creo que le da un picante a la Sección Oficial. Además, otorga utilidad a los premios, ya que señalan cosas, permiten que ciertos cineastas puedan pagar sus facturas y ayudan a la distribución. En ocasiones, el premio logra que un distribuidor compre la película.

«El festival tiene que crecer a nivel de promoción, pero eso cuesta dinero»

P. ¿Percibe que existe conexión entre el festival y la sociedad o aumentar y captar nuevos públicos, más allá del que ya es cautivo de esta apuesta, es casi imposible?

R. Me niego a aceptar la premisa tan propia del marketing de presuponer público e ir a por él. Hemos contribuido a producir un interés y un tipo de público. Eso está consolidado. Aspiramos a incrementarlo o ensancharlo, pero no es una cuestión de crear falsas necesidades. Hay un público que demanda lo que ofrecemos. ¿Hay otro público que demande otra cosa al festival? Lo dudo. Ahora se dispone una diversidad de oferta enorme. Nosotros acotamos mucho lo que exhibimos. Es un cine que no se ve en ningún lado. Solaparnos con las salas comerciales o las plataformas de internet sería un sinsentido. Para eso no se emplea el dinero público. Nuestra actividad creo que es más liberal. Ofrecemos algo porque creemos en ello. Vemos que ese algo tiene un público y es amplio. Creo que hay que desarrollarlo de forma natural, año a año. Donde yo percibo un corte es en la generación digital. Me preocupa, más allá del festival. Cuando imparto cursos lo que veo es que los veinteañeros consumen masivamente imágenes, también cine, a través de nuevas vías. Pero el interrogante está en el relato general sobre el cine en el que sitúan lo que ven. No tienen sentido histórico. Todo está sobre el mismo plano temporal o atemporal. No les llama ponerlo en relación con el cine anterior, que es de los años 90 para atrás. Hay un siglo de cine que no solo ignoran, sino que no les interesa. Cuando nosotros teníamos su edad, a todos no les interesaba el cine anterior, pero sí que había una conciencia de que existía. No todos los jóvenes veían Ciudadano Kane, por ejemplo. Las películas que incluimos en la Sección Oficial y Panorama las entiendes mejor si tienes un poco de conocimiento sobre la historia del cine. Si no, te parecen cosas extrañas que vienen de lugares remotos.

P. El divertimento, la acepción festivalera la pone este año de nuevo la música, ¿no es así?

R. Sobre todo la noche con la música. Pero también tenemos La Noche más Freak y la proyección de Moju (Blind Beast), un clásico del género de Eroguro, que nos ha pedido que pongamos Jesús Palacios. Entronca con la vertiente más transgresora de la cultura japonesa. Es una película inviable a día de hoy. Momentos festivos de cine también hay, pero el público los tiene que descubrir. Después está el MMF y las Monkey Nights, que es una actividad del Paper Club con actuaciones de grupos muy interesantes para animar la noche.

P. Sé que se debe a una cuestión presupuestaria, pero no hay forma de que quien pise la ciudad se entere de que se está celebrando un festival de cine...

R. Es que eso es caro [risas].

P. Si el festival, tal y como ha prometido la concejala Encarna Galván, crece cada año presupuestariamente. ¿Se destinará ese aumento a esta laguna o a la programación?

R. La programación no hace falta que se incremente. Sería disparatado. Necesitamos más promoción. Convertir la ciudad en un espacio más movido y tener una mayor promoción exterior. Es conocido en el circuito pero hacen falta cosas con un mayor impacto. Eso cuesta dinero.

P. La promoción local también.

R. Sí, pero es que es un apartado muy caro. Hay que duplicar el presupuesto de promoción.

P. ¿Echa en falta más apoyo de otras instituciones?

R. Sí y privado. Hay que ver qué valoran las instituciones públicas de un evento cultural. Falta como mínimo perspectiva, visión a largo plazo. También otras muchas cosas y que cada uno saque sus conclusiones. Por supuesto, sentido del riesgo. Con la crisis se impuso una nefasta visión de que la cultura era un lujo y que había que sostener en términos mercantiles, siempre con retorno. Si así fuera, no tendríamos ni museos ni infraestructuras culturales mínimas. Eso solo es sostenible donde hay una elite económica más poderosa y culta. No es un modelo que me contente tampoco, pero lo que pasa es que no es viable. Es más difícil volver rentable socialmente un festival barato que uno caro. Con el segundo puedes promocionar más y dinamizar mejor la ciudad. No me refiero al glamour. Podemos traer gente muy interesante que dinamice todo, pero no nos lo podemos permitir.