Carey Mulligan. /

Carey Mulligan.

Los Oscar devuelven la magia a la alfombra roja

La elegancia de Carey Mulligan, Amanda Seyfried, Margot Robbie y Laura Pausini destaca entre estilismos de escotes pronunciados y grandes aberturas

Gloria Salgado
GLORIA SALGADO Madrid

Ni pijamas ni pantuflas. Las conexiones desde la sala de estar en casa no tuvieron cabida en la 93ª edición de los Oscar. Una gala presencial en la que se puso punto y final a las alfombras rojas de la pandemia, en la que la comodidad del hogar restaba encanto al habitual glamur de los eventos cinematogáficos, en los que la moda tiene un papel fundamental.

Entre las primeras en llegar -y gustar- estuvo la cantante italiana Laura Pausini con un elegante Valentino Alta Costura negro de escote bardot confeccionado por Pierpaolo Piccioli, el mismo que diseñó uno de los mejores estilismos de la noche: el dos piezas de lentejuelas doradas de Carey Mulligan que vimos recientemente sobre la pasarela. Piccioli también tuvo tiempo de dar los pespuntes al atuendo de Zendaya, mucho más actual con un vestido 'cut-out' (con aberturas) en amarillo flúor, pero con el mismo resultado excepcional. Destacó también por su distinción Amanda Seyfried enfundada en un Armani Privé rojo de ensueño que rememoraba los mejores tiempos de la meca del cine.

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La cantante británica Celeste llamó la atención por el bolso de mano con forma de corazón -arterías incluidas- acorde con su peculiar estilismo de Gucci. Un 'look' perfecto para una mala de cuento a lo madrastra de 'Blancanieves' con mucho rollo. También se decantó por un Gucci su compatriota Emerald Fennell. Para su premiado debut eligió un romántico vestido estampado de gasa, con volantes y bordados.

Tiara Thomas, nominada a mejor canción original por su composición 'Fight for you', de la cinta 'Judas y el mesías negro', escogió un atrevido traje blanco a medida de chaqueta y pantalón de Jovana Louis con escote muy pronunciado y plumas en las mangas con el que acaparó todas las miradas. Al igual que Colman Domingo, actor de 'La madre del blues', que se aventuró con un esmoquin de lentejuelas completamente fucsia de Atelier Versace con el que daba el cante.

Por la alfombra también pasó Glenn Close con una suerte de casaca azul de lentejuelas de Armani Privé que se tardó tres semanas en confeccionar, sobre un pantalón morado a juego con los guantes. Casi a la par llegó Ariana DeBose, con un vestido naranja repleto de aberturas -una de las tendencias de la noche- de Atelier Versace, y Nicolette Robinson con un vestido negro de Zuhair Murad que le quedaba excesivo. El mismo efecto que causaba Viola Davis en su Alexander McQueen blanco. Sin pena ni gloria pasaron Reese Witherspoon de Dior y Halle Berry de Dolce & Gabbana.

Mucho más acertadas estuvieron Margot Robbie con un brillate Chanel de 2019, su firma de cabecera, Maria Bakalova con un vestido escotado hasta la cintura firmado por Louis Vuitton bajo la dirección creativa de Nicolas Ghesquiere. Su aguja también fue la artífice del vestido de Regina King cuyos hombros recordaban a alas de mariposa. Laura Dern, siempre fabulosa, se decantó por un Oscar de la Renta con la falda cuajada de plumas, mientras que Vanesa Kirby sorprendió con un delicado Gucci en rosa pastel.

Brad Pitt, pese a la melena descuidada, volvió a ser uno de los mejor vestidos de la noche, mientras que Joaquin Phoenix estuvo más formal de lo habitual. No como la oscarizada directora Chloé Zhao, que no parece muy amiga de los tacones y optó por unas zapatillas blancas acorde con un vestido cómodo de Hermès, que no de andar por casa.