Magma a 1.000 grados y alta emisión de gases tras 4 meses del fin de erupción

«El volcán está apagado, pero el material remanente, con un volumen y una temperatura tan alta, tardará mucho en enfriarse», insiste la directora del IGN en Canarias

EFE Santa Cruz de Tenerife

La erupción del volcán de Cumbre Vieja, en La Palma, cesó hace más de cuatro meses pero aún hay material magmático con temperaturas de hasta 1.000 grados y altas emisiones de gases en núcleos costeros como La Bombilla o Puerto Naos que impiden la vuelta a casa de los vecinos.

Vulcanólogos del Instituto Geográfico Nacional (IGN) han publicado en redes sociales una imagen de una medición de temperatura de material magmático, aún incandescente, en el cráter situado más al sur del edificio volcánico en el que se aprecia el resultado: 977 grados centígrados.

María José Blanco, directora del IGN en Canarias y portavoz del comité científico del Plan de Emergencias Volcánicas (Pevolca) durante los 84 días que duró la erupción, señala a Efe que «es normal» que haya aún valores tan altos porque hay un volumen de material magmático «enorme» que se sigue enfriando.

Con el añadido de que está recubierto de una capa que actúa como un aislante térmico, por lo que pronostica que « tardará mucho tiempo de bajar la temperatura. Años«.

De hecho, por el momento no se ha observado una disminución de las temperaturas del magma en la zona del edificio volcánico y pese a que han transcurrido cuatro meses desde el fin de la erupción.

Hay oscilaciones entre 1.050 y 950 grados en las diferentes mediciones que se han realizado, y que están «un poco gobernadas» por la distancia a la que se realizan las mismas y las características del medio, apunta Blanco.

«El volcán está apagado, pero el material remanente, con un volumen y una temperatura tan alta, tardará mucho en enfriarse«, insiste la directora del IGN en Canarias.

Además del material incandescente hay otra amenaza: las emisiones de vapor de agua y de gases, que obligan al uso de material de protección específico.

María José Blanco aclara que las zonas que se han habilitado para visitar el volcán «no se aproximan» a esos puntos «peligrosos» por temperaturas y gases, donde el suelo está «muy caliente» y se requiere el uso de calzado especial como el que emplean los bomberos.

Igual que las temperaturas en los conos tampoco se observa de momento una disminución de las emisiones de gases en puntos de la costa, adonde se desplazó la lava durante la erupción hasta verter al mar y crear las fajanas.

María José Blanco señala que todos los días el IGN registra en alguna de las estaciones de la zona de La Bombilla -el Instituto Volcanológico de Canarias, Involcan, se encarga de las mediciones en Puerto Naos- valores que superan los niveles límite de los sensores: 50.000 partes por millón.

«No hay ninguna previsión de cuándo pueden remitir las emisiones de gases», admite, y avanza que mañana se reunirá el comité científico para analizar diferentes propuestas para afinar la monitorización de los valores dada su trascendencia, pues hay cientos de personas que no pueden regresar a casa.

La idea, explica Blanco, es desplegar más puntos de medición para que «quienes toman las decisiones» en materia de protección civil dispongan de una información más pormenorizada.

¿Y por qué se dan estas altas concentraciones de gases en estos puntos?

Stavros Metetlidis, vulcanólogo del IGN, indica a Efe que probablemente antes de esta última erupción hubiera liberación de gases, como la hay desde hace años en otros puntos de la isla como en la Fuente Santa o cerca del faro de Fuencaliente.

En la dorsal de Cumbre Vieja ha habido tres erupciones en los últimos 70 años, por lo que, abunda el experto, «en toda la isla sale gas» porque hay magma que discurre bajo ella «a 10, 15 kilómetros de profundidad», que «regasifica y sube», y si los gases no encuentran «una tubería, un conducto, se cuelan entre las rocas por muchas bifurcaciones».

Su teoría sobre las altas emisiones de gases en La Bombilla y Puerto Naos es que se hayan acentuado por la aportación de magma fresco, con mayor porcentaje de CO2, y a poca profundidad, y por la fracturación del suelo provocada por la actividad sísmica asociada a la erupción.

Esto puede pasar en otros puntos «pero no medimos por el simple hecho de que nadie vive allí», indica.

Tampoco Meletlidis tiene una respuesta a la pregunta de cuándo cesarán las emisiones.

«Si fuera una piscina y quisieras saber cuánto tardará en vaciarse, mides la capacidad y el diámetro del grifo, pero con un volcán no sabes cuál es el volumen de magma que aporta ese gas», explica el vulcanólogo, quien añade que en una erupción el material que sale a la superficie es «muy poco... hay quien dice que solo es el 10%».