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Carlos Mena, con su libro y la playa de Arinaga al fondo. Juan Carlos Alonso

«Viajar está muy bien, pero uno necesita echar raíces»

Literatura ·

Carlos Mena presenta su novela 'Muerte en el Chocó', ambientada en Colombia y fruto de un viaje de más de 4 años por Latinoamérica

Gaumet Florido

Agüimes

Domingo, 25 de junio 2023, 23:17

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'Sangre que no se desborda / juventud que no se atreve / ni es sangre, ni es juventud / ni relucen, ni florecen'... Estos versos de Miguel Hernández, de su 'Llamo a la juventud', los tiene tatuados en su brazo derecho. Son como un canto a la rebeldía y al inconformismo de una persona joven que encajan casi como un guante en la personalidad que transmite Carlos Mena, la de un hombre curioso y con inquietudes que, mochila al hombro, dejó un día su carrera de Ciencias Políticas en Somosaguas (Madrid) y se echó al camino para vivir varias vidas en una.

De ese espíritu nace su primera novela, 'Muerte en el Chocó', el resultado, como él mismo dice, de un viaje de más de cuatro años a lo largo de 41.000 kilómetros por 17 países que terminó a finales de 2022, aquí, en Canarias. Salvo una primera y larga estación en Tailandia y por el Sudeste asiático, la mayoría de esa aventura, pandemia incluida, transcurrió por Latinoamérica, desde Ushuaia hasta Teotihuacán, desde Argentina hasta México. De hecho, esta obra literaria está ambientada en Colombia, quizás el país que más le marcó. Vivió al día, ganándose el sustento como podía, como cocinero, cultivando café en Colombia, construyendo casas de adobe en Bolivia o vendiendo pulseras, que fue, para él, el oficio más gratificante.

Un torrente de experiencias únicas

«Cambié mi forma de ser, de pensar y de sentir». Este es el legado que le dejó ese torrente de experiencias únicas: la convivencia en pleno desierto de Atacama; la amistad incondicional de dos perros callejeros en Chile, Checha y Chiquitín; sobrevivir a un accidente en guagua en la carretera de la muerte, en Bolivia; escapar a la ira de un comando criminal, el Vermelho, el mayor de Brasil, enrabietado tras la captura y muerte de su líder; un abordaje en marcha en plena navegación por el Amazonas y un adiós muy doloroso a un amigo que ya se hizo eterno.

«Al principio busqué tener muchas vidas». Y a fe que las tuvo. Ya más al final, en cambio, lo que le llamaba era aprender a estar solo. «Y me pasé de la raya, porque me he vuelto adicto a estar solo. Estoy muy bien solo». Se cansó de viajar y ahora necesita raíces. «Los lazos reales se pierden todo el tiempo; es un cambio constante. Me gustaba al principio, porque tenía la falsa idea de que siempre vivo el lado bueno de las cosas y antes de que se deteriore me voy, pero eso desgasta muchísimo emocionalmente». Fue una de las lecciones de vida que se trajo. «El viaje ha estado muy bien, pero también deja esas secuelas, que uno está totalmente desarraigado; no puedes hacer amistades de verdad porque te vas. Hay que echar raíces».

Se recorrió casi toda América, desde Ushuaia a México. En la foto, en el volcán Acatenango, en Guatemala.
Se recorrió casi toda América, desde Ushuaia a México. En la foto, en el volcán Acatenango, en Guatemala. Foto cedida por Carlos Mena

Y por lo pronto, siente que las tiene en Canarias, en Agüimes, de donde era su abuelo, Vicente, en cuyo homenaje se ha puesto Mena como apellido. Carlos Casado Domínguez, madrileño de ascendencia grancanaria, de 30 años, ahora viaja con la lectura. «Lo que me aportaba el viaje ahora me lo aporta la lectura», confiesa.

Ya lo hacía mientras deambulaba por esos mundos. Allí donde llegaba buscaba la literatura de referencia para empaparse de la idiosincrasia local. Ahora que guardó la mochila viaja en casa. Y entre lectura y lectura, escribe, porque, como él mismo apunta, «con toda, toda la distancia», se identifica mucho con esos escritores que lo son porque les gusta leer.

Primero se le ocurrió el título y luego empezó a hilar

'Muerte en el Chocó' se gestó en la misma Colombia, donde estuvo 8 meses. ¿Y por qué en el Chocó? Porque siempre lo tuvo claro. «Primero se me ocurre el título y luego desarrollo la historia. Se me vino a la mente lo de muerte en el Chocó y empecé a hilar».

Comenzó a escribirlo en Medellín, pero como le gusta conocer todos los lugares donde transcurre la acción, acabó también en el Chocó, «una región del Pacífico, 100% selva, la segunda o la tercera más lluviosa del planeta», donde vive una población afrodescendiente e indígena en lo que se ha convertido en un paraíso de los grupos armados. «Hay minería ilegal, hay narcotráfico, hacen barbaridades», explica.

Se topó con lo que allí llaman un paro armado, una especie de huelga, con los núcleos urbanos bloqueados por la guerrilla, por lo que demoró su estancia una semana, una ocasión única para conocer mejor a su gente y sus tradiciones. Conoció los alabaos, unos cánticos fúnebres muy sentidos, que tienen mucho de África, pero también de raíces católicas; los gualíes, también fúnebres, pero más alegres, porque están dedicados a los niños y se supone que van seguro al cielo, o el ritual del ombligado, una costumbre producto de un sincretismo afro-indígena que conecta al recién nacido con la tierra en la que nació a través de su cordón umbilical.

Carlos Mena, en plena selva del Chocó, Colombia, donde ambientó su novela.
Carlos Mena, en plena selva del Chocó, Colombia, donde ambientó su novela. Foto cedida por Carlos Mena

Editado por Diversidad Literaria

De todo esto hay en su novela, que, como bien explica Carlos, es una excusa, un instrumento, para mostrar Colombia. Incluye referencias culturales, históricas o etnográficas de fondo que aderezan la trama, una trama que su editorial, Diversidad Literaria, clasificó como de novela negra contemporánea. El libro cuenta dos historias. Por un lado, la investigación de un periodista de Bogotá que viaja al Chocó para indagar sobre el hallazgo del cadáver de un hombre del que se detalla que no tenía uniforme, lo que llamó su atención. Y por el otro, un viaje por el diario del fallecido.

Carlos Mena aspira a que el lector experimente cierta sensación contradictoria, la posibilidad de empatizar con una persona que forma parte activa de un conflicto armado. «La misma persona que comete barbaridades ha podido ser un vecino fantástico, ha sido a lo mejor el compañero de tu colegio o el profesor de tus hijos». 'Muerte en el Chocó' saca a relucir esa dualidad que tiene todo ser humano. «Esa cara que al final tenemos un poco todos pero que en un conflicto bélico se acentúa más».

La novela puede adquirirse en la Librería Vecindario, encargándola en cualquier otra o contactando con el autor por instagram (@charly_vk). Y será presentada el 9 de julio a las 12.00, en el centro de mayores de Playa de Arinaga, en Agüimes. Es la próxima estación de Carlos, pero no la última, pues tiene varios proyectos literarios en ciernes y otra aventura pendiente, cruzar el Atlántico hasta América en barco. Mientras tanto, disfruta del calor de sus raíces.

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