Estrella y su pareja Jonathan viven desde hace semanas en una de las salas del tanatorio abandonado de la Casa de la Condesa. / COBER

Dos okupas de la Casa de la Condesa rechazan irse a una vivienda temporal

El Consistorio ofreció una estancia provisional a la pareja que vive en el tanatorio abandonado para que dejasen libres las instalaciones públicas

Juan Pérez Benítez
JUAN PÉREZ BENÍTEZ Telde

Nunca es tarde si la dicha es buena. El Ayuntamiento de Telde se ha comprometido a recuperar la mejor versión de la Casa de la Condesa, una de las joyas culturales e históricas de la ciudad enterradas en basura y vandalismo durante la última década. El primer paso para su rehabilitación es sacar a las personas que ocupan ilegalmente la casona desde hace semanas, meses e incluso años, pero no va a ser tarea fácil.

Según ha podido saber este periódico, Estrella y Jonathan, una pareja de okupas que convive desde hace semanas en una de las salas del tanatorio abandonado que nunca llegó a funcionar junto a la Casa de la Condesa, han rechazado una oferta del Ayuntamiento en la que se les otorgaba la posibilidad de vivir provisionalmente en otra vivienda, mientras buscaban alguna alternativa mejor para su futuro.

Camino al desahucio

Tras la negativa, el Consistorio ha confirmado que desde el área de Servicios Sociales se está recabando información para saber si la pareja cumple los requisitos de vulnerabilidad social. Una vez se conozca su situación, la institución tendrá que valorar qué opción es mejor para emprender un desahucio por la vía judicial.

Su intención desde que se instalaron en la propiedad pública es la de quedarse durante mucho tiempo. Han invertido dinero y esfuerzo en reformas para convertir este lugar abandonado en su nuevo hogar. Ya tienen agua en el baño, cocina, un salón donde han colocado un colchón para dormir, crearon un tragaluz en la pared e incluso han decorado la fachada a su gusto poniendo una terraza y pintando todo el exterior de azul.

Cabe destacar que esta zona del tanatorio era un nido de vandalismo antes de que la policía tapiase las habitaciones contiguas. En el pasado este cuarto en el que viven sufrió varios incendios que tuvieron que ser sofocados por los bomberos. Por ello, en el interior los okupas han pintado de blanco para «iluminar y quitar el negro que tenían las paredes», explica Estrella.

Viviendo en condiciones de insalubridad

A pesar de la pintura, todavía huele a hollín al entrar en el interior del habitáculo, algo que puede ser muy perjudicial para la salud de los inquilinos. Las bases del techo, que son de madera, las paredes y el techo siguen calcinados bajo la capa de pintura.

El peligro de un incendio continúa incluso una vez que han desaparecido las llamas. Los restos de hollín (pequeñas partículas de carbono creadas por la combustión incompleta de combustibles fósiles) que aún quedan en el inmueble puede desembocar en graves consecuencias para la salud de Estrella y Jonathan si continúan exponiéndose a este.

El hollín puede entrar en el cuerpo a través de actos tan comunes como la inhalación, ingestión o a través de la piel y los ojos. Estas partículas tóxicas pueden causar problemas respiratorios, como asma, bronquitis, enfermedad cardíaca coronaria e incluso cáncer.