Vecinos al rescate de personas sinhogar

Una asociación de voluntarios garantiza el reparto de alimentos entre la población sin techo que duerme al raso en la parte alta de Las Palmas de Gran Canaria. Empezaron hace quince años pero su labor se hace más necesaria ahora, en tiempos del Covid-19 y del confinamiento, que aparta aún más a los excluidos de la sociedad

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

La realidad no se deja aprisionar por las estadísticas oficiales. En diciembre, el Ayuntamiento calculaba que había 76 personas sin hogar en la capital, pero la crisis del coronavirus ha llenado ya las más de doscientas plazas que la ciudad ha puesto a disposición de este colectivo. Para las personas sin techo que no quedan bajo el manto de la asistencia institucional, sobre todo en la parte alta de la ciudad, la iniciativa de voluntarios como los que conforman el colectivo Rescate Canarias resulta fundamental para sobrellevar las rigideces de la calle.

«Dirán lo que quieran, pero por la noche, la calle se llena de personas», lamenta José Ramón Camba, presidente de este colectivo que nació hace quince años con el adjetivo juvenil, para atender a jóvenes y sus familias, pero que ha tenido que ampliar el radio de acción a otros grupos vulnerables, como las personas sin hogar o los condenados que cumplen condena haciendo servicios para la comunidad.

Ahora sus esfuerzos están centrados en conseguir que los más pobres y las familias que no tienen recursos para afrontar una paralización de la actividad económica puedan tener comida suficiente.

Para ello, disponen de un local en la calle Obispo Servera, en la que ofrecen un servicio de comida y de reparto de alimentos. «El 90% de las personas que atendemos son gente sin hogar y también descendientes de canarios que vienen de Venezuela o de Cuba», expone Camba.

Unas 150 familias

Entre cenas y merienda, están repartiendo en estos momentos alimentos para alrededor de 150 familias y personas individuales. «El Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria nos manda a gente con carta de derivación de los servicios sociales pero no tenemos ningún tipo de ayuda institucional», señala este ciudadano. Sí reciben productos que envía el Banco de Alimentos. Con ellos, completan unas bolsas en las que incluyen también bocadillos, yogures, zumos y bebidas calientes que se preparan a diario y se entregan de cinco a seis y media de la tarde, aproximadamente. En todo caso, Camba explica que hay personas que son atendidas sin carta de derivación. «Si viene alguien con necesidades no voy a decirle que no porque no tenga el papel de los servicios sociales del Ayuntamiento», explica, «aquí lo primero es lo primero».

La labor de Rescate Canarias también es posible por los donativos y aportaciones de empresas privadas, de entidades bancarias, de familias solidarias y de su propio esfuerzo. Pero José Ramón Camba siempre tiene los brazos abiertos a cualquiera que quiera colaborar con la labor que desarrolla su organización en la parte alta de la capital grancanaria. «Pueden ponerse en contacto con nosotros a través de Facebook o bien en el teléfono 647 560 941», expone este voluntario, «ojalá que nos bloqueen el teléfono si es para ayudar a las personas que más lo necesitan».

La expansión del coronavirus y las medidas de distanciamiento impuestas por las autoridades para evitar su propagación también han variado los ritmos de trabajo de la organización no gubernamental Rescate Canarias. De hecho, el reparto de los alimentos se hace ahora con cita para evitar aglomeraciones. «Damos hora, como el médico para que no se nos presenten al mismo tiempo todas las familias a las que servimos», explica el presiente de la asociación, José Ramón Camba.

«Tenemos miedo al contagio, como cualquiera, pero aplicamos todas las medidas posibles, con guantes y mascarillas que nos ha ido trayendo la gente», explica, «decidimos mantenernos porque pensamos que en estos momentos difíciles, hay que tratar de que ellos se sientan arropados y puedan comer»..

Antes de que estallara la pandemia del Covid-19, Camba hizo un pedido de guantes para su servicio diario y con eso están tirando. Pero reconoce que tampoco les vendría mal una ayuda en forma de guantes y mascarillas para distribuirlos también entre todas las personas que duermen en la calle.