Los más vulnerables frente al coronavirus

17/03/2020

Entidades sociales y vecinales realizan un sobreesfuerzo para que las familias que no tienen capacidad de compra puedan asegurarse la alimentación. El colectivo Avesar reclama instrucciones para acometer el reparto de comida

Al margen de las colas en las cajas y de los estantes vacíos en el supermercado viven numerosas familias que ni siquiera tienen capacidad económica para afrontar una compra. Para ellos siguen funcionando, con mayor o menor fortuna, las entidades sociales que reparten alimentos.

En Jinámar, la asociación Guaxayra Aguax continúa estos días con la distribución de alimentos, algo de lo que se beneficia un total de 571 familias, más otras sesenta que se han incorporado en los últimos tiempos. «Nosotros también nos arriesgamos», explica Basilio Hernández, el presidente del colectivo vecinal, respecto al equipo de voluntarios que participa en los repartos de alimentos. «Pero no puedes decir que no a quien no tiene que comer», prosigue.

Su asociación ha podido seguir gracias a la aportación del Ayuntamiento de Telde (4.000 euros para financiar el transporte y otros 2.000 euros en compras) y del Cabildo de Gran Canaria (unos 4.000 euros en leche), así como de donaciones particulares, como la de la empresa de catering La Vaquita, hace dos semanas, que les entregó casi 500 paquetes de galletas. Sin embargo, siguen sin percibir ningún tipo de ayuda del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. «No se mojan en nada», asegura Basilio Hernández, «no nos dan ni un folio».

«Seguimos las indicaciones que marca la ley, con mascarillas, guantes y dejando un espacio de metro y medio», prosigue el representante vecinal, «llamamos a la central de la Policía Local y nos dijeron que podíamos seguir».

Más problemas está encontrando la Asociación Vecinal y Solidaria de Arenales (Avesar). Su presidente, José Antonio Silva, apunta que «hay gente con niños que no tiene nada que comer» y pone el ejemplo de una madre de tres menores que se puso en contacto con él este lunes «porque no tenía leche que darle a sus hijos». Esta circunstancia no difiere mucho de la de las 292 familias que viene atendiendo Avesar y le resulta muy dolorosa, ya que reconoce que desde su organización podrían dar respuesta inmediata a estas necesidades. «Me parte el corazón tener comida y no poder repartirla», reconoce.

Sin embargo, entiende que «sería una irresponsabilidad por mi parte poner en riesgo a nuestro beneficiarios y también a las personas que colaboran con nosotros de manera voluntaria». Por eso reclama «instrucciones» para saber «qué podemos hacer». Así las cosas, exige al Ayuntamiento capitalino información sobre «las medidas que se van a tomar» para atender no solo a personas sin recursos sino a las que se encuentran en una situación de exclusión total como «los usuarios de los comedores sociales, que es la única comida que tienen al día, y las personas sintecho, porque es un colectivo de alto riesgo y no veo bien que los tengan en la calle» donde carecen de las medidas de protección necesarias.

El presidente de Avesar explica que lleva dos noche durmiendo en la sede que la entidad tienen en Arenales, un local de 27 metros cuadrados que «no reúne condiciones de seguridad». Lo hace para evitar que algunos aprensivos se apropien de los productos acopiados.