Ángel Monagas, en el centro, junto a sus nuevos panaderos, Gustavo Cabrera y Rubén Torres. / c7

El pan moreno seguirá presente en La Isleta

Ángel Monagas garantiza la continuidad de un producto con sello familiar, pues es un «legado« de su bisabuelo, con dos nuevos panaderos

Rebeca Díaz
REBECA DÍAZ Las Palmas de Gran Canaria

Ángel Monagas es un joven emprendedor que en el año 2014 apostó por abrir una panadería en la calle Saucillo, en La Isleta, con el claro objetivo de continuar con el legado que su bisabuelo, Panchito Monagas, inició en 1925 en su negocio de la vecina Juan de la Cosa. Un establecimiento que cobró relevancia en el barrio capitalino gracias a su producto estrella, el pan moreno, que siguieron elaborando otras dos generaciones en este mismo espacio hasta su cierre, en 2001.

Pero las dificultades para encontrar «un panadero artesanal, de los de antes», que supliera los descansos de Tony Pascual, el profesional en el que venía recayendo en exclusiva el peso de la producción de este negocio «desde el 17 de enero», hizo pensar a Ángel Monagas que su sueño estaba a punto de acabar.

Así las cosas, y tras buscar sin éxito el perfil que necesitaba para su empresa tanto en las oficinas de empleo como en los centros de formación profesional, optó por hacer un llamamiento público a través de la edición impresa y digital de CANARIAS7. el pasado julio.

Exponía entonces que desde que inició su búsqueda, a principios de este 2022, habían pasado por su panadería «unos 15 panaderos» de negocios industriales que tenían dificultades a la hora de hacer pan del modo tradicional que se estila en un establecimiento que presume de trabajo artesanal y horno de piedra.

Sin embargo, añadía, ninguno respondió a las exigencias de este modo de trabajar y se veía abocado al cierre.

Toda la producción es artesanal. / Cober

Por suerte para él y para los amantes del pan moreno, la búsqueda de panadero ha acabado para el pequeño de los Monagas. «En realidad, he encontrado dos panaderos», apunta con la satisfacción de haber conseguido salvar una dificultad enorme que, además, «significa seguir el legado de mi bisabuelo».

Actitud

Ángel apunta que a raíz de la noticia publicada en este periódico le contactó Rubén Torres, un joven «de Carretería, en Moya» que «había trabajado como panadero en Arucas», y que reconoce ha puesto todo de su parte para amoldarse al modo de trabajar de la Panadería Monagas. «Ha tenido actitud y ganas», dice.

Así, comenta que ha aprovechado agosto, que es una época más floja en cuanto a producción «ya que muchos de los negocios a los que surtimos cierran por vacaciones», para formarse junto al 'panadero de cabecera' de este negocio isletero y empezar a trabajar este mes de septiembre que acaba de arrancar.

Pero además de este nuevo fichaje, que va a permitir tener más calidad de vida al Tony Pascual, Ángel comenta que necesitaba una tercera persona «de refuerzo» en su negocio.

Una necesidad que también ha podido cubrir gracias a Rubén pues este le puso en contacto con Gustavo Cabrera, un joven amigo suyo y natural de la misma localidad del norte de la isla, que se ha sumado a esta nueva etapa de su panadería.

Puestos de trabajo

Confiesa que después de muchos meses de no dormir por no saber si podría seguir levantando la persiana, ahora se toma «un respiro», pues estas nuevas incorporaciones «son gente de fiar que le ha puesto empeño».

Esto, confiesa, le va a permitir continuar respondiendo a su clientela, que es su prioridad, sin olvidar que «mantengo siete puestos de trabajo».

Pide un poco de paciencia a su clientela en esta nueva etapa

Ángel Monagas explica que mucha de su clientela se preocupó cuando salió publicado en este periódico que buscaba panadero con urgencia. La misma que ahora puede estar tranquila al saber que su demanda de pan moreno, y de los otros muchos productos artesanales que se elaboran en su establecimiento, van a seguir a su disposición. Eso sí, pide a sus clientes que tengan «un poco de paciencia» en estos primeros días de esta nueva etapa que ahora se inicia con las incorporaciones de Rubén Torres y Gustavo Cabrera, «sobre todo si notan alguna variación en la forma», porque les garantiza que el sabor y la calidad del producto no se van a ver alterados. Y es que recuerda que en este negocio todo se hace a mano, desde fuñir (plegar) la masa hasta dividirla, bolearla y levarla al horno.