La tienda de la esquina lanza un SOS

El comercio de proximidad se enfrenta a un impacto demoledor que pone en riesgo la continuidad de muchos establecimientos. Los pequeños empresarios piden a los vecinos que compren en las tienditas de los barrios.

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

Ajenos a las colas que se forman en los supermercados y amenazados por una crisis mundial ante la que su tamaño es un handicap, las tiendas del barrio se enfrentan a un futuro incierto y a una crisis que amenaza su pervivencia si los vecinos no se deciden a hacer sus compras en ellas. Su llamada de auxilio es alta y clara: «La gente debe empezar a entender que los que lo van a pasar mal son los negocios pequeños, no las cadenas de grandes supermercados, que al final van a salir ganando».

El que habla es Jonatan Ortega, que regenta, junto a Rita Cabrera, Eco-Isleta una pequeña tienda de productos ecológicos, la única de La Isleta que está certificada por el Gobierno de Canarias, situada en la calle Princesa Guayarmina. «Nosotros todavía no lo hemos notado porque esto empezó hace unas semanas, la gente había comprado y en los momentos iniciales de pánico, se llevaron más de lo normal», expone, «pero el problema lo vamos a tener cuando se prolongue la cuarentena y la gente pierda su trabajo y cobre menos».

Igual de contundente se muestra Ángel Fernández al frente de la panadería Monagas, que sigue operando al mandado de la tradición que marcó su familia en 1925, con fermentación natural, elaboración manual de cada pan y horno de piedra. «Estamos intentando sobrevivir, pero o pido ayuda al barrio o tengo que cerrar, y eso supone que cinco personas se vayan al paro y que no pueda pagar la hipoteca por el local», que está situado en la calle Saucillo y que abrió hace seis años. En su lugar, el impacto de la crisis del coronavirus se nota ya. De unos 1.500 panes que horneaba cada día, se ha quedado en solo 500. Solía repartir a supermercados, algo que se mantiene, pero ha perdido un gran volumen de negocio entre los restaurantes. «Tenía treinta clientes y me he quedado en cinco», asegura Fernández.

Las ayudas que han planteado las instituciones representan un alivio momentáneo, pero no parecen encaminadas a cortar una posible sangría de aquí a unos meses. Todo lo contrario, puede agravar las maltrechas economías de los pequeños negocios a medida que las repercusiones del parón económico vayan agravándose.

«Que el Ayuntamiento diga que va a suspender las tasas es algo, pero lo que está claro es que si el impuesto de autónomos se va a cobrar en tres meses, se va a llevar a mucha gente por delante», señala Jonatan Ortega.

«Lo único que consiguen con esto es aplazar el pago y que el pequeño empresario acumule la deuda», advierte Fernández, «no creo que esto ayude». En su opinión, sería más útil si el Estado asume gastos en casos extremos, como ha anunciado Francia, que no descarta la anulación de las cargas fiscales y cotizaciones para las empresas en dificultad. «Ahora mismo tenemos justo para pagar a proveedores, los ochocientos euros de hipoteca que el banco no paraliza porque es de autónomos y no sé si tendremos para pagar los sueldos», reconoce, «necesitamos encontrar una solución entre nuestros vecinos». En su opinión, en caso de que no haya un cambio de hábitos, «van a ocasionar que los negocios de toda la vida, que están especializados en lo suyo, acaben cerrando».

Hay que tener en cuenta, además, que este tipo de establecimientos no solo cumple una función comercial, sino que también permiten estrechar relaciones, son puntos de encuentro y afianzan estructuras de pertenencia y colectividad, tan importantes en tiempos de crisis para proveer de auxilio social a quienes más lo necesitan allí donde no llegan las redes institucionales.

«Los barrios, sin los negocios chicos, pierden mucho», reflexiona Jonatan Ortega, «la gente también viene aquí a relacionarse; es algo importante porque ayuda a articular el barrio». Por eso, desde Eco-Isleta, en Princesa Guayarmina, ya está enraizando la idea de crear una asociación empresarial que defienda los intereses y la pervivencia de los pequeños negocios, herederos modernizados de las tiendas de aceite y vinagre, de la panadería de la esquina, del estanco y de la tienda con los sacos de pejines en la entrada.

«Los negocios de barrio se tienen que organizar y que el Ayuntamiento haga algo que anime al sector», añade

El reto que tienen ante sí es formidable. Ahora falta por ver cómo reaccionan sus vecinos. Lo que está en juego es parte de la identidad de los barrios.

El llamamiento a realizar las compras en las tiendas de proximidad se ha extendido por diferentes puntos de la ciudad. Los últimos en sumarse a esta iniciativa han sido los miembros de la asociación de vecinos Siete Palmas, que acaba de poner en marcha una acción de apoyo al comercio de la zona. «Recuerda que siempre tienes al comercio de tu barrio para realizar las compras de artículos esenciales», dicen en las redes.