Guanarteme acelera su escalada al cielo

El viejo barrio cambia su configuración con una apuesta por las alturas que impulsa el Plan General de Ordenación. Once de las diecisiete operaciones de grandes edificios se concentran en sus calles. Los vecinos creen que el espacio que se obtiene en superficie no compensa la sobrepoblación

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA

Guanarteme fue un barrio que creció alongado a la marea. Constreñido por las olas, en él se arremolinan más de 24.000 vecinos en un amasijo de casas terreras y viviendas familiares. Pero el vecindario está cambiando. Impulsado por el Plan General de Ordenación (PGO), la barriada mira hacia el aire y se propone asaltar los cielos. En él, el planeamiento concentra once de las diecisiete operaciones de promoción de grandes edificios que rompen el horizonte residencial en todo el municipio. El barrio se mueve en vertical.

La reciente paralización cautelar de la obra de un edificio de once plantas en la calle Vergara es un signo de dos fuerzas antagónicas: la urbanística, que trata de ganar espacio a costa de crecer en altura y liberar suelo en un vecindario colmatado; y la de una concepción más tradicional, que se resiste a que la vieja configuración urbana acabe ensombreciendo a la casa terrera.

Guanarteme es ahora una sucesión de obras de sustitución de la vivienda familiar por el bloque de pisos. Y es también el epicentro de una transformación urbanística que llega de la mano de la figura de la actuación de dotación. Básicamente se trata de permitir una mayor edificabilidad en determinadas parcelas a cambio de la cesión de suelo público.

En el caso de la capital grancanaria, el PGO dibuja diecisiete actuaciones de dotación en el mapa municipal. De ellas, once se concentran en Guanarteme, al reclamo de la importancia que tiene la proximidad de Las Canteras y las zonas comerciales de Las Arenas y Mesa y López; dos en La Isleta; una en Santa Catalina; otra en Don Zoilo; una más en Marzagán; y la última en Casa Ayala, si bien hay que señalar que estas tres últimas apuestan por un crecimiento moderado de solo tres alturas.

Guanarteme es pasto de los rascacielos. En el barrio se han proyectado dos bloques de dieciséis plantas; uno de trece; cuatro de once alturas; dos de diez; cuatro de nueve pisos; dos de ocho; uno de siete; y otros cuatro de cinco, en las distintas actuaciones de dotación que están espolvoreadas por su fisonomía pero que se concentran básicamente en el eje que va de la plaza de América a José Sánchez Peñate, y desde la avenida de Las Canteras a la plaza de América.

De las once operaciones urbanísticas, en estos momentos están en marcha, unas más avanzadas que otras, la que está en la calle Guatemala, con trece alturas; la de Las 40 Casas, sobre las que se construirán dos bloques de nueve y diez pisos; la de Castillejos-Vergara, que prevé tres edificios con once, ocho y cinco alturas; la de plaza de América, con bloques de diez, siete y nueve pisos; y la de Castillejos-Vergara, que apuesta por las ocho alturas.

Las actuaciones de dotación permitirán una ocupación residencial de 20.636 metros cuadrados en Guanarteme a cambio de la cesión de 24.320 metros cuadrados de espacios libres y 9.963 metros cuadrados para viarios. Sobre el papel, la operación no parece lesiva, pero los vecinos que ven cambiar su viejo barrio no opinan lo mismo. Pepi González, presidenta de la asociación La Barriada, asegura que esa ganancia de espacios libres «no se nota en el barrio». Según explica, «ves las aceras más anchas y que se gana un poco de espacio para la calle pero no sirve para cubrir las necesidades que tenemos».

Además, la renovación urbanística impone un cambio de modelo de vida. «Va llegando nueva gente y lo de barrio ya no se nota tanto», expone la representante vecinal, «no tenemos dotaciones sociales y la situación de la red de saneamiento es terrible», lo que le hace albergar dudas sobre la capacidad real del barrio para recibir más población.

La efervescencia urbanística de Guanarteme no es barata. Las nuevas promociones están creciendo a un precio que ronda los 3.000 euros el metro cuadrado, aproximadamente el doble de lo que la sociedad de tasación Tinsa fija de media para Las Palmas de Gran Canaria, que es de 1.474 euros.

Estos precios están lejos todavía de los 4.550 euros por metro cuadrado que se pagan en la primera línea de la playa de Las Canteras pero más aún de barrios como La Paterna, que se quedan en 750 euros, según TecniTasa.

Lógicamente, esto se traslada también a los alquileres. «Por un piso de una habitación sola ya te piden 750 euros al mes», expone la presidenta de la asociación de vecinos La Barriada, Pepi González, «a la gente de Guanarteme la están echando y los jóvenes que se independizan acaban marchándose».

La llegada de unos 5.000 nuevos vecinos a las cerca de 2.000 viviendas proyectadas probará aún más la capacidad de resistencia de un barrio cuya densidad de población (31.000 habitantes por kilómetro cuadrado) es mayor que la de territorios como Singapur o Hong Kong.

«A ver dónde se va a meter tanto coche, que ya está ocupando las aceras para aparcar, o qué hacemos con los dos centros de salud, que están saturados», reflexiona la representante vecinal.