'Fraternidad' representa a Isabel, que echa a volar un corazón, como si fuera una pardela. Cober / Cober

Isabelita retorna a su mar

Homenaje. Una escultura sobre la piedra grande de Pozo Izquierdo recuerda a la niña de 12 años que perdió la vida en esta playa de Santa Lucía hace 62 años

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Santa Lucía de Tirajana

Viento que se llevó el viento / de un triste lamento / de un salto hacia el cielo.' Así le canta Domingo Quintana Rivero a su tía Isabelita, aquella niña de 12 años que un día de agosto de 1959 «voló con el viento» y que este viernes regresó por fin a su playa de Pozo Izquierdo para quedarse para siempre.Su recuerdo estuvo a resguardo entre los suyos durante 62 largos años, pero desde este viernes es patrimonio colectivo de este barrio y de Santa Lucía de Tirajana. Una escultura en su memoria, 'Fraternidad', corona la llamada piedra grande, el icono natural de esta bahía en el que aquella chiquilla, por un descuido, perdió su vida. La roca, y el homenaje en bronce a Isabelita, regresaron a su mar y a sus olas. Su sobrino Domingo, compositor e integrante de dos grupos, Tabaiba y Faneroque, le compuso un poema, 'Viento', y se lo cantó este viernes con varios hermanos a coro.

Fue el particular tributo que la familia le dedicó a Isabel Quintana Rodríguez para sumarse al que le organizó el Ayuntamiento, con su alcalde al frente, Santiago Rodríguez. Por la tarde, durante la marea más baja, un camión-grúa de 40 toneladas devolvió al mar la piedra grande de Pozo, una mole de 2.800 kilos en la que el escultor Víctor Navarro, trabajador municipal, incrustó una recreación en bronce de aquella pequeña, de 180 kilos, por medio de unos pivotes de acero inoxidable de 50 centímetros. Al conjunto se le sumó una cimentación que la anclará al suelo. En total, explicó un técnico municipal de Ordenación, la pieza pesa 5.700 kilos y mide 3,30 metros de alto.

El promotor de esta iniciativa fue el propio alcalde, que antes pidió permiso a la familia. Explicó este viernes que desde hace tiempo andaban ideando cómo balizar esa roca para los bañistas. Los oriundos y residentes saben muy bien dónde está, plantada casi en medio de la playa, como presidiéndola, pero cuando la marea sube, el mar la esconde y se convierte en un peligro. «Estábamos obligados a balizarla y entre las alternativas que barajamos se nos ocurrió que esta era la mejor solución: con una escultura que recordase a aquella niña, a Isabel», víctima de un accidente que marcó a los suyos para siempre, pero también al barrio. Era verano y jugaba en la playa. Se tiró al mar, no midió que la ola había pasado y se causó una grave fractura cervical que le condujo a la muerte apenas dos o tres días después, tras un paro cardiorrespiratorio.

Arriba, familiares de la homenajeada y cargos públicos de Santa Lucía tras el acto. Abajo, un momento del dispositivo, con la grúa cargando el conjunto de la piedra grande y la escultura. El conjunto pesa 5.700 kilos. Al lado, la niña Isabel, el día de su comunión (foto cedida por la familia). / Cober

El golpe fue tal que, como cuenta otro de sus sobrinos, Wichy Quintana (también del grupo Tabaiba), la familia dejó Pozo Izquierdo, a donde había llegado tiempo atrás de manos de sus bisabuelos, Antonio y Carmen, ambos de apellido Rodríguez.

Eran de Sardina, pero se hicieron una casita en la playa y bajaban cada verano con sus 8 hijos, que luego, con los años, siguieron bajando con sus proles respectivas, como hicieron José Quintana y Carmen Rodríguez, los padres de Isabelita, la mayor de tres hermanos. Los otros eran Leonardo (padre de Wichy y Domingo), y de Carmencita. Pero después de aquello todo se acabó. Ya no volvieron. Al año o dos años se compraron un terreno en Arinaga, en Agüimes, y allí acabaron. La abuela Carmen no podía vivir en la playa donde perdió a su hija, pero necesitaba estar cerca del mar.

La única hermana de Isabel que sigue viva, Carmen, con 83 años, sí estuvo ayer en Pozo. No quiso perderse un acto tan especial. «Es una alegría y es una pena», decía momentos antes de ver la pieza. «La herida no se cierra, fue muy grande, mis padres se enfermaron del disgusto». Sin embargo, Wichy cree que a su familia y a ella, que rompió a llorar al ver la escultura, les ayudará a cerrar esta «herencia emocional». Pozo Izquierdo, mientras, ganará otro atractivo. «Será un antes y un después con esta escultura en el mar», opina su alcalde. Dos placas completan la obra, una con la letra de la canción, y otra que explica qué recuerda la escultura.

A 39 metros del paseo

39 metros justos separan a la piedra grande, del paseo de Pozo. Es un icono de la playa. Siempre estuvo allí. La intentaron quitar hace unos años, pero el pueblo la reclamó. Hace un mes volvieron a quitarla, pero solo para incrustarle la escultura. Este viernes la repusieron. Ahora tendrá incluso iluminación nocturna.