Barca. Junto a la embarcación de Sandokán han aparecido algunas flores tras su muerte. / Arcadio Siárez

Sandokán, el héroe que se tiraba al mar sin pensárselo

El Puertillo llora la pérdida de Manuel Sosa, conocido por salvar de mar a centenares de personas. «Cuando me enteré, me quedó magua y tristeza»

ANDREA MENDOZA Las Palmas de Gran Canaria

Sandokán llegó a salvar la vida de más de 300 personas de las bravas mareas del norte de Gran Canaria. «Era único e increíble, le vi actuar en muchos rescates que no hacía nadie, la gente decía que estaba loco», comenta Paco Larraz, su amigo desde la infancia.

«Tenía una pasión muy grande por el mar, fue su vida. Nadie como él conocía mejor las corrientes. Su pasión por la mar le vino desde jovencito, no tenía nada que hacer y se dedicó a echar trasmallos y a vender pescado», así es como rememora Paco los inicios de Sandokán, al que «respetaba muchísimo». Al hablar de él se emociona y le vienen recuerdos a la cabeza: «Empezó a salir con una barca pequeñita y una de las primeras noches se tropezó en altamar con un barco que, al verlo solo, le pararon para preguntarle si estaba a la deriva». Y es que Sandokán era «muy atrevido, descubría cuevas y siempre me decía que cuando estuviera la marea tranquila me llevaría a verlas, lo conocía todo, era como un pescado», evoca Paco.

No olvida los numerosos rescates que le vio ejecutar: «El último que presencié fue a un padre y a su hijo un domingo a las diez de la mañana, por la zona que hay detrás de la potabilizadora». Otra de las peripecias que recuerda es cuando ambos se encontraban en un mitin político en Bañaderos: «Llegaron dos personas del sur preguntando por Sandokán porque otras dos se habían caído. Me dijo que si le acompañaba y acepté, pero solo para sacar el barco. Le tengo mucho respeto a la mar, él nunca le tuvo miedo. A las 23.00 horas salió él solo para salvarles, pero no los encontró. Volvió a tierra y a las 6.00 de la mañana salió de nuevo. Tampoco los halló».

Paco, que se dedica a la carpintería, guarda fotos de su amigo en su taller; algunas las tiene en la pared y otras guardadas en un bolso, del que saca una en donde se ve a ambos de jóvenes junto a un tiburón de cuatro metros, «el más grande que le vi coger».

Paco Larraz, amigo de la infancia de Sandokán, muestra una foto con el salvavidas de Arucas. / Arcadio Suárez

El Puertillo cuenta con un mural grande a la entrada del barrio dedicado al pescador y socorrista altruista. También una de sus calles lleva su nombre. «La placa no está en una de las vías más grandes, pero el valor es lo que importa», dice Paco mientras añade que otra de las pasiones de su gran amigo era la lucha canaria, «le encantaba ese deporte».

Música

«Este hombre que tenemos en el pueblo, que la gente no sabemos apreciar, por su simpatía, corazón y coraje, fuertes huevos pone el tío cuando sale a la mar». Esta es una de las letras que la murga La Cascarilla le dedicó en vida a Sandokán. «Nos acompañaba a todas partes», recuerda uno de los integrantes, José Manuel, mientras se encuentra en la avenida de la playa de El Puertillo. También fue su vecino durante toda la vida y confiesa que cuando se enteró de que había fallecido le quedó «magua y tristeza».

José Manuel salió en varias ocasiones a la mar con Sandokán, pero recuerda un día en concreto: «Una vez vinieron dos chicos, uno de aquí y otro de Barcelona, a sacarle fotos a los fondos marinos y me acuerdo de este caso porque me impactó muchísimo. El de Barcelona nos pedía ayuda y estaba hablando y recuerdo que otro compañero me dijo que ya estaría muerto. Cuando le subimos y le quitamos el traje, le tomaron el pulso y efectivamente ya había fallecido. No me lo creía».

No todas las personas a las que Sandokán iba a socorrer salían vivas, pero él siempre se lanzaba. En otra ocasión, «a un joven que estaba pescando le arrojó una ola por un desfiladero y gracias a Sandokán hoy sigue vivo», dice José Manuel.

«Hay que tener agallas para salir en las condiciones en las que lo hacía, vi su barca en el aire muchísimas veces, no se cómo no se mató. Lo que hizo él, no lo ha hecho nadie», indica Antonio Díaz, quien desde pequeño salía a pescar con Sandokán. «Muchos días no iba al colegio, escondíamos la maleta y nos íbamos con él a echar los trasmallos», cuenta el que también fue miembro de la murga La Cascarilla: «Íbamos a cantar a Gáldar, al Sur y él venía con nosotros. Le dedicamos una letra porque queríamos hacerle un homenaje».

Antonio Díaz conoció desde pequeño a Antonio Sosa y recuerda faltar juntos al colegio para ir a pescar. / Arcadio Suárez

Las jornadas del pescador eran siempre las mismas: «Salía por la mañana tempranito y venía después con su barco hasta con seis o siete marrajos grandes. Además, si se tenía que tirar al agua para pescarlos, lo hacía», apunta Antonio. Y cuando veía a alguien que se estaba ahogando, «salía corriendo como un león, nunca le importó si la marea estaba brava o no, siempre decía que no había que pensárselo dos veces».

Ahora, en la avenida de la playa de El Puertillo se puede ver la barca con la que salía el pescador, se encuentra tapada y con flores. «El Ayuntamiento debería de hacer algo con ella, pintarla y dejarla bonita para homenajearlo, porque lo que él hizo aquí por toda la gente no lo hace nadie», dice Antonio, a quien no le gustaría que se quedara en el olvido. Por su parte, Paco destaca que hace años habló con el alcalde y le dijo que pondrían un busto en el paseo en honor a su amigo. Algo que le encantaría porque «ha habido mucha gente en el pueblo que han salvado vidas, pero lo de Sandokán era extraordinario».