A la vasija aborigen le falta el fondo y tiene tres grietas. Destaca por las acanaladuras verticales, que son propias de la cultura de los mahos. / javier melián / acfi press

Del jardín particular al Museo Arqueológico de Fuerteventura

José Juan Soto Cabrera, notificador del Ayuntamiento de Pájara, medió para que una ciudadana sueca entregara una vasija de la cultura de los mahos encontrada en la urbanización La Pared

Catalina García
CATALINA GARCÍA Puerto del Rosario

A José Juan Soto Cabrera, notificador del Ayuntamiento de Pájara, le tocó entregar una documentación municipal a una vecina de la urbanización de La Pared. Atravesó el pequeño jardín y, cuando se disponía a tocar a la puerta, sus ojos tropezaron con una vasija entre plantas, boyas, jallos de la orilla de la mar y otros elementos decorativos. «Lo vi claro desde el primer momento: esto es una cerámica aborigen», por lo que animó a Ingrid Helena Sandberg a cederla para su exposición en el Museo Arqueológico de Fuerteventura (MAF).

Notificador municipal desde 2002, el hallazgo de la cerámica con decoraciones en acanaladuras verticales propias de la cultura de los mahos es sin duda la sorpresa mayor de estos veinte años. «Me hizo tanto ilusión como si la hubiera realmente encontrado yo».

Pero no ocurrió así. Ingrid, ciudadana sueca residente en Fuerteventura desde los años 70, paseaba con su perro cada tarde por los alrededores de su casita de la urbanización de La Pared. Una vez se traía una madera o jallo que la mar dejaba en la orilla, otras una boya, que pasaban a decorar su pequeño jardín. Un día, decidió caminar por el barranco cercano y se tropezó con el círculo de una vasija de barro sobresaliendo de la tierra. «Escarbó y logró sacar la pieza entera, salvo por tres grietas y el fondo que le faltaba», le refirió a José Juan Soto Cabrera (Pájara, 1969).

«No tuve ni que convencerla»

Como el resto de jallos, colocó la cerámica en su jardín durante años hasta que tocó en la puerta un empleado del Ayuntamiento de Pájara vestido con el uniforme azul del notificador. «No tuve ni que convencerla porque ella quería que pasara a un museo, siempre que se expusiera ala vista del público y no se guardara en los fondos. Esa era su primera y única condición».

José Juan Soto Cabrera, notificador del Ayuntamiento de Pájara, y su hija Aisha Soto Caridad, de once años. / C7

Por eso a la pieza, que ya forma parte del MAF para su custodia y protección, se le añadirán tres nombres cuando se exponga: Ingrid Helena Sandberg, como descubridora; y José Juan Soto Cabrera y su hija Aisha Soto Caridad como donantes.

Esa cerámica -que tanto llamó la atención al notificador por su manufactura y por la decoración superior- es una vasija ovoide, con borde convergente y fondo apuntado. La pasta es de tipo medio con desgrasantes minerales finos y medios, describen fuentes del Museo Arqueológico de Fuerteventura, sito en Betancuria.

La técnica de acabado es un alisado en ambas superficies. Mide 45 centímetros de alto por 36 de ancho en su parte mayor, 23 centímetros de diámetro de boca (esa que sobresalía de la tierra cuando la descubrió la ciudadana sueca en el barranco) y 110 centímetros de círculo máximo de galgo. La decoración con la acanaladura paralela al borde se sitúa a cuatro centímetros del borde, según la descripción del Museo Arqueológico.

Muy corriente en las manufacturas de los mahos

Las acanaladuras verticales -que dieron la certeza a Soto Cabrera de su procedencia aborigen- miden entre nueve y diez centímetros. La tipología de la cerámica es «muy corriente en las manufacturas de los mahos, encastrándose en la tierra, sobre todo en las áreas domésticas de las casas (de ahí su forma apuntada), con el fin de contener agua o alimentos (cereales, sebo, carne, etc.)».

La donación de la vasija de La Pared tendrá lugar el sábado en Betancuria, dentro del programa de actos por el Dia Internacional de los Museos. / javier melián / acfi press

La decoración, «con motivos muy recurrentes en las vasijas de los aborígenes», recorre todo el borde, comenzando a cuatro centímetros del labio y consiste en una línea acanalada paralela a este, de la que parten una serie de líneas verticales acanaladas paralelas entre sí que son más anchas y profundas en su inicio y más estrechas y superficiales en su final, detalla el centro museístico que presenta la pieza este sábado, 21 de mayo, dentro del programa de actos por el Día Internacional de los Museos.

El estado de la pieza es «regular», pues además de suciedad y presenta grietas importantes en su galbo, «junto a una rotura importante en su base, por lo que es necesario la intervención para evitar una mayor fragilidad y asegurar una mayor durabilidad de la pieza».

Luego, como deseaba Ingrid, se expondrá en el MAF.